Trail de Ajo - Senda costera.

   A finales de Febrero participaba en la III edición del Trail de Isla en la modalidad de andarines, motivado más por acompañar a la familia y amigos que por la ruta en sí, ya que de sobras conocía la zona. Y para nada por participar en la prueba, que aunque la organización y dedicación de la gente es impresionante no va conmigo este tipo de carreras. No quiero caer en la redundancia, así que no entraré nuevamente en la temática de mi opinión personal sobre la competición en las marchas de andarines.

   Dos meses más tarde de nuevo estaba apuntado a una de estas rutas,  esta vez animado por partida doble, a María se sumaba mi padre como participante de la marcha, pero también me resultaba más atractiva la ruta ya que discurría, al igual que en Isla, por los acantilados, pero en una zona de la costa desconocida para mí.

   Así que a pesar de ser una carrera, aunque yo no me la planteo como tal, la idea de disfrutar del recorrido con la familia y descubrir  zonas nuevas compensan de sobra  los aspectos que menos me gustan de estas pruebas.

   La Trail costa de Ajo discurre por los alrededores de la localidad que le da nombre, un pequeño municipio que como los típicos pueblos de la costa Cantábrica, ve multiplicada su población en la época estival y en invierno pasa a ser una zona poco poblada y tranquila.  El núcleo urbano se encuentra alejado de la primera línea de playa, pero la extensión del municipio abarca una amplia línea de acantilados y pequeñas calas de una belleza impresionante.

   Algunos tuvimos la oportunidad de disfrutar del recorrido por partida doble. Dos semanas antes de la prueba, los organizadores propusieron una ruta de reconocimiento por lo que sería el trazado de la carrera. Aprovechando el buen tiempo de la fecha escogida acudimos a sabiendas que dos semanas después volveríamos a repetir recorrido. Pese a ello, todo un acierto ya que el día de la carrera resultó mucho más gris y complicado meteorológicamente hablando, pero gracias a ello puedo mostrar varias perspectivas del mismo recorrido.


   El domingo 24 de Abril tomábamos la salida a las 9 de la mañana del barrio del convento de Ajo recorriendo el pelotón de andarines las estrechas callejuelas desviándonos campo a través hacia el rio Campiezo, línea divisoria entre esta localidad y las de Arnuero e Isla, sitas en la otra orilla.


   Paralelos al rio continuamos por una senda herbosa hasta toparnos con un murete de piedra, aproximadamente  a 1km del inicio de la marcha un lugar llamado la cueva de las brujas.  De nuevo retomábamos la marcha por asfalto ascendiendo a la derecha para volver  a pasar frente al antiguo convento y lugar de salida.  Un rodeo al barrio para deleite de los vecinos y familiares que animaban a los participantes.  Bordeando el edificio de piedra tomamos una pista de grijo que desciende de nuevo hacia la ría. La vegetación poco a poco fue estrechando el camino hasta convertirlo en una estrecha senda, fácil para caminar y con unas vistas espectaculares de la ría.


   El numeroso grupo de caminantes, algo más de 300 participantes en esta modalidad, se fue estirando hasta convertirse en una hilera interminable de personas en fila por la orilla de la ría. Zonas rocosas se alternaban con pasos sobre  alambradas a medida que avanzamos pasando junto a pequeñas calas de agua cristalina. Parajes impresionantes para disfrutar de un día de verano lejos de las playas plagadas de gente.

   Al paso de los kilómetros, la ría aumentaba su distancia con la otra orilla. Afrontando pequeños repechos, los acantilados cobraban altura. Nos acercábamos a la desembocadura de la  ría, que toma nombre de ría de Ajo en su parte final.

   En el kilómetro 5, abandonamos el sedero para atravesar una zona urbanizada en la primera línea de costa, uno de esos atentados de la construcción contra el medio natural y tan permitido hace unos años. 

   Atravesamos entre las casas descendiendo por escaleras de hormigón y afrontando un repecho de nuevo por asfalto saliendo de la urbanización y de la carretera. Entre pinos  bordeamos el muro que nos separaba de las casas.

