Camino Lebaniego Btt. Etapa-3 (Cades - Santo Toribio.)

   Por fin la claridad del día comenzaba a iluminar la estancia y  se notaba movimiento.
   No queríamos molestar a nadie, pero ya no aguantábamos más tirados en el suelo.
   Daban las 6 de la mañana cuando nos poníamos en pié tras una noche sin pegar ojo, recogíamos e íbamos al comedor a desayunar. Para la mayoría todavía quedaban dos jornadas de viaje a pié, para nosotros  era el último día de esta aventura. Amanecía un día claro, el sol ganaba terreno a las nubes por momentos y todo hacía presagiar calor.

"Amanece en las montañas."
   Estábamos a las puertas de los picos de Europa y por delante quedaba ganar altura para descender por la “pared” del desfiladero de la Hermida y volver a subir de frente para perder altura de nuevo hacia Potes, visto así parecía bastante fácil.

"Vistas."
   Sin entretenernos demasiado nos despedimos de los compañeros de albergue que todavía no habían iniciado la marcha y comenzamos la ruta para aprovechar las horas más frescas de la mañana.

   Recorrimos los 100 mt que nos separaban de la carretera y pasando junto a la Ferrería de Cades tomamos a la derecha paralelos al río Nansa.  La carretera cobraba altura mostrándonos en el fondo del cañón el embalse de Palombera.

"Embalse de Palombera."
   A medida que avanzábamos dábamos alcance a los “caminantes” que salieron de Cades antes que nosotros e iban quedando desperdigados por el camino que se internaba en las entrañas del cañón del río Lamasón avanzando con dirección a Sobrelapeña.

"Río Lamasón."
   Las montañas, que amanecían entre la niebla, poco a poco quedaban despejadas mostrando sus cumbres iluminadas en tonos ocres. El río Lamasón, decenas de metros por debajo de nosotros marcaba el recorrido a seguir serpenteando entre las dos paredes verticales rocosas que le encauzaban montaña abajo vertiendo sus aguas en el embalse.

"Subiendo a Sobrelapeña."

   Tras siete kilómetros de suave subida nos encontrábamos con el cruce que nos desvió hacia Sobrelapeña. Un conjunto de casas a pie de carretera por la que ganábamos altura con la vista de la Iglesia de Santa María de Lamasón vigilante en lo alto de la Peña a la entrada del pueblo.

"Santa María de Lamasón."
   Paramos para quitarnos algo de ropa, necesaria al comienzo de la ruta, y reanudamos la marcha hacia Lafuente.

   Ya con el sol calentando nuestras espaldas cruzábamos este pequeño municipio de Lamasón, desierto y sumido en un ambiente resacoso por las fiestas celebradas la noche anterior.

"Iglesia de Santa Juliana, Lafuente."

"Collado de la Hoz desde Lafuente."
   Entre las casas, dejamos al margen de la carretera la iglesia de Santa Juliana, declarada bien de interés cultural.  Desde este punto parte el PR-S.4, sendero de pequeño recorrido conocido como el “Camino de Pasanéu” que atravesando el collado con el mismo nombre continúa hacia Liebana terminando en Santo Toribio tras 33km y medio. 

   Apto para hacer a pié pero por alguna razón desestimado en el recorrido del camino Lebaniego, que toma por ruta la pista asfaltada que pasando por Burió sube al Collado de la Hoz.


"Subiendo el Collado de la Hoz."

"Subiendo Collado de la Hoz."
"Día soleado."
   Nosotros, ni una ni otra, por la serpenteante carretera continuamos subiendo el puerto coronando tras 15,5 km de constante y llevadera subida desde que abandonáramos Cades.
A pesar del sol radiante, una fina neblina todavía aparecía en los altos, obligando a ponerse algo de ropa antes de comenzar el descenso.

"Subiendo Collado de la Hoz."

"Collado de la Hoz."
   A escasos 100 mt del collado, ya perdiendo altura, nos topamos con una pista aparentemente en buen estado que se desgajaba de la carretera a la izquierda y señalizada como camino Lebaniego. Tras un momento dubitativo decidimos omitir la carretera para bajar a Cicera y hacerlo por este sendero sin saber muy bien su estado, recorríamos la Cuesta de las Navas.

