III Trail de Isla - Ecoparque Trasmiera.

Finales de Febrero... ya está aquí otra vez la trail ecoparque Trasmiera.

   Siempre me he apuntado a carreras, marchas de bici de montaña, carreras populares, más por el ambiente y conocer sitios nuevos que por el afán competitivo, pero también es cierto que veo innecesario ponerse un dorsal para recorrer un monte y pasar una mañana de excursión, ya no tengo esa necesidad para motivarme.

   Me molesta salir a la montaña con el tiempo justo, más aun que me impongan horarios de paso por según que sitios cuando prefiero llevar un ritmo de ruta tranquilo. Supongo que esta forma de verlo no es compartida por todos. Hoy por hoy, lo que me falta es tiempo para poder hacer todas las cosas que me gustaría.

   Entonces… ¿Por qué voy a esta marcha?, simplemente por ayudar a alguien a cumplir con uno de sus retos personales. Salvar esas barreras, casi siempre mentales, que nosotros mismos nos ponemos y que solos difícilmente llegamos a superar.

   María, con quien llevo más de 7 años casado, me propuso hace unos seis meses ir a esta ruta como andarines. No es santo de mi devoción este tipo de cosas, mas que nada por que pienso que una carrera es una carrera y una marcha es una marcha, y en esta modalidad es muy difícil marcar esa diferencia. Pero ella tenía la ilusión de ir y sobre todo de acabar. Trabajando 8 horas a jornada partida y padres a jornada completa, difícilmente podríamos entrenar, así que, con más ganas que otra cosa nos presentamos en Isla el domingo a las 8 de la mañana para recoger los dorsales comprados 3 meses antes.

   Nos acompañaba Diego, a quien agradezco el gesto, y con quien, como él dice, voy al fin del mundo.

   Tranquilamente aparcamos y recogimos la bolsa con el dorsal y algunos recuerdos de la marcha. Nos preparamos para pasar un día de lluvia, frío y viento y tranquilamente recorrimos la carretera hacia la salida del pueblo desde donde se iniciaba la ruta.

   Esperamos hasta las 9 tomando un café  y sobre el horario previsto pasábamos bajo el arco de salida. Dejamos que pasara toda la multitud con prisa y continuamos con nuestro ritmo tranquilamente.



   Por carretera, recorrimos el escaso kilómetro que nos separaba del desvío hacia el molino de mareas de Santa Olaja.  A pesar del día gris y la lluvia, la temperatura era agradable y las vistas de las marismas espectaculares.



   Como ya lo hicieran el año pasado, las puertas del molino estaban abiertas para pasar por el interior. Aprovechando las circunstancias pudimos ver la antigua y rehabilitada maquinaria del viejo molino. Continuamos por el estrecho paseo dirección a la pequeña localidad de Soano, atravesando las húmedas y resbaladizas pasarelas de madera sobre las marismas de Joyel. Al final de estas, giramos a la izquierda por la ancha senda hasta el pueblo.

   En Soano, nos desviamos a la derecha, hacia la carretera que une Castillo e Isla, y continuamos por las campas paralelas a la misma dirección Castillo. En esta zona, con la humedad y el suelo ya muy pisado, se habían formado grandes barrizales que a duras penas conseguimos esquivar.

   Al salir de las campas, cruzamos la carretera continuando por un sendero, que a los pies del monte Cincho, cruza hacia la localidad de Castillo. A la salida del mismo, de nuevo cruzamos la carretera, esta vez la CA-141, que recorre la costa dirección Santander.

   Al otro lado nos esperaba el primero de los avituallamientos líquidos, y el comienzo de la primera de las subidas de la jornada. Un corto repecho embarrado nos encaraba hacia una pradera ladeada y resbaladiza donde ayudamos a algunos participantes en “apuros”. Es cierto que no es una ruta de alta montaña, pero el firme tampoco estaba para ir en playeras.




   En continua ascensión seguimos por pista de desmonte alternando con algún estrecho sendero hasta llegar al “alto” del monte que separa las localidades de Arnuero y Castillo o Meruelo. 