   Al salir de entre los árboles, el paisaje quedo despejado mostrándonos una fuerte bajada por una lisa ladera herbosa, las lluvias de los días anteriores dejaron el firme resbaladizo y las zonas más pisadas hechas un barrizal. Desde este punto podía verse el cabo de ajo,  la primera línea de rocas de los acantilados, la horadada con sus sifones, una curiosa red de cuevas labradas en la roca que en días de marejada emiten un fuerte sonido y expulsan el agua decenas de metros al aire.


   Una pena que no pudiésemos parar a disfrutar más de las vistas.
Tras un duro repecho, el trazado de la prueba nos llevaba las borde de los acantilados con dirección al faro de Ajo por la punta del Rostro. Las nubes grises amenazaban una lluvia que no terminaba de llegar mientras que la temperatura se mantenía agradable para caminar.


   En el kilómetro 7 de ruta pasábamos bajo el faro y parábamos en el primero de los avituallamientos. Las vistas de la franja costera desde este punto son impresionantes. Los grandes bloques rocosos se amontonan en el fondo de los acantilados mientras el oleaje rompe contra ellos constantemente. 



   Tras un corto descanso esperando a mi padre retomamos la marcha atravesando las praderas perdiendo altura hasta llegar a unos metros de la orilla. Por estrechos senderos de firme arenoso  recorrimos el laberinto de rocas a medida que nos acercábamos a la playa de Ajo ya a la vista.


   El descenso a la misma nos obligaba a atravesar una complicada zona de húmeda roca salvando las profundas grietas sobre pasarelas de madera dispuestas por la organización de la prueba. Un último tramo de escaleras nos dejaba ya en la arena de la playa partida en dos por el arroyo de la bandera.

   Cruzamos sobre la arena en línea recta  y comenzamos de nuevo a cobrar altura bordeando los acantilados por la ladera de los prados que mueren en la costa.
Cubríamos ya el kilómetro 10 del recorrido y comenzábamos el tramo de subida hacia Cabo Quintrés pasando primero junto a la playa Antuerta, una impresionante cala al fondo de un acantilado equipado con escaleras de madera y rodeada de rocas de suavizadas formas, y junto a Punta Urdiales, otro cabo de impresionantes paisajes costeros.


   A partir de aquí, durante algunos kilómetros nos alejamos de la primera línea de costa ascendiendo un fuerte repecho  atravesando pinares  y zona de pastos hasta el kilómetro 12,5 avituallamiento principal, justo antes de comenzar el descenso hacia Brenas, para mí el paso más complicado, duro e impresionante de todo el recorrido.
Primero por la fuerte bajada que comenzó por una suave pradera y se tornó  en un abrupto y empinado sendero  de tierra que descendía el acantilado hasta el nivel del mar.



   Bajo las impresionantes paredes verticales continuamos por la plataforma rocosa resbaladiza y pulida por el oleaje que rompía a escasos metros de la ruta, una zona de paso recóndita, difícil de descubrir de no ser por el recorrido de esta marcha.
Y por último la salida de este tramo, afrontando un complicado y caótico paso sobre las rocas caídas de los erosionados paredones tras el cual nos topamos con un corto pero durísimo repecho prácticamente vertical que terminaba atravesando un pinar y finalmente en la pista de monte que ya no abandonaríamos hasta llegar prácticamente a Ajo.


   Por dicha pista continuamos paralelos al pequeño arroyo de Vioña bajo espeso bosque, afrontando intransitables y resbaladizos barrizales de arcilla hasta el kilómetro 16, punto en el que las nubes comenzaron a descargar sobre nosotros.
A pesar de ser un sendero estrecho, sinuoso y entretenido, las condiciones del mismo hicieron de este  un tramo pesado e incómodo hasta que salimos a la carretera en el alto entre las localidades de Galizano y Ajo.

   Un último avituallamiento en este punto, en el que ni tan siquiera paramos, marcaba el comienzo de una larga y resbaladiza bajada de firme arcilloso, donde algún accidente hizo intervenir a los servicios de asistencia, dirección al barrio de la Peña, hasta llegar al arroyo de la Bandera.