"Cuesta de las Navas."
   El buen estado de la misma se perdía en algunos puntos obligando a bajar cortos tramos empujando la bicicleta, más por el miedo a romper la mecánica que por el sendero en sí.

"Llegando a Cicera."
   Con precaución descendimos los 2 km y cruzamos la bonita y rustica localidad de Cicera hasta toparnos con el bar donde almorzamos de forma consistente.

   Esta localidad descolgada de las faldas del  Pico de Sobrepeña, en pleno Valle de Peñarrubia, de laberínticas, estrechas  y empinadas calles empedradas disfruta de impresionantes vistas de los picos de Europa. A simple vista se adivinan las duras condiciones de vida durante el invierno, y se entiende, en cierta manera, la despoblación que estos pueblos van sufriendo con el paso de los años. Una larga conversación con el joven, dueño del bar, nos dio otra perspectiva de lo que ocurre y el porqué de la desbandada de la juventud de estos lugares.

   Tras la larga charla y habiendo recuperado fuerzas reanudamos la ruta. Las flechas rojas nos llevaban hacia la carretera, ruta actual del camino Lebaniego que recorre la canal de Francos, mientras que nosotros buscábamos dando vueltas entre las casas el sendero PR-S3  para subir a Collado Arcedón. Finalmente, con la ayuda de unos ambles vecinos, encontramos el acceso entre las últimas casas del pueblo a dicho sendero con las antiguas marcas del trazado hacia Liébana.

"Abandonando Cicera."
   La pista fácil y practicable de hormigón pronto nos mostró su cara menos amable con las primeras y duras rampas. Animado por la señal que nos indicaba el collado a escasos 3,5 kilómetros me atreví  a intentar dando pedales este primer tramo mientras Diego lo tenía bien claro desde el principio y prefería empujar la bicicleta.

"Primeras rampas."
   Mientras algunos árboles ofrecían buena sombra, las temperaturas subían estrepitosamente bajo un sol abrasador.

"A la sombra."
   El primer kilómetro de subida nos dejaba junto a los invernales de Juntalón.  A partir de este punto las rampas se volvieron implacables y el firme de grijo suelto. La fuerte pendiente y el terreno terminaron por tirarme a la cuneta de la pista, así que continué caminando con Diego. Aun así las interminables rampas, arrastrando el notable peso del equipaje hacían de este un trabajo arduo y costoso.

"Invernales de Juntalón"
   La subida parecía eterna.

   A falta de dos kilómetros para alcanzar el collado nos quedamos sin agua en una zona demasiado lejos de todo.

   En una de las horquillas que dibujaba el camino un hilo de agua brotaba de la montaña, por suerte no pasando desapercibida. Fría y cristalina nos devolvió los ánimos para continuar.

"Fuente."

"Fuente."
   Llevábamos más de una hora subiendo y todavía no teníamos el final a la vista, decidimos tomárnoslo con calma parando a descansar en todas las sombras encontradas en el camino.

"Descansando."
   Por fin, en el kilómetro 20 de ruta, el grijo se convertía de nuevo en hormigón en los últimos metros de subida accediendo al Collado Arcedón.  Poco duró la alegría… en uno de los descansos Diego olvidó las gafas, teniendo que retroceder aproximadamente medio kilómetro para recuperarlas.

"Collado Arcedón."

"Vistas desde Collado Arcedón."
"Vistas desde Collado Arcedón."
    Salvado el contratiempo continuamos pedaleando entre cabezas de ganado y desconfiados caballos atravesando  el pastizal donde se alzaba un viejo poste con las señales indicadoras a Santo Toribio. Cruzamos la alambrada de cierre por un paso abierto y buscamos la entrada al sendero que nos llevaría perdiendo altura por la pared del desfiladero que se abría ante nosotros. Por fin, escondido entre escajos y helechos aparecía el estrecho camino que se descolgaba por la loma desde Collado Arcedón.

   Teníamos por delante 6 kilómetros y medio de interminable bajada hasta Lebeña, y rápidamente nos dimos cuenta de que el descenso tampoco iba a ser fácil. El sendero, apenas dejaba paso para una persona, el firme se mostraba cubierto de grandes piedras y se sucedían zonas comprometidas de  escalones rocosos de altura considerable.  La densa vegetación escondía una fuerte caída al borde del sendero y  el voluminoso equipaje no ayudaba en la tarea de bajar por el camino, con cierta desilusión y desdén comenzamos el descenso a pié.