   El circuito marcado, nos guiaba haciendo “eses” por los eucaliptales a la vez que descendíamos hacia el Barrio de San Pedro en la localidad de Castillo, pasando junto al campo de fútbol y el colegio de esta localidad. 



   Se sucedían los continuos repechos y empinadas bajadas embarradas con patinazos y alguna que otra caída. Parecía más una carrera de obstáculos que una ruta de montaña. Aun así estábamos disfrutando del día, charlando y disfrutando del recorrido.

   De nuevo nos tocaba remontar altura por la loma del monte afrontando duros repechos, quizá esta era la zona más embarrada de todo el circuito, a medida que nos acercábamos a San Miguel de Meruelo. Este año la organización añadió alguna que otra “trampa” al circuito que endurecía bastante el recorrido, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones del terreno.  

   Cumbreando el pequeño monte de 253mt de altura, por pista ancha, pasábamos sobre la localidad de Arnuero dejándola a nuestra derecha, una zona para disfrutar de unas bonitas vistas de esta localidad y más al fondo  de la costa de Isla y Ajo.



   Ya en el kilómetro 8 de ruta comenzamos a descender hacia el pueblo accediendo por pista más ancha y limpia a la carretera que de nuevo cruzamos, esta vez en dirección contraria. La multitud que se vuelca con la prueba, se congrega en estos puntos para ver pasar a amigos y familiares.
Un bonito y corto recorrido entre rocas y disperso bosque, pasando por el Barrio Palacio ya en Arnuero, nos dejó a los pies del monte Cincho.



   El rocoso y húmedo sendero nos llevaba ascendiendo hacia la cumbre. Este monte es completamente distinto. Si anteriormente recorríamos pistas abiertas en eucaliptales de explotación forestal, el monte cincho, es una modesta loma cubierta por espeso bosque del encinar Cantábrico tan típico de esta zona como en la sierra de Mijedo y el monte Buciero de Santoña.

   Este terreno, mucho más técnico y entretenido nos dejaba en el punto más alto del monte, encumbrado por un mirador en forma de torre y una cruz de madera en su parte más alta.

   No en esta ocasión, pero si he podido disfrutar de las vistas desde allí arriba en otras rutas por el monte Cincho y merece la pena perder un momento en subir y contemplar la costa desde la torre.

   Animados por el pitero y el tambor que amenizaban la carrera, comenzamos el descenso del monte por la cara opuesta. Primero por sendero estrecho y poco técnico, que se convertía en más peligroso y rocoso en su parte final antes de llegar a la campa que nos deja en la maraña de carreteras parcelarias que recorren la zona de la Mies.

   Aquí, pudimos disfrutar de un café caliente, los ánimos de la familia y nuestra hija, que con solo tres años, ya empieza a mostrar su afición por las caminatas, algo que intentamos inculcar desde pequeña.

   Continuas paradas a saludar a amigos y familiares, nos llevaron a “tener” que hacer el tramo hasta la iglesia de Isla, aproximadamente en el kilómetro 14, a toda prisa para pasar el “corte” impuesto por la organización. Sinceramente, creo que el cierre de control es demasiado ajustado para una ruta de andarines, teniendo en cuenta toda la gente que dejamos por detrás. Cierto es que nos lo tomamos con tranquilidad, pero si te apuntas a andar es a lo que se va.  

   Un avituallamiento muy completo nos esperaba en este punto, poco se puede reprochar a la organización de la carrera. La señalización de la prueba y la asistencia de la misma a mi entender, son más que aceptables.



   Sin mucha demora continuamos el recorrido, ya compartido con los corredores, y que nos hacía descender a la ría de Castellano cruzando grandes barrizales.

   Paralelos a la ria continuamos hasta la playa de la Arena de Isla, primero por pista ancha y limpia, por asfalto y campo a través en el tramo final en el kilómetro 19.



A partir de aquí, para mi gusto, comienza la parte más bonita e interesante de toda la ruta, la zona de los acantilados. Este año, la organización de la carrera, decidió endurecer el recorrido variándolo en este punto dando un pequeño rodeo por los alrededores del camping, añadiendo una subida más en este punto. 

