Valle del Cerneja.

   Amanece un día gris y desapacible, el cielo amenaza lluvias  y aun así ascendemos en coche el puerto de los Tornos.
   No tenemos muy claro que ruta hacer, pero de seguro será  corta pues hoy toca estar pronto en casa. Apenas una hora de viaje y llegamos al mirador en lo alto del puerto. Aparcamos  y salimos del coche. Un fuerte y frío viento nos golpea de lleno. A la derecha observamos la alambrada que se pierde en la espesa niebla en las faldas del Zalama, este año casi despejadas de nieve…

   Parece mentira, el año pasado salí con raquetas desde el aparcamiento y tuve que darme la vuelta, y hoy podría hacerse la ruta sin ellas. Si hacemos caso del refrán este no será un año de bienes…
   Miramos a la izquierda y parece que el cordal del  Cañoneros tiene algo más de nieve.    Finalmente optamos por acercarnos  más a Agüera y recorrer el valle del Cerneja, después ya veremos.


   Poco antes de las 9 comenzamos a caminar junto a la carretera (N-629) dejando el coche en un área de descanso al margen de la misma. Recorremos los escasos 500 mt. de asfalto antes de desviarnos hacia la izquierda  por un estrecho sendero entre escajos que remonta paralelo a la alambrada de espinos.


   Atravesamos la cerca y pronto nos topamos con el río Cerneja. Hace frío, el viento que sopla fuerte en las cumbres que nos rodean y mueve las aspas de los aerogeneradores se apacigua y no afecta en el fondo del valle que se muestra silencioso y tranquilo.
Un camino pedregoso desciende a la izquierda, y tomamos su dirección para remontar el curso del río. 

   Cuantas veces habremos hecho este mismo recorrido en dirección contraria sobre la bicicleta… casi siempre lloviendo o con temperaturas bajo cero, pero siempre había gente dispuesta a subir al Cerneja a disfrutar, corrían otros tiempos.

Apenas hemos recorrido 1km y el paisaje del río nos obliga a parar a contemplar sus rápidos, espectaculares  con el caudal  bien nutrido por las escasas nieves y la lluvia caída durante toda la noche.


   Remontamos junto al río durante 4,5km. abandonando  el camino siempre que podemos, y recorriendo los estrechos senderos trazados junto al mismo. Cada curva, cada salto de agua se muestra espectacular. Tan solo el sonido del agua rompe el silencio absoluto del Valle del Cerneja. 


   El camino es cruzado y a veces invadido e inundado por pequeños arroyos y cascadas que descienden las empinadas  lomas en ambas orillas pobladas por espesos bosques de hayas, pinos, robles y avellanos.



   La alta humedad del sombrío valle ayuda a que proliferen los líquenes, que hacen presa de los árboles, y el musgo que viste de verde los muros de piedra que delimitan los terrenos de las escasas cabañas que se esparcen por la zona ya abandonadas, y en su mayoría en desuso o solo para refugio del ganado. No es un terreno fácil para vivir, de ahí que se muestre un valle despoblado, solitario y poco transitado.



   De vez en cuando, sonidos de animales nos alertan de su presencia, y aunque no tenemos ningún encuentro con ellos las huellas de corzos y tal vez algún lobo dejan indicios de su paso. Tan solo nos cruzamos con algunas vacas dispersas y ocultas en el espeso bosque, expectantes cuando nos acercamos.


   Si bien este margen del río se recorre fácilmente, el opuesto se muestra infranqueable por la maraña boscosa y la fuerte inclinación de sus laderas.


   El enrojecido camino a causa del mineral de hierro esparcido por el a modo de pavimento, es cruzado por un torrente de agua que desciende por la derecha, proveniente de la cumbre, buscamos entre escajos un paso más elevado  y tras un pequeño salto, descendemos de nuevo al sendero para continuar cobrando altura.




   La vegetación cede espacio a las brañas y pastizales. Llegamos a una cabaña en buen estado, conocida como el caserío del cabrero, y junto a ella continuamos hacia la Pedrosa. Frente a nosotros aparecen los molinos en la cima del Pinión, de 1.454 msnm, que continúan el parque eólico del Cañoneros.


   Nos detenemos por un momento  para observar al otro lado del río las cumbres del Ventisquero del polvo, Alto del Caballo y Picón Blanco, que apenas se distinguen cubiertas por la niebla.
   Lo que hace unos años era el accidentado, estrecho y pedregoso recorrido de una torrentera de agua, hoy continúa como ancho camino hacia la pista de los molinos de viento, para nosotros tenía su atractivo como sendero para descender en bicicleta, pero se había perdido el antiguo acceso a las cabañas. Avanzamos por el mismo con el frío viento de cara que poco a poco va ganando intensidad, a la vez que una fina capa de nieve va apareciendo en el suelo. Ahora el sonido de las aspas de los molinos nos acompaña mientras avanzamos hacia las brañas de Pinión y Cañoneros.


   Nos topamos con un cruce de caminos, donde nos desviamos a la derecha para comenzar el  retorno pero esta vez a mayor altura. Caminamos a poco más de 1060 msnm, y el frío y la fina lluvia hace presa de nosotros. A media ladera avanzamos cómodamente collado tras collado pasando sobre los arroyos que descienden la ladera y tributarán sus aguas al Cerneja en el fondo del  valle.




   En el kilómetro 9 pasamos junto a las cabañas de Fuenteprovedo adentrándonos de nuevo en los bosques de pino y agradeciendo los tramos de menor exposición al viento. La lluvia cae con más intensidad, lo que nos obliga a sacar las prendas de abrigo. Aun así resulta agradable atravesar los bosques y contemplar el paisaje, disfrutar del silencio. La ruta comienza a perder altura de forma más pronunciada y de nuevo nos topamos con un cruce.




   Tomamos el camino de la derecha, un cortafuegos que en línea recta desciende por las Matorras a lo largo de 2km. hasta llegar prácticamente a la carretera.


   Nos topamos con el Cerneja al final del ancho y pedregoso camino, y por donde iniciáramos la ruta la terminamos con los últimos pasos sobre el asfalto 3 horas y 25 minutos más tarde habiendo recorrido unos 13km.


   El Cerneja sigue su trayecto y cruza bajo la carretera. Continúa manso hacia Agüera, donde será desviado hacia el embalse de Ordunte a través del valle de Mena.

Regresamos a casa tras una ruta sin cumbre, habiendo cargado con las raquetas sin opción a utilizarlas, y haciendo frente a la intensa lluvia y el frío viento los últimos 5 km de ruta, pero satisfechos tras una ruta de inmejorables paisajes, en un entorno natural impresionante, y descubriendo lugares que, aunque ya los habíamos recorrido anteriormente sobre la bicicleta, no nos habíamos percatado de su existencia… pero sobre todo, habiendo convertido una desapacible mañana de invierno en un bonito paseo por la montaña.

Para ver al álbum de fotos completo pinchar en el enlace.

Track y datos de la ruta.




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