"Bajando Collado Arcedón."

"Sendero."
   Poco a poco los ánimos se fueron recuperando llegando incluso a disfrutar del paseo bajo la sombra del espeso bosque y las vistas que ofrecía el recorrido. Tras 1 kilómetro esquivando y golpeando las bicicletas contra las piedras, conectamos con una senda más amplia y limpia, se trataba del ramal del sendero PR-S3 proveniente de la canal de Francos, que traía a los peregrinos de Cicera por otra ruta, y que por fin nos permitía montarnos en la bicicleta.

   Más relajados fuimos perdiendo altura tranquilamente parando de forma regular para enfriar los frenos.  Dejábamos atrás el bosque y podíamos disfrutar de las vistas del desfiladero cada vez más cerca.

"Bajada a Lebeña."
   En plena bajada nos encontramos con el cruce del Pando. Haciendo un brusco giro a la derecha accedimos al tramo final de pedregosa pista que enlazando varias horquillas encaraba el último trecho de descenso pasando junto a los invernales de Lebeña y “El Valle”.

Invernales de Lebeña."
"Vistas."
   Entre las primeras casas aparecía la fuente y abrevadero de Lebeña, que aprovechamos para cargar agua y refrescarnos. Entre las apretadas casas, las señales del “Lebaniego” nos llevaban hacia la pequeña Iglesia de Santa María.  Datada del año 924, el conjunto de iglesia y torre fueron declarados monumento de interés, y es uno de los edificios prerrománicos mejor conservados a nivel nacional.

"Torre de Santa María."

"Iglesia de Santa María, Lebeña."
   Para los peregrinos, haber llegado hasta aquí significa el principio del fin del camino.
Las posibilidades en Lebeña abarcan desde continuar por el sendero PR-S3, que paralelo a la carretera  recorre el desfiladero a cierta altura por la pared del mismo hasta Cillórigo, continuar por la propia carretera con el peligro que entraña a causa de su estrechez y abundante tráfico, o continuar por el camino Lebaniego, la más larga y exigente de las opciones…

   Alcanzábamos el medio día, y el mercurio rondaba los 35°. Es en ese momento cuando viajar en bici se convierte en pura testarudez.

   Sin pensarlo, tomamos las bicicletas y salimos a la carretera  en el cruce de Peña Ventosa, en pleno desfiladero de la Hermida, girando a la derecha y cruzando sobre el puente. A escasos 200 mt un cruce a la izquierda nos desviaba hacia Allende afrontando una dura subida de apenas 1 km hasta la entrada del pueblo por ancha carretera en buen estado.

"Dejando Lebeña atrás."
   Entre las casas, las estrechas calles de apenas metro y medio de ancho, con firme de hormigón rayado y todas ellas en pronunciada pendiente formaban un inclinado laberinto que recorríamos buscando la salida del pueblo. El firme de hormigón desaparecía junto a una estrecha senda que se alejaba del pueblo  trepando por la loma del rocoso pico de la Prada.

   Un primer tramo de apenas 200 mt nos permitió montar sobre la bicicleta, el resto de la subida se convertía en una secuencia de duras rampas en línea recta separadas por curvas que apenas ofrecían descanso y que se repetía a lo largo de dos infernales kilómetros.

"Subiendo a Cabañes."
   El resbaladizo suelo de piedra suelta calentaba la planta de los pies que resbalaban en cada paso, y la alta temperatura volvía el aire irrespirable. Aprovechando las sombras para descansar lentamente remontamos los casi 300 mt de desnivel con una pendiente continua cercana al 18% alcanzando el Collado final en el kilómetro 30 de ruta.

"Collado."
   De nuevo faltos de agua continuamos hacia Cabañes perdiendo altura brevemente por la estrecha pista de hormigón para afrontar un último y duro repecho que nos dejaba a la entrada del pueblo, junto al albergue de esta localidad. De carácter privado, este es sin duda el mejor albergue que encontramos en todo el recorrido.

   Un largo y merecido descanso, con bebidas frías y buena sombra nos ayudó a recuperar fuerzas de cara al último tramo.