   A mí me resultó interesante, más que nada por haber conocido algunos senderos por la zona de cara a futuras rutas, pero encontramos varios corredores y andarines con calambres pasándolo realmente mal.

   Bordeando el camping, ascendimos por la loma derecha pasando junto a la casa que la encumbra, para desviarnos en este punto hacia la costa y descender de nuevo por un estrecho sedero que se interna en el espeso bosque entre la vegetación y las rocas hasta acceder de nuevo a primera línea de costa, este tramo de sendero,era desconocido para mi, y me pareció un tramo realmente bonito y entretenido.



   Ahora, tocaba seguir el sendero balizado de los acantilados hasta Isla, con frío viento racheado que en esta zona expuesta de la costa azotaba fuertemente.



   La senda del Ecoparque Trasmiera, recorre el borde de los acantilados pasando por la caseta de observación de aves, en el kilómetro 21,5. Un repecho por una fuerte pendiente encordada nos dejaba en el punto más alto del tramo de acantilados.




   Da igual el tiempo que haga, las vistas de este paseo son espectaculares.





   Una vez superado este tramo, continuamos por la senda costera hasta cabo Quejo, última de las subidas del día, y lo que llaman en la marcha el kilómetro de la muerte, en este punto, señalizado como tal, paramos a hacernos la foto con el curioso cartel de la organización.



   Desde el alto, tan solo una bajada a isla bordeando el camping y por fin terminar la ruta en el aparcamiento del centro de esta localidad con poco más de 25km y casi 6 horas de ruta.



   Una buena mañana disfrutando con la familia y amigos a pesar del tiempo. Como ruta… prefiero algo más montañero, pero disfrutamos igualmente. Como experiencia, resulta curioso ver cómo la gente lucha por llegar antes unos que otros “andando”. Pienso que para competir existe la modalidad carrera, aunque también entiendo que la competitividad está en la naturaleza humana, en unos más que en otros, y en ciertas personas es tan desmedida que les lleva a hacer cosas que, cuanto menos, podrían describirse de poco elegantes como pudimos comprobar… en fin, cada uno sabrá. 

   Pero lo que no concibo es que habiendo pasado solo los andarines por el circuito, el mismo esté "adornado" por papeles de geles y chocolatinas, demuestra más bien poco respeto por los lugares por los que estás pasando. Tal vez, a algunos, las ganas de “ganar” en una carrera sin premios, le nublan el sentido común.

   Un diez a la organización de la prueba, cada año se superan, eso queda latente en que cada vez es más difícil adquirir dorsal para participar, se agradece un trato de esta calidad. 


   En cuanto al recorrido, creo que han sabido sacarle el máximo partido a los rincones que guarda esta zona de la región Cántabra, y aunque no se presta mucho para una carrera de este tipo, el paso por los acantilados merece la pena.

   Doy la enhorabuena a Maria, por haber conseguido lo que pretendía, aunque siempre lo hace, soportando viento y frío, muchos en estas condiciones ni siquiera se atreven a calzarse las botas. Como suele decirse, reto conseguido! Ahora a por otro...





Para ver el álbum de fotos pinchar en el enlace.Fotos

Track y datos de la ruta:


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Veinte - Collados del Ason.

   Hay rutas que son recordadas por anécdotas sucedidas en el transcurso de las mismas, otras que lo son por los lugares por los que te llevan o por los méritos conseguidos en ellas.

   Hace tiempo leí sobre los “defectos perfectos”, esos rasgos característicos propios que nos alejan de la perfección, pero a la vez nos confieren la personalidad y marcan la diferencia entre unos y otros.
   Y tal vez eso es lo que define a esta ruta, unas condiciones idóneas, una elección tal vez demasiado atrevida, y una serie de errores que nos llevaron a hacer una de las rutas más duras, exigentes y sobre todo bonitas que hemos hecho en los collados del Ason, para mí una ruta perfecta y que recordaré durante mucho tiempo.

   Esta vez parecía que si… la nieve era suficiente y el frío la mantenía en las montañas a pesar de la lluvia caída y el sol que venía de cara al fin de semana. Lo teníamos bastante claro desde primeros de semana, el martes Diego y un servidor concretamos para subir al monte el domingo.