   Mas asfalto y pista de grijo nos llevaban dirección Ajo por pistas forestales… poco puedo contar de esta parte de la ruta, acumular kilómetros monte a través con algunos rincones bonitos, pero monótona en definitiva.

   Por fin en el kilómetro 20 llegábamos al núcleo urbano de Ajo, desde el cual nos quedaban casi 4 km por pistas parcelarias hasta pasar bajo el arco de meta en el kilómetro 23,87.

   En mi opinión, la primera mitad del recorrido es impresionante, se pasa junto a lugares espectaculares y paisajes costeros increíbles. En pocos recorridos existe la posibilidad de transitar tan al límite de la costa, pero en contra, la segunda mitad es el precio que hay que pagar por ello.


   En cuanto a la organización, nada que criticar, de nuevo un pueblo volcado en la organización de un evento deportivo que seguro irá a más en los años sucesivos.
Lo mejor, acompañar a mi familia y animarles hasta pasar bajo el arco de meta, y como no, echamos de menos a Diego que no pudo acudir a la ruta a pesar de estar inscrito, pero se la apuntamos para mas adelante.

Las siguientes fotos son del dia del reconocimiento, a mi parecer mucho más bonitas.














Para ver el álbum completo hacer click  en el siguiente enlace:
Fotos

Track y datos de la ruta.


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Saron - Caballar Btt. Qdd Bicicantabria.

   Mes de abril, y en Cantabria un mes complicado  en cuanto a meteorología se refiere… llega la primavera con lluvias prácticamente a diario y pocos son los días de tregua que nos da.

   En mi caso tengo poca elección entre semana para disfrutar de tiempo libre, así que el fin de semana procuro aprovechar por lo menos uno de los días para salir un rato haga el tiempo que haga. Mucho o poco, la ruta es lo de menos, lo que importa es salir y disfrutar.

   El fin de semana se plantea especialmente complicado, lluvia abundante para el sábado y el domingo, aun así, si no se anula, pretendo acudir a la Qdd bicicantabria organizada para el domingo por el grupo de los 3000, por estar con la gente del foro y por conocer el monte Caballar, que a pesar de estar relativamente cerca de casa poco he rodado por esa zona.

   Parece que la locura compartida es menos locura…

   No hay sorpresas, me levanto de la cama y miro por la ventana, sigue lloviendo después de estar toda la noche tirando agua.

   Desayuno y salgo en coche hacia Sarón. Apenas 30´ de viaje y aparco junto a la estación de autobuses. Todavía es pronto, así que espero tomándome un café.

   A medida que se acerca la hora va llegando la gente. Me sorprende ver que han venido doce personas a la ruta. El día, para ser francos, no anima a salir de casa cuanto menos a andar en bicicleta.

   De todas formas  nos preparamos y nos agrupamos junto a la estación para iniciar la ruta a pesar de las dudas y la incredulidad de los organizadores. Unas instrucciones, no exentas de cachondeo, poca formalidad y buen humor, y listos para comenzar.

   Una pista peatonal ancha de grijo nos sirve para ir calentando mientras recorremos los 2,5 km prácticamente llanos que nos separan de la Penilla circulando paralelos a la carretera (N-634) bajo una lluvia ligera y persistente.

   Continuamos por pistas y carreteras secundarias hasta llegar a Argomilla de Cayon para desviarnos hacia San Román y comenzar a cobrar altura paralelos al arroyo de río Sordo.

   La pista comienza a tomar inclinación bruscamente y no tardamos en afrontar duras rampas.

   El tiempo se complica por momentos y la lluvia ligera se convierte en un fuerte chaparrón que nos deja calados hasta los huesos, lo que no hace que el grupo pierda el buen humor y las ganas de conversación.

   Entre risas y charla continuamos subiendo por pista que poco a poco se va rompiendo convirtiéndose en una zona de lastras y terreno muy roto y técnico donde pocos siguen sobre la bici, otros andando subimos el repecho. En el kilómetro 8 de ruta desembocamos de nuevo en pista ancha de grijo, en el cruce, al alcanzar el alto paramos para reagruparnos. Una espesa niebla cae sobre nosotros y la incesante lluvia acompañada de frío viento nos hace dudar sobre si continuar o no con la ruta.