   Atravesamos Cabañes, bonito pueblo enclavado en los picos de Europa, bajo el imponente pico del Cochizo, a cuya sombra se resguarda collado pelea. Tomamos la carretera que pasando junto a Pendes nos llevaría en continua bajada hacia el Valle de Cillórigo.

"Iglesia de San Juan Bautista, Cabañes."
"Bajando a Pendes."
   Enlazando con la CA-884, procedente de Colio, finalizamos el largo pero tendido descenso en la localidad de Tama.

"Bajando a Tama."
   Tomando la polvorienta senda paralela al río Deva rodamos los 3 kilómetros que nos separaban de Potes, afrontando los cortos repechos con las fuerzas ya melladas y bocanadas de aire caliente recorriendo el Valle.

"Llegando a Potes."

"Llegando a Potes."
   Rondaban las 3 de la tarde cuando llegábamos al centro de Potes, con la puerta del perdón cerrada de 1 de la tarde hasta las 4:30, decidimos parar a comer en el pueblo y descansar antes de dar por terminada la ruta en Santo Toribio.

   3 kilómetros de subida por carretera nos separaban del monasterio. Aproximadamente a las 5 de la tarde montábamos de nuevo sobre las bicicletas y tomábamos la salida de Potes hacia Fuente Dé para desviarnos 1 kilómetro después a la izquierda y comenzar a remontar altura. Al calor se sumaban las rampas en contra  endureciendo esta última parte del recorrido  hasta convertirla en una auténtica penitencia… 6 paradas a descansar bajo los árboles necesitamos antes de alcanzar la tan ansiada plaza frente al monasterio de Santo Toribio.

   Personalmente, más por finalizar como se merece la experiencia que por devoción, cruzamos bajo el apuntado arco de la puerta del perdón, solo abierta durante el año Jubilar Lebaniego (Aquel en que el 16 de Abril es domingo).

"Fin del Camino. Santo Toribio."
   Finalizada la ceremonia religiosa intentamos fallidamente pasar a ver el “Lingnum Crucis” de “teórico” acceso para el peregrino, de ello se encargó un portero trajeado que con soberbia cerró la verja. Solo nos quedaba ir a sellar la credencial y recoger nuestra “Lebaniega”.

   En la oficina de atención al peregrino, nos sellaron por última vez la credencial y nos firmaron la acreditación de peregrinos. Conversamos largo y tendido con la mujer  encargada del trámite y compartimos conclusiones de la experiencia… salimos del lugar habiendo recibido la enhorabuena, un trato amable y una visión objetiva de un camino Lebaniego que precisa de muchos cambios sobre todo en cuanto a infraestructura y servicios se refiere.

   Cansados y con la tez tostada por el sol descendimos los tres kilómetros de subida a Santo Toribio y nos dirigimos a Turieno, pueblo vecino de Potes, para pasar la noche en el camping “La Isla”.


"Camping la Isla."
   Tras montar la tienda, por fin pudimos disfrutar de una buena ducha y un merecido descanso en el remanso de paz que ofrece la terraza del bar a la vera del río Deva, recuperando fuerzas con una buena cena para celebrar el exitoso final del “camino”.

"Camping La isla, Turieno."
"Merecido descanso."
   Tres días de ruta en los que rodamos 203.5 km, (algo más si contamos las confusiones y desplazamientos fuera de ruta), más de 4.200 metros de desnivel positivo acumulados, casi la mitad en la última etapa, recorrer toda la costa cantábrica por primera línea de acantilados descubriendo rincones impresionantes, pasando por pueblos del interior que a duras penas podría señalar en un mapa y carreteras con impresionantes paisajes completamente nuevos, conocer y conversar con la gente, lugareños, peregrinos y todo ello acompañado por un amigo, Diego… solo espero que no sea una experiencia ni única ni irrepetible, pues todavía queda mucho por recorrer.


   Esta o cualquier otra travesía que implique varios días, hacen de una ruta una aventura en que lo imprevisible es la norma. Una experiencia personal impresionante y totalmente recomendable.

Para ver todas las fotos del camino Lebaniego pinchar en el enlace:

Track y datos de la ruta:


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Camino Lebaniego Btt. Etapa-2 (Santillana del Mar- Cades.)