   Estrenábamos las raquetas de nieve, ni Diego ni yo habíamos caminado nunca con ellas, pero aún con esas la ruta elegida fue subir al Veinte y al Pizarras saliendo desde los collados del Ason, picos también desconocidos para nosotros. Tal vez si conociésemos de antemano la ruta hubiésemos escogido algo más asequible para esta primera toma de contacto con las raquetas, pero seguro que entonces habría sido bastante diferente.



   A las 8 de la mañana recogía a Diego en Colindres y salíamos hacia Arredondo, antes de las 9 estábamos en el aparcamiento de costumbre, junto a la carretera del puerto del Ason. Es curioso que a pesar del frio había bastantes más coches de lo que estamos acostumbrados normalmente en esta zona. Se ve que los montañeros estaban ya deseosos de pisar nieve.


   Cargamos las raquetas en las mochilas y comenzamos a caminar hacia el alto de la Posadía. A medida que tomábamos altura, las campas y los tejados de las cabañas se cubrían de blanco. Los campanarios y los Castros quedaban también cubiertos en parte por la nieve. El polje de Brenavinto mostraba una estampa espectacular. Tapado por el manto blanco que a primeras horas de la mañana destellaba con los rayos del sol, y el estrecho riachuelo serpenteaba por el fondo del valle intentando abrirse paso en zonas cubiertas por una capa de hielo que ni los bastones eran capaces de romper.


   Cruzamos el valle atravesando las campas delimitadas por los muros de piedra de las cabañas que se esparcen por el fondo del mismo, regresando a la senda al final del llano de Brenavinto.


   Tomando altura pasamos junto a la cabaña de Brena Román, en este punto caminar ya resultaba difícil sin usar crampones a causa del hielo, así que decidimos ponernos ya las raquetas antes de comenzar a subir hacia Valle.


   Continuamos por el sendero que sube hacia el Llano desviándonos en el cruce donde se señaliza el “sendero de Ondojón” tomando la dirección contraria. Esta zona, sombría y fría recorriendo la falda norte de Picón del fraile se alternaban zonas de nieve blanda con otras heladas donde las raquetas apenas se hundían provocando cierta inestabilidad en las pisadas. 


   A medida que avanzábamos el sendero balizado (PR S-74)  se internaba en el bosque a la vez que la loma tomaba inclinación. La senda, pisada ya por raquetas de rutas el día anterior desapareció de repente bajo un caos de nieve y árboles caídos, evidente señal de avalancha la noche anterior y de que éramos los primeros en pasar por esa ruta ese día.  Vigilando lo que teníamos sobre nuestras cabezas y lo que se abría bajo nuestros pies avanzamos hasta retomar de nuevo el sendero.


   Sin más complicaciones llegamos a el Valle, dejándolo a nuestra derecha continuamos de frente por el sendero hasta llegar a las Cabañas bajo mota la fuente en constante y exigente subida.


   La imponente pared vertical del Picón del fraile a nuestra izquierda y la interminable y blanca loma recientemente marcada por los esquís de travesía descendiendo del Pizarras de frente nos hizo sentir pequeños ante tal inmensidad.


   El sol nos pegaba ya de lleno, a la vez que una suave brisa que variaba de temperatura constantemente nos acompañaba a medida que tomábamos altura por Bustalveinte.


   Viendo las marcas de los esquiadores, decidimos subir directamente a la cumbre, en lugar de bordear por lo que sería la ruta “normal” (accediendo a la cima por el cordal de la Vaga). La fuerte pendiente nos fue limando las fuerzas a medida que nos acercábamos al final. Por fin, tras una corta charla con el único montañero que vimos en este pico, remontamos el ultimo repecho que nos dejó a 1.511mt de atura junto al buzón del Veinte, prácticamente habíamos tardado una hora en subir la ladera. 




   En la cumbre un fortísimo y frío viento norte hizo descender en picado las temperaturas.
   Poco pudimos disfrutar de la impresionante silueta del Picón del fraile, Pico la Miel y Castro Valnera justo frente a nosotros.