   Tras unos momentos de deliberación, decidimos acortar la quedada y comenzar el camino de  regreso por el monte.


   Seguimos subiendo por pista durante 700mt y tras un corto tramo de descenso por la misma de nuevo nos detenemos. En este punto nos desviamos a la izquierda y descendemos por un sendero y por la loma herbosa del monte entre escajos y árgomas en pronunciada pendiente. Procuro no perder de vista al grupo, ya que la niebla no permite ver a mucha distancia, aunque perderse es difícil entre los gritos y las risas.



   Es curioso, pero cuando te gusta el monte, sea en la disciplina que sea, las situaciones que a otros pudieran parecerle comprometidas a ti te resulta otro motivo más para pasártelo bien, como suele decirse, de perdidos al río, y ni el frío ni la lluvia puede con el buen humor y el disfrute de la bajada.


   El descenso pronto nos deja en una zona más rota, una corta trialera con un par de escalones de roca. Tras ellos, el grupo se detiene de nuevo para juntarnos y terminar en grupo la primera parte del descenso, haciendo un quiebro a la izquierda y afrontando una última y pronunciada pendiente paralela a una alambrada y que termina en un sendero de acceso a la zona de pastos.

   Continuamos bajando por rápida pista de monte que de nuevo abandonamos para continuar perdiendo altura por una zona de desmonte, rodando por las profundas roderas y sobre los restos del talado de un eucaliptal. A medida que perdemos altura dejamos la niebla atrás para afrontar la última parte del descenso.



   El sendero se estrecha tras un par de cerradas curvas, oigo las advertencias y descendemos por una corta, pero empinadísima rampa resbaladiza y rodeada de piedras. A pesar de tener una trazada clara, es difícil seguirla por lo embarrada que está. Unos andando, otros montados, vamos llegando y de nuevo nos juntamos.

   El estrecho sendero continua cruzando un pequeño riachuelo para terminar por el propio cauce del mismo. El agua que baja por el no deja ver la profundidad de los hoyos y las piedras, así que es una zona delicada donde más de uno tiene algún susto y caída sin importancia.


   Finalmente accedemos a la carretera cruzando el río en un ensanche del mismo poco profundo.


   Llegamos de nuevo a Argomilla de Cayón tras un bucle por el Caballar de 8km, corto pero muy intenso y divertido.

   Por carretera secundaria continuamos hasta Sarón para terminar donde comenzamos la ruta con poco más de 16km.

   Tras cambiarnos de ropa y tomar algo todos juntos comienzo el regreso a casa.
   Nunca considero una ruta inacabada, la meteorología y la montaña mandan, este día no se podía hacer más, y a pesar de las inclemencias disfrutamos y lo pasamos bien. Pero si tengo pendiente hacer algo más largo por la zona para conocer un poco más el Caballar, y no dudaré en volver cuando se presente la ocasión.

   Agradecer al grupo de los 3000 el esfuerzo para organizar la ruta y sobre todo guiarnos con un día como el que tuvimos.

   A Marta por las fotos, y al resto por la agradable compañía y el buen ambiente que siempre hay en las quedadas.


Track y datos de la ruta.



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Buciero - Peña Ganzo. (Descenso atravesando el bosque)

   Parece que la primavera nos está dando lo que nos negó el otoño, viento,  lluvias y frio casi a diario. Es complicado preparar una ruta en estas condiciones. En las montañas la nieve ya no está en condiciones de tomar riesgos, y la meteorología no invita a rutas largas, pues de nadie es gusto pasar varias horas mojado y frío.

   Suerte que para estos días tenemos un comodín cerca de casa, el monte Buciero.
   Varias entradas sobre este monte delatan la multitud de posibilidades y el juego que da el Buciero, posibilidades a disfrutar en un día claro por los espectaculares paisajes desde sus picos y miradores esparcidos por los acantilados que rodean sus picos, o en días de tiempo complicado, en los que disfrutar de sus senderos húmedos y rocosos cubiertos de verdín, recorriendo los espesos y sombríos encinares cantábricos tan típicos de esta zona costera.

