Galizano -Cueva de Cucabrera y Playa de Galizano.

   El paisaje de Cantabria abarca desde las montañas más altas del interior, cumbres que permanecen nevadas hasta bien avanzada la primavera y en ocasiones el verano, a los impresionantes valles que surcan la comunidad hacia el cantábrico y como colofón los acantilados y playas de arena fina en su recortada costa.


    En apenas 1 hora de viaje en coche pasamos de un extremo  a otro disfrutando de las diferentes versiones de esta comunidad, esa es su otra gran virtud, las distancias aquí son cortas. Pese a ello ruta tras ruta aparecen rincones pintorescos que nunca dejan de sorprendernos y es que, como reza el eslogan, Cantabria es o al menos, parece infinita.

   Hoy, más que una ruta planteamos una visita a uno de estos lugares, la cueva de Cucabrera.

   Esta pequeña cueva se esconde en la pared rocosa que se desploma sobre el mar en la Punta Cucabrera, en la costa de Galizano junto  a su playa homónima.

   Para acceder a este rincón existen varias alternativas, nosotros partimos del aparcamiento que da acceso a la playa de Galizano tomando a la izquierda  y nos descolgamos paralelos al mismo hacia el pequeño río Herrera. Dejamos atrás las casas y girando de nuevo a la izquierda descendemos sobre asfalto hacia el Barranco de la Colina bajo la sombra de los sauces alojados a ambos lados de la carretera.


"Barranco de la Colina."

"Barranco de la Colina."
   Un estrecho puente da comienzo a la cuesta que remonta atravesando los eucaliptales hacia Bos de San Miguel, dejando entrever la panorámica que se alcanza sobre la pequeña playa de Galizano que queda a nuestra izquierda. Tras un par de esforzadas rampas el camino continúa perdiendo altura y finalmente la carretera muere en una explanada despejada, ahora sí, con amplias vistas de la playa y la costa hasta la capital santanderina.


"Playa de Galizano."

"Bos de San Miguel."
   El camino de tierra continúa paralelo a la línea de acantilados que poco a poco cobran altura y traza una horquilla apareciendo a la izquierda sendas mesas y bancos de madera. Nos descolgamos hacia estas por el estrecho sendero y enlazamos con el paso hacia los acantilados.


"Acceso a la cueva de Cucabrera."

"Acceso a la playa de Cucabrera."
   Las impresionantes panorámicas del cantábrico que se abren ante nosotros eclipsan lo que queda a nuestras espaldas. 


"Punta Cucabrera."

"Vistas de la Costa."
   Dos pequeñas galerías se internan en la roca unas decenas de metros. La de la izquierda, más estrecha y profunda penetra en el suelo quedando reducida a un pequeño túnel sin salida, la de la derecha, algo más amplia, choca contra un muro vertical abriéndose en el techo un pequeño tragaluz a modo de chimenea.


"Cueva de Cucabrera."

"Cueva de Cucabrera."
   Ambas están equipadas con mesas y bancos desde principios de los años sesenta, punto de reunión de los vecinos, siendo estos los que realizaron la propia obra de acondicionamiento.

   Hoy sirve de refugio a las cabras que esparcen los excrementos por su guarida y las mesas ceden ante el paso del tiempo, las inclemencias y algún que otro vándalo, y reposan derribadas en el suelo.  En la pared un cirio alumbra a la imagen de la virgen, señal de que todavía  hay quien se preocupa del mantenimiento de la cueva.

   Fuera, las olas rompen con fuerza a unos metros bajo nosotros y las vistas alcanzan hasta el lejano Cabo Mayor.

   Esta cueva ha recuperado su apariencia natural, siendo demolida la plataforma que hacía de mirador allá por 2006 siguiendo las ordenanzas de la demarcación territorial de Costas  pese a la disconformidad de los vecinos que ven o veían y no sin razón, en la cueva de Cucabrera un atractivo punto turístico.


"Sendero costero."

"Sendero costero."
   Tras la visita continuamos la ruta siguiendo el camino costero afrontando un duro repecho y seguimos entre árgomas, escajos y los restos de un pinar quemado remontando hacia la Llomba. Haciendo un quiebro comenzamos el sinuoso camino de regreso internándonos en el Eucaliptal esquivando algún paso embarrado. 