   Tras abrigarnos rápidamente y las fotos en la cumbre comenzamos a descender cresteando hacia los cuernos de la Vaga. La imponente caída hacia el Valle del Miera a nuestra izquierda contrastaba con la ladera suavizada por la nieve a la derecha, de la que solo nos separaba un par de metros de caída con una cornisa de nieve que inspiraba poca confianza.


   Llevábamos ya unas cuatro horas de ruta, y las fuerzas comenzaban a escasear, el fuerte viento terminó por declinarnos a no subir al Pizarras (1.474mt.) así que buscando el resguardo del mismo comenzamos a descender por la loma derecha.

   La idea, era descender por el canal de la Colladía al fondo del Valle para remontar de nuevo por el PR. Pero un error de cálculo nos dejó en tierra de nadie, a media altura entre el valle y el sendero de acceso a las cabañas anteriormente recorrido.

   Sin darnos cuenta nos encontrabamos en una encerrona al borde de una caída de 20mt y una trepada de otro tanto al sendero. Con las fuerzas justas decidimos remontar entre los árboles y asegurar por la ruta “conocida”. (Tener este dato en cuenta ya que este error puede ser peligroso si se sigue el track abajo indicado.)


   Por fin, conseguimos llegar a una zona segura donde parar a comer y recuperar fuerzas. Tras un rato de descanso, continuamos por el sendero anteriormente recorrido y descendimos al Valle. En lugar de bordear por la Gandarilla, subimos directamente a Monte Llusías, para descender por el collado de los Lobos a Brenalengua.


   Bajamos a Brenavinto y nos quitamos las raquetas después de 5 horas caminando con ellas.
   De nuevo, ascendimos el alto de la Posadía y recorrimos el pesado y largo tramo de pista que separa el mismo del aparcamiento de los collados del Ason.

   Al final, llegamos al coche tras 7 horas de ruta casi 19km recorridos y cerca de 1100mt positivos.

   A pesar de las condiciones, poder caminar sobre la nieve y el hielo, soportando el fuerte viento helado o el deslumbrante sol en la ladera blanca, realmente te hacen sentir como parte de la montaña, se te olvida prácticamente que no es tu medio habitual y las preocupaciones que traías cuando llegaste.

   Puede decirse que la montaña, cambia los posibles problemas por peligros reales ante los que reaccionar  mientras tu mente queda en blanco.



   Recomiendo no seguir el track de esta ruta, entre otras cosas porque la hicimos con nieve y raquetas, es posible que hayamos pasado por lugares que en circunstancias normales haya que bordear, añadiendo el complicado paso del barranco de la Colladía.

   Sin duda alguna, con todos los errores  y las circunstancias de la ruta, es la mas bonita de todas cuantas he hecho de momento.

Para ver todas las fotos pinchar en el enlace.

Track y datos de la ruta.



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Pico Miravalles desde San Mamés - Btt

   Parecía que nunca iba a llegar, pero el invierno por fin se ha instalado y con fuerza nos ha traído las tan necesarias lluvias y la, de momento, escasa nieve en las cumbres.
Se acerca el fin de semana y parece que, por lo menos el sábado, el agua nos va a dar una tregua.

   Si no dispongo de mucho tiempo, como es el caso,  prefiero salir con la bicicleta de montaña. Esta me permite hacer rutas algo más largas y disfrutar de diferentes paisajes.
   Amanece un día despejado, hace frío a primeras horas de la mañana, temperaturas que apenas subirán unos grados durante el día y se ve un ambiente limpio, las cumbres de la vega de Pas y Asón se distingen nítidamente como si apenas un par de kilómetros nos separaran de ellas.


   Cojo la bicicleta y sin rumbo fijo salgo pedaleando hacia la zona de la costa. Días como hoy se prestan a recorrer los acantilados o bordear la playa para disfrutar de las vistas.     Salgo de San Mames y atravieso la localidad de Castillo por los barrios interiores buscando las carreteras secundarias y evitar el tráfico de la carretera general. Un comienzo de ruta que permite ir entrando en calor ya que se llanea y baja prácticamente hasta la villa de Noja.