   Sonaba el despertador a las 7 de la mañana, aunque a ninguno de los dos nos hubiese hecho falta pues llevábamos despiertos largo rato. Diego y yo coincidimos en lo mismo, hemos descansado pero de dormir… más bien poco. A pesar de disponer del albergue para nosotros solos y la comodidad de las literas no conseguimos conciliar el sueño, tal vez por el propio cansancio tras la paliza del día anterior, o los nervios de la etapa siguiente.
   Comenzamos a recoger y a prepararnos para ir a desayunar  y comenzar la segunda etapa, Santillana-Cades.

   Hoy tocaba seguir el camino de Santiago hasta San Vicente de la Barquera y por fin tomar la ruta del camino Lebaniego terminando en Cades. No sabíamos que deparaba la segunda parte de la etapa, una zona totalmente desconocida para ambos, pero esperábamos una ruta de bastante carretera asfaltada. Sumado esto a que teníamos previstos unos 60 km de ruta nos lo planteamos como una jornada de relax.
   Tras el limitado desayuno, esperábamos algo más contundente para los peregrinos, comenzamos la ruta.

   De nuevo amanecía un día nublado. Bajo la fina llovizna abandonamos el camping y nos desviamos por el sendero que, junto a la salida del mismo, dejaba atrás Santillana del Mar en suave subida por el barrio Santillana.

   A escasos 500 mt unas escaleras nos cortaban el paso. Tocaba desperezarse y cargar con las pesadas bicicletas hasta la carretera. Cruzamos sobre la CA-137 y continuamos de frente por un cruce bien marcado con las flechas amarillas del camino de Santiago.

   Continuábamos paralelos a la costa por carreteras secundarias afrontando suaves subidas y rápidas y cortas bajadas adelantando al incesante goteo de peregrinos que, como nosotros, comenzaron su etapa en Santillana del Mar.

   Apenas 4 km fueron suficientes para entrar en calor, parando junto a la Iglesia de San Pedro de Oreña para desprendernos de los chubasqueros. Reanudamos la marcha alejándonos de la costa con dirección Cigüenza.

   Esta localidad, perteneciente al municipio de Alfoz de Lloredo, posee con la Iglesia de San Martin una de las más relevantes construcciones del barroco en Cantabria, declarada monumento y bien de interés cultural. Tampoco pasan desapercibidas las enormes casonas de indianos blasonadas que se reparten a uno y otro lado de la carretera, dotando a esta pequeña localidad de relevancia y un aspecto señorial.

"Puente de Cigüenza."

"Arroyo de San Miguel."
   El bonito paso sobre el arroyo de San Miguel nos despidió hacia el Barrio de Herrería afrontando un corto pero duro repecho asfaltado. Por carretera más amplia llegamos a Cobreces donde nos desviamos hacia el monumento al peregrino junto a la bonita iglesia de San Pedro. Tras la obligada foto reanudamos la marcha y en continuo descenso nos topamos con la Playa de Luaña en Cubón.

"Monumento al peregrino."

"Monumento al peregrino."

"Cubón."

"Playa de Luaña."
   A pesar de haber recorrido en la etapa anterior kilómetros y kilómetros de costa entre acantilados y calas todavía nos sorprendíamos con los rincones que encontrábamos a nuestro paso. Sobre las pasarelas de madera abandonamos esta bella cala cobrando de nuevo altura hacia Trasierra.

"Pasarelas."
   De nuevo paralelos a la costa, seguimos la carretera  hacia el oeste con el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios cada vez más cerca. Rodeada de arboles y con vistas espectaculares de los acantilados y la ensenada de Fonfría, el santuario nos marcaba el punto donde comenzaba el corto descenso hacia la carretera.

"Un alto en el camino."
   De abundante tráfico, la CA-131, nos llevó directamente a Comillas tras un corto tramo de apenas 2 km.
   Se cumplían los 20 kilómetros de ruta, y tras el escaso desayuno, decidimos descansar y recuperar fuerzas almorzando en la plaza junto al ayuntamiento de esta bonita localidad.
   Pese a ser viernes, todo estaba repleto de turistas y autocares.