"Sendero de la Llomba."
   Varios senderos se desvían a la izquierda, todos ellos hacia el Alto del Castillo, nosotros continuamos sin abandonar el camino que poco a poco comienza a perder de nuevo altura y nos regresa a Bos de San Miguel.


"Bajando a Bos de San Miguel."
   Existe un plan de restauración ambiental del entorno de Cucabrera plantando encinas y repoblando el bosque, sin duda alguna una buena iniciativa si finalmente se lleva a cabo pues la zona bien lo merece.


"Sendero a la playa de Galizano."
   Recuperado el camino y para evitar regresar por el mismo trayecto cruzamos y nos internamos en el sendero que desciende directamente a la playa de Galizano. El camino se va estrechando hasta convertirse en una grieta entre rocas antes de llegar a la arena. 


"Playa de Galizano."
   La mejor opción es descalzarse, pues bien con marea alta o baja hay que cruzar el río Herrera que atraviesa la playa. Aprovechamos el buen tiempo para pasear y disfrutar de este rincón costero rodeado de extensos prados dedicados a la ganadería y acantilados, un entorno que otorga a esta playa un carácter salvaje y agreste, por lo menos fuera de la época estival, algo inusual en esta zona de veraneo.


"Playa de Galizano."

"Playa de Galizano."
   Tras inspeccionar las cuevas y rocas que se esparcen bordeando la playa continuamos por el camino pavimentado que nos devuelve al punto donde comenzamos el paseo.
Un recorrido corto y sencillo con espectaculares vistas de la costa en un ambiente tranquilo y alejado de  la aglomeración de gente.


"Playa de Galizano."
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Valle del Cerneja II.

   Entrando en la provincia de Burgos por el puerto de los Tornos, el acceso más oriental a la comunidad de Castilla y León desde Cantabria, dejamos al margen de la carretera antes de llegar a la localidad de Agüera el pequeño Valle del río Cerneja.

"Valle del Cerneja."
   En las últimas curvas antes de entrar en la Merindad de Montija, encontramos un área de descanso bajo la ladera de los Chorlitos. Uno de los puntos para aparcar el coche al margen de la vía N-629. Hemos de retroceder unos metros caminando por el estrecho arcén extremando precauciones por el abundante tráfico, incluyendo el paso de camiones, pero pronto encontraremos a la derecha el desvío hacia el valle.
  
"Paso hacia el río Cerneja."
   Remontando levemente nos internamos en el pinar que se extiende por la ladera sur del pico Cañoneros. El Cerneja en primavera es un torrente alimentado por las lluvias y el deshielo de las cumbres del Cañoneros y Ventisquero del Polvo, cumbres que se acercan e incluso superan los 1300 metros de altitud aunque no lo aparenten por sus suaves lomas y domadas por las amplias pistas que las recorren para dar acceso a los parques eólicos que las encumbran.

"Río Cerneja."
   Las condiciones en esta zona son duras, ventiscas y bajas temperaturas actúan en el valle durante todo el invierno, tan solo la profundidad del valle del Cerneja ofrece algo de abrigo ante los fuertes vientos que se estrellan contra las aspas de los molinos.

   Pero en estas rutas no se mira hacia las alturas ni se contemplan picos espectaculares, todo lo contrario, las cumbres disfrutan de las bellas panorámicas de los valles, el de Soba al Norte y el del Cerneja al Sur.

"Salto de agua en el Cerneja."
   Accediendo a orillas del Cerneja encontramos el salto de agua que amansa el torrente antes cruzar bajo la carretera y legar parte de sus aguas al embalse de Ordunte kilómetros más abajo en el valle de Mena, y que posteriormente serán encauzadas hacia Bilbao. 

"Río Cerneja."

"Río Cerneja."
   La senda es cómoda, actualmente “empedrada” con mineral rojizo, pero el verdadero espectáculo se encuentra a orillas del río caminando junto a la alambrada que no tarda en desaparecer y dejarnos paso libre.

   Junto al camino crecen robles y hayas entre las cuales pasta libre el ganado mientras que en la otra orilla,en la cara norte, se extiende un bosque infranqueable de hayas en una empinada ladera donde se puede distinguir un estrecho sendero que desaparece en la espesura y reaparece metros más adelante. Laderas en las que se oculta el lobo que poco a poco va recuperando terreno en esta región.