   Por las pistas del barrio de San Pedro, bajo hasta la ermita de San Pantaleón donde la pista secundaria muere en la carretera general. Apenas 200mt me separan de la rotonda de acceso a Noja. Como casi siempre, en la misma, tomo la pista asfaltada que continua paralela a la carretera llevándome al barrio del Carmen ya en el municipio de Noja. Girando a la derecha continúo hacia el brusco. Poco a poco voy entrando en calor y cambio de planes, es lo bueno de estas rutas, el mismo viaje te permite recorrer tanto la costa como disfrutar del monte.


   Por la carretera de Barbijos llego al cruce con la carretera de acceso a la playa de Helgeras, giro a la derecha y a pocos metros está la pista que comienza  a subir hacia la sierra de Mijedo a mano izquierda. Ahora este acceso está bien señalizado. Las pistas de este monte están siendo marcadas y desbrozadas, recuperándose muchos senderos antes perdidos. Desde unos años a ahora, este monte ha dado un cambio radical convirtiéndose en una bonita zona para disfrutar del senderismo y el trail, no tanto de la bici de montaña, ya que en su mayor parte se recorren estrechos senderos en algunos casos técnicamente complicados.


   La subida comienza con fuertes rampas de hormigón rayado que pronto pasan a ser pista de grijo, fácil pero de mucha inclinación en la que una pedalada en falso implica bajarse de la bici.

   Los primeros 500mt hasta la que llaman la casa verde, como punto de referencia, se hacen muy duros llegando en este punto a un cruce de caminos.

   Ambas pistas ascienden hacia el Brusco, la derecha más directamente y la izquierda, de pendiente menos pronunciada y bordeando el monte. Tomo la segunda y continúo cobrando altura por la senda cubierta de hierba y profundas rodadas. Esta cara del monte da al Norte, siendo por lo tanto más sombría, fría y húmeda, encontrándome por ello con algún que otro barrizal y zonas resbaladizas.


   En el kilómetro 9 de ruta la pista comienza a girar por la loma del Mijedo hacia la derecha, lugar en el que nos topamos con otro cruce. Tomo el desvío a la izquierda.
El sendero se estrecha a medida que comienza a perder altura e internarse en la espesura. La corta bajada se torna en un duro repecho de subida que atraviesa un frondoso encinar característico de los montes costeros de esta zona.


   Tras algún paso técnico, se accede a una mole caliza bajo la cual pasa el sendero. Se trata de la cumbre del pico de Miravalles, una de las tres principales que conforman la sierra de Mijedo con unos 213mt de altura.




   Desde aquí, un enrevesado descenso entre árboles y helechos termina en la campa de Fontcabrera, un pequeño descampado entre el Miravalles y Cueto cabrero.


   Ya con la hora justa, decido descender hacia la playa de Helgueras por la pista de la izquierda, de nuevo por la cara norte del monte, una empinada y ancha pista que con la humedad de estos días está especialmente resbaladiza.




   Al final de la misma, pasando junto a las ruinas de una cabaña abandonada, se accede a la pista del Paseo del Brusco que discurre paralela a la playa.


   Comienzo ya el camino de regreso pasando junto a la Ermita de San Nicolás, y por la carretera de Helgueras continuo dirección Castillo pasando junto a las marismas Victoria. En este punto merece la pena detenerse a contemplar las vistas de las marismas densamente poblada de aves marinas y vegetación.


   De nuevo, evito la circulación en la medida de lo posible para llegar a San mamés y finalizar la ruta  con algo menos de 19km y aproximadamente dos horas de recorrido.

   Recalcar de esta ruta que no es ciclable una vez que te internas en los senderos. Salirse de la pista que Bordea el Brusco puede resultar peligroso. Sí en cambio la recomiendo para hacerla andando, ya que resulta entretenida y no excesivamente dura, eso sí, tomando la salida desde la villa de Noja.



   Aunque no se trate de una ruta larga, estos recorridos permiten disfrutar del monte y la tranquilidad de la naturaleza cuando apenas disponemos de tiempo.

Track y datos de la ruta.


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