"Indicaciones en Comillas."
   Tras el descanso reanudamos la marcha. Difuso y falto de señalización, nos desviamos de nuevo del camino de Santiago tomando  la carretera secundaria paralela a la costa pasando bajo el seminario de Comillas. Aunque esta vez el recorrido se mostraba más exigente con tramos largos de subida, las vistas y la total falta de tráfico hacían que el desvío mereciera la pena.

"Vistas de la costa."
   Tras un corto descenso, la vía secundaria conectó de nuevo con la carretera (CA-131), en el puente sobre la ría de la Rabia, internándonos en el bonito parque Natural de Oyambre. Continuamos por la carretera hasta llegar al Camping playa de Oyambre, a la altura de Ceceño, donde nos desviamos a la derecha para bordear, o más bien atravesar el campo de golf.

"Oyambre."
   Por la ancha carretera, de buen firme y con vía de servicio peatonal para evitar el trafico, recorrimos el tramo de costa que nos separaba de San Vicente de la Barquera.  Un bonito trayecto a pesar de la subida de 2 kilómetros y su correspondiente bajada antes de acceder al puente de entrada a San Vicente.

"Playa de Oyambre."

"San Vicente de la Barquera."
   Las señales en forma de cruz grana hacían acto de presencia  junto a las conchas y flechas amarillas que hasta ahora nos habíamos encontrado en algunos tramos del camino.
   Aprovechamos para parar en San Vicente, tomar algo y relajarnos junto al puerto antes de alejarnos definitivamente de la costa.

   Sobre las 12 del medio día reiniciamos la marcha abandonando la ciudad, que nos dió una despedida en forma de durísimo repecho por la cuesta del camino Alto de Santiago, tomando la ruta inclinación ascendente que ya no abandonaría hasta el final del día.
   De poco tráfico, la estrecha carretera nos llevaba pasando sobre la autopista del cantábrico (A-8) hacia la Acebosa, donde nos desviamos a la derecha para continuar subiendo largo y tendido.

   A medida que cobrábamos altura ganábamos perspectiva sobre la autopista, y la costa quedaba reducida a una línea en el horizonte. Ahora la vista se dirigía a las montañas que aumentaban de tamaño y se nos presentaban al frente con sus cumbres oscurecidas por la niebla.

"Rodando hacia Gandarilla."
   Dando un rodeo, nos dirigíamos a Gandarilla pasando por las localidades de Estrada y Portillo recorriendo la solitaria y estrecha carretera secundaria que se internaba en tramos de espeso bosque y pastizales.

   Aproximadamente a las 3 de la tarde y ya sin agua llegábamos a la localidad de Gandarilla habiendo recorrido 44 de los 60 km previstos. En esta pequeña localidad, todavía municipio de San Vicente de la Barquera, rodeada de montañas y cruzada por el pequeño río que comparte nombre con el pueblo, aprovechamos para reponer agua.

"Rio Gandarilla."

"Rio Gandarilla."
   Sin haberlo planificado, es más, sin saber muy bien cómo íbamos a hacerlo, a escasos 100 mt de la fuente, al margen derecho de la carretera, nos topamos con “la Coteruca”, un restaurante, casona de Cantabria, que resultó ser todo un acierto. Además de buen precio y atención agradable, pudimos disfrutar de buena comida, tal vez demasiado para lo que nos esperaba…

   Presos de la galbana conseguimos levantarnos de la mesa para continuar con la ruta.
   Abandonamos el restaurante y cruzamos entre las desperdigadas casas a las afueras del pueblo. Una corta y rápida bajada nos llevaba hacia la Peña del Escajal observando con incredulidad el fortísimo repecho, comienzo de una larga subida  que zigzagueaba por la falda de la montaña. Con resignación comenzamos lentamente a subir haciendo eses de un lado a otro de la carretera ganando metros lentamente a la subida.

"Subiendo a Collado Bielva."
"Subiendo a Collado Bielva."
   Pequeños puentes de piedra enlazaban la carretera con el arroyo Gandarilla mientras se ampliaban las vistas del valle y pasábamos junto a las cabezas de ganado que pastaban en la loma de la montaña. Los tres primeros kilómetros de subida finalizaban en un cruce con una carretera más amplia y de mejor firme por la cual continuamos subiendo hasta alcanzar el collado de Bielva. Finalizamos la subida en el alto de la Rehoya tras desviarnos por una pista de grijo que se desgajaba a la derecha en el collado y que continuaba ganando altura un total de 5km.