"Río Cerneja."

"Río Cerneja."

"Ladera Norte del Valle."
   Seguimos el cauce del río por el estrecho sendero que lo acompaña, a veces trochas abiertas por el ganado que bordean turberas y pastizales y nos dan acceso al tumulto inagotable de pozas, saltos de agua y grandes rocas alisadas por la erosión a modo de terrazas donde parar a disfrutar del murmullo del agua o incluso jugársela vadeando el Cerneja.


"Sendero junto al río."
    Entre paradas, idas y venidas por los senderos, improvisar algún tramo y almorzar a orillas del Cerneja la mañana se nos echa encima y comenzamos el camino de regreso, recorriendo en nuestro caso, poco más de 5 kilómetros.

"Cascada."

"Camino del Valle de Cerneja."
   Varias son las opciones, desde una ruta circular pasando por las partes altas de la cabecera del valle o accediendo a las cumbres más próximas (ver ruta), hasta rutas de ida y vuelta por el fondo del valle de mayor o menor distancia. Pero el Cerneja invita a hacerlo lento, sin prisas y disfrutando de cada rincón de este pedazo del paisaje pirenaico escondido en el norte de Burgos.

"Valle del Cerneja."
   Un paseo llano, para disfrutar en familia, sin perdida ni peligro alguno atravesando uno de los valles más despoblados, solitarios y vellos de la región.


"Río Cerneja."
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Quisicedo-Puentedey-Ojo Guareña (GR-1) Btt.

   Son las 9:30 de la mañana y aunque el sol hace ya un rato que calienta las calles de Quisicedo apenas consigue subir la temperatura de los 0°.


   Ya estamos listos para salir. Nos montamos en la bicicleta y nos dejamos caer frente a la bolera carretera abajo hacia la fuente sita en plena curva. Entre las casas nos desviamos por las estrechas callejuelas hacia la ermita del Arrañal y tomamos el sendero que nos aleja de esta localidad perteneciente a la Merindad de Sotoscueva a medio camino entre Espinosa de los Monteros y Pedrosa de Valdeporres.


"Traslaisa."
   El amplio camino vecinal nos lleva con dirección Este hacia Traslaisa, rodando bajo los escarpes de la meseta del Cornejo. Un corto tramo de bajada nos deja junto a una cerca que nos corta el paso. Atravesamos el cierre y continuamos bordeando un terreno de pasto donde la hierba continúa todavía congelada tras la helada nocturna. Avanzamos acercándonos al arroyo de San Miguel, accediendo a su orilla tras salvar una nueva portilla.


"Cruzando alambradas."

"Arroyo de San Miguel."
   El camino aparece ahora más marcado y cambiando de dirección se interna en el sombrío cañón del rio Trema  por el paso de Pereita atravesando el denso bosque de ribera que acompaña el cauce del río. El trazado se desdibuja  entre los pedregales de canto rodado, arboles caídos durante las crecidas del invierno y zonas pantanosas algunas todavía inundadas. 


"Camino junto al rio Trema."

"Llegando a cueva Cornejo."
   En un remanso del río, donde ambas orillas se aproximan  en una curva de la carretera BU-562, accedemos a un tramo dotado de pasarelas de madera rodando  junto a la cueva Cornejo. Una de las entradas a los más de 100 kilómetros de galerías que se esconden en el complejo kárstico de Ojo Guareña. La entrada no está permitida aunque es accesible. 

   Un simple vistazo desde el mirador es suficiente para percatarse del peligro que entraña aventurarse por este paso hacia las entrañas de la montaña.


"Cueva Cornejo."


"Cueva Cornejo."
   Continuamos la marcha afrontando un tramo de porteo ascendiendo duros repechos y cobrando altura sobre el río Trema por un estrecho camino que nos eleva hacia la Portilla. Alcanzado el alto el camino se ensancha y enlaza con un amplio sendero pedregoso que nos permite descender a la localidad de Cornejo.

   A la vera del río, del cual solo queda un lecho lleno de blancos cantos rodados, avanzamos sobre la pista de hormigón entre las casas accediendo a la estrecha carretera del Barrio de la Portilla. Una leve subida nos aleja del núcleo urbano.