   Como no podía ser de otra manera, Diego me acompañaba esta mañana que, aunque en un principio arrancaba nublada y con viento suave, ya estaba anunciada como lluviosa y con caída de temperaturas.

   Como no teníamos mayor afán que dar un paseo y echar la mañana por el monte, no madrugamos demasiado. A las 9:30 me recogía Diego en casa, y a eso de las 10 comenzamos a subir al Buciero por la senda del Salticón.

"Salticon."
   Si bien, no es el acceso al monte más bonito, ya que discurre desde los primeros metros entre estrechos callejos entre pequeñas casas en la loma sur del Buciero, si es el más rápido, ya que en apenas 100mt estás caminando bajo un espeso bosque por una senda con pindios pasos rocosos remontando rápidamente altura hasta alcanzar la carretera bajo el fuerte del Mazo.


   Ya en este punto la fina lluvia caía abundantemente, así que paramos a colocarnos la ropa de agua. La idea era la de subir directamente a la cruz, o cumbre del Buciero, por esta cara del monte prácticamente en línea recta. Una loma rocosa sobre todo en su parte final con abundante vegetación de tipo bajo como árgomas y escajos, pero muy descubierta ante el fuerte viento que comenzaba a azotar acompañado de niebla baja.


   A medida que cobrábamos altura, la humedad y el frío comenzaban a hacerse notar, así que decidimos no alargar mucho la ruta, pasando junto a la cruz y dirigiéndonos a peña Ganzo sin apenas detenernos.

   A pesar de no poder disfrutar de las vistas, este tiempo deja en estos bosques estampas impresionantes, cargadas de cierta melancolía pero a su vez de una calma total. Estando a escasos kilómetros, pareces estar a horas de la civilización… A pesar del frío, merece la pena parar un momento y echar la vista atrás para disfrutar de esa imagen.


   Descendiendo unos metros, nos topamos con la señal que indicaba el estrecho sendero hacia peña Ganzo, cubierto de profundos charcos y rocas  hasta su tramo final poco antes de toparnos con la pared rocosa sobre la cual está situado el vértice Geodésico.

   Decidimos no trepar hasta el mismo y comenzamos a rodear el macizo rocoso dejando la cumbre a la izquierda, ambos sabíamos de la existencia de un sendero ,que posteriormente encontramos, para bajar de Peña Ganzo, pero decidimos continuar por lo que resultó ser un camino de cabras, en sentido literal, que nos dejó junto una cornisa a modo de refugio para el ganado.


   Sabiendo aproximadamente donde estábamos y lo que nos quedaba para salir al sendero abierto, decidimos continuar bajando monte a través, saltando rocas y peleándonos con la espesura de Laureles, Madroños y sobre todo plantas trepadoras como cortejo del espeso encinar que cubre la mayor parte de la superficie del Buciero.

   Tras pasar un rato, a momentos desesperante, lidiando con la vegetación para avanzar unos metros, por fin alcanzamos la senda que desciende directamente de Peña Ganzo. 

   Tener este dato en cuenta si decidís seguir el track facilitado a final de la entrada, ya que podéis pasar un buen rato entre “lianas” si tomáis el mismo camino para bajar.

   Ya en la senda correcta continuamos accediendo al camino que sube desde la casa de la leña recorriendo el sombrío paso formado por la densa vegetación y las paredes rocosas en la zona de la mina, dejándonos en la peña del Fraile.

   Desde aquí, bajamos bajo la abundante lluvia por el Fuerte de San Martín hasta Santoña.
   Calados hasta los huesos y con más frío que calor iniciamos el regreso a casa.

   Da igual el tiempo o la ruta, siempre da gusto si la compartes con alguien dispuesto a disfrutar de la misma.



   Diego, a quien desde aquí le deseo muchos ánimos y una pronta recuperación para que en breve esté otra vez recorriendo caminos. Un abrazo maquina!

Track y datos de la ruta.



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