"Alto de la Rehoya."
   De acceso a las torres de alta tensión que desvirtúan por completo el paisaje de la zona, la amplia pista recorría la loma y dibujaba enormes lazadas y horquillas en el descenso final a Bielva. Llegamos a esta localidad en el kilómetro 53 de ruta.

"Bielva."
   Tan fácil como descender al puente del Arrudo y cruzar sobre el Nansa para llegar a Cades habría sido terminar la etapa del día. Apenas 4 km de recorrido.
   Decidimos alargar la ruta cruzando desde Bielva hasta Camijanes pasando junto al Humilladero y pasando sobre el cañón del Nansa en Tortorio. A partir de este punto el encuentro con peregrinos del camino lebaniego fue constante.

"Rio Nansa."

"Rio Nansa."

"Paso sobre el Rio Nansa."
   El último tramo de la ruta nos llevaba hasta la bonita y cuidada localidad de Cabanzon afrontando una última subida de 2,5 km. Al margen de la amplia carretera que en rápido descenso nos llevaba a Cades, una encrucijada de señales llamó nuestra atención parando para comprobar las indicaciones.

   De “fabricación casera” aparecían unas señales diferentes “no oficiales” indicando una ruta alternativa a Cades por Otero. No sin cierta desconfianza nos animamos a seguir el recorrido resultando finalmente un acierto. Un primer tramo de pista de grijo nos llevó de paso junto a las ruinas de la Iglesia de San Pedro, de la cual apenas la fachada principal se mantiene en pié.

"Las "otras" señales."

"Iglesia de San Pedro."
   Finalmente un sendero herboso nos guió en moderado descenso hacia la pista asfaltada de acceso a Cades habiendo evitado de esta forma la carretera general, con una ruta final de 62 kilómetros recorridos y 8 horas dedicadas a ello.
   Tras pasarnos de largo el albergue, pues prácticamente pasaba desapercibido, dimos la vuelta junto a la carretera para regresar a la plaza donde se encuentra adosado a unas viejas casas de piedra.

"Descenso a Cades."
   El pequeño edificio de dos plantas resultaba acogedor en la planta superior, siendo la planta baja la menos cómoda y desaprovechada con apenas 3 camas, y como pudimos ver a lo largo de la tarde, con unas insuficientes 11 plazas totales, dos pequeñas duchas y un solo servicio.

   Nos registramos, nos duchamos y aprovechamos para visitar la bonita Ferrería restaurada, sita junto a la carretera general y cerrada al publico a esas horas,así que dimos un paseo haciendo tiempo hasta la hora de cenar. El Nansa y la Ferrería, nada más tiene Cades que ofrecer salvo sentarse en un muro mientras contemplábamos como, en un goteo constante, llegaban peregrinos  para los cuales ya no había plaza. 

  Solo se les podía dar cobijo en un trozo de suelo y una esterilla donde tumbarse, y como opciones, dormir en una posada de categoría superior o caminar 10 km hasta el albergue de la Fuente, con el lógico cabreo de los mismos.

"La Ferrería de Cades."

"La Ferrería de Cades."
   A lo largo de la tarde, pudimos conversar con el joven gerente del albergue y un familiar que le ayuda en la labor. Como siempre digo, y creo cada vez más, todas las monedas tienen dos caras y hay que ver ambas antes de posicionarse.

   Como peregrino, comprendo el cabreo tras todo el día caminando y encontrarse con un albergue que no tiene donde dormir, o lo que te ofrece no son las condiciones esperadas.

   Por otro lado, la posición de la persona encargada de un albergue pequeño, sin medios, y en el cual se tiene que encargar de la organización, la limpieza y la cocina que incluye la cena y desayuno para un número indeterminado de gente que puede variar  entre “0” y 20 personas o mas tampoco es una posición comoda.

   La mayoría de las personas terminamos amoldándonos a lo que hay, y pese a ceder nuestras camas, de forma voluntaria, a otros peregrinos y dormir en el suelo como tantos otros,  lo afrontamos  de buena gana. Al fin y al cabo estábamos donde queríamos haciendo lo que nos gusta.

   Tras una agradable cena y animada charla tras la misma, fuimos ocupando nuestro lugar para pasar la noche.

Track y datos de la ruta:




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