"Alejándonos de Cornejo."
   A la salida de Cornejo tomamos una amplia pista de grava desviándonos a la derecha de la carretera  que nos lleva bordeando la ladera del cerro de la Mesa afrontando una subida tendida y llevadera de poco más de 1,5 kilómetros. En suave descenso alcanzamos la localidad de Butrera, donde nos descolgamos por sus estrechas calles buscando el paso dirección Este por la red de estrechas vías secundarias a cuyo margen queda la Iglesia de Santa María.


"Llegando a Butrera."

"Iglesia de Santa María."
   No tardamos en llegar al puente sobre el río Trema, acompañado ahora por el canal que desvía sus aguas hacia el molino de Butrera, hoy convertido en un centro rural usado como albergue en un emplazamiento natural de gran belleza y sobre todo tranquilidad.


"Río Trema."
   El puente nos deja en la carretera BU-562. Rodando por esta unos 2 kilómetros continuamos hasta la localidad de Torme. El valle continúa inmerso en la niebla y las temperaturas caen de nuevo en picado. Torme nos recibe con el salto del río junto a la carretera y su pequeña iglesia nos da la bienvenida mientras avanzamos hacia la plaza mayor. La rodeamos y nos internamos entre las casas hasta toparnos con los galones rojo y blanco señalizando  el GR-1.


"Llegando a Torme."
   Este trazado de gran recorrido comienza en Gerona, en la costa Mediterránea y busca junto a la ruta pirenaica (GR-11) primero y compartiendo tramo con el camino de Santiago después, alcanzar el Atlántico en Finisterre. Su recorrido atravesando importantes lugares durante la edad media le otorga el valor de “recorrido histórico”.

   Entramos en contacto con el GR-1 sobre la senda herbosa que nos lleva envueltos en niebla bordeando  bastos terrenos de cultivo hasta la localidad de Villanueva la Blanca. 


"GR-1 dirección Villanueva la Blanca."
   Atravesamos el pequeño pueblo  y el camino se convierte en una ancha pista pedregosa que nos eleva con un fuerte repecho primero y una larga y tendida cuesta a continuación durante 3 kilómetros por el camino del Rebollo hacia la Penilla.

   Con tranquilidad alcanzamos el alto, ya descubierto de nubes, que quedan en el fondo del valle sobre la llanura  de la Merindad de Castilla la vieja ocultando las vistas. El calor aprieta y nos deshacemos de las prendas de abrigo.


"Vistas del valle."
   Girando a la izquierda afrontamos la larga recta en un descenso rápido y traicionero de grava suelta surcado por varias canalizaciones de agua. Para no pasarnos de largo aminoramos la marcha y junto a una gran estabulación hacemos un brusco quiebro a la derecha para continuar descendiendo levemente entre arroyos hacia la localidad de Salazar.

   Salazar es uno de esos pueblos “con encanto” que sorprende al viajero que recorre sus calles estrechas y casi todas ellas en pendiente entre sus enormes casas blasonadas de elaborada construcción. Calles limpias y jardinería cuidada que trazan camino por los barrancos que atraviesan este pueblo colgado de la loma de Sierra Laguna. A la vista está por que este conjunto ha sido declarado de interés histórico-artístico.

   En el rápido paso entre las últimas casas, apenas de reojo consigo ver la marca del GR-1 en la fachada de una pequeña cabaña abandonada a la derecha de la pista.

   Bordeándola y medio oculto por la maleza el GR continúa por un pedregoso y roto sendero elevándose suavemente atravesando el denso encinar de los Ejidos hasta alcanzar la Ermita de San Bartolomé, a pié de una carretera secundaria.


"Atravesando Los Ejidos."

"Atravesando los Ejidos."
   Tomamos el descenso por carretera un corto tramo, sin coger velocidad pues hemos de desviarnos a la derecha atravesando la cuneta para retomar el GR en el tramo más confuso e inaccesible de toda la ruta. El sendero a duras penas es legible oculto entre las árgomas y escajos.  Abriéndonos camino “a la fuerza” durante 1 kilómetro avanzamos lento hasta alcanzar las tierras de cultivo donde podemos bordearlo y rodar más cómodamente.


"GR-1."

   El camino desaparece en la zona de humedales de las Zozanas y buscamos el paso hacia el camino de San Bartolomé. Tras cruzar el profundo arroyo, de nuevo porteando las bicicletas, buscamos entre la maleza el paso hacia este sendero estrecho pero bien marcado, que nos elevaba cómodamente por la Dehesa hacia Sobrepeña.

   Descendemos pasando junto a esta localidad por un amplio y polvoriento camino y continuamos de frente por la carretera. Sobre asfalto nos acercamos hacia los marcados barrancos del río Nela con dirección a la localidad con el mismo nombre. En plena bajada un camino herboso se desgaja  la izquierda descendiendo entre las pequeñas casas de Nela.


"Cañón del río Nela."
   Las señales del GR se aventuran por un estrecho sendero algo comprometido que se descuelga por la pared rocosa del cañón con importante caída a la izquierda mitigada por los arboles enraizados en la inclinada ladera. El técnico tramo impresiona más de lo que resulta una vez enfilado el descenso y rápidamente nos deja a orillas del río.

   Ya en la llanura, a la vera del Nela, continuamos atravesando espesos bosques por un largo sendero que se hunde junto al río hasta llegar a Brizuela. Aquí tomamos el camino paralelo a la antigua línea Ferroviaria Santander-Mediterráneo pasando junto a la antigua estación hoy convertida en un bar-restaurante.


"Llegando a Brizuela."

"Llegando a Brizuela."
   El bonito tramo nos acerca hasta Puentedey, dando un pequeño rodeo para visitar el gran “arco” sobre el que se asienta el pueblo, y disfrutar de un largo descanso recuperando fuerzas.


"Puentedey."

"Puentedey."

"Puentedey."
   Reiniciamos la marcha por carretera dirección Quintanilla –Valdebodres, desviándonos en el centro de esta localidad a la izquierda. Atravesada la pequeña plaza remontando entre las casas por la pista de hormigón seguimos el “vía crucis” ascendiendo hacia el barranco de la Mata. 

   No tardamos en encontrar de nuevo las indicaciones y abandonamos el hormigón pasando a rodar sobre el propio lecho del río o un estrecho y técnico sendero paralelo.


"Barranco de la Mata."

"Barranco de la Mata."
   Sin duda alguna este es el tramo más duro de la ruta, en parte por el esfuerzo continuo que requiere remontar el barranco, y por las altas temperaturas que se dan en el fondo del mismo donde apenas corre aire, superando holgadamente los 30°. Paradójicamente también me resulta el tramo más bonito y entretenido.


"Barranco de la Mata."

"Barranco de la Mata."
   Lentamente recorremos los 4,5 kilómetros de tramo “endurero” afrontando la última y esforzada rampa de la parte final alcanzando la cabecera del valle en la ladera de Arroya.


"Barranco de la Mata."

"Barranco de la Mata."
   Tras un breve descanso retomamos el GR desviándonos a la izquierda y comenzamos el largo descenso por la ladera norte afrontando una pista amplia y surcada por los arroyos con la vista puesta en Villamartín de Sotoscueva al final del descenso.


"Barranco de la Mata."

"Bajando a Villamartín de Sotoscueva."
   Antes de entrar en esta localidad tomamos el desvío a la izquierda, ascendiendo nuevamente por el Camino de Puentedega otros 2,5 kilómetros hasta el Peñuco.  Con las fuerzas ya melladas este tramo puede hacerse bastante duro, sobre todo hasta abandonar el pedregoso camino unos metros antes de alcanzar el alto.


"Llegando a Villamartín de Sotoscueva."

"Llegando a El Peñuco."
   Todavía nos queda rodar un par de kilómetros atravesando el páramo antes de disfrutar de la recompensa a tanto esfuerzo en forma de largo descenso cruzando La Rasa y La Calzada. El camino a veces se difumina en la braña y entre el sotobosque, obligando a parar de vez en cuanto para orientarnos, aun así perdemos rápidamente altura durante 4 kilómetros llegando, tras cruzar la carretera, al acceso de la ermita de San Bernabé, en el complejo Kárstico de Ojo Guareña.





Nos dejamos caer por las rampas de acceso y visitamos este impresionante rincón donde se unen lo natural y la obra del hombre en una extraña armonía que encaja a la perfección.


"Llegando a la Ermita de San Bernabé."
   Los antiguos pueblos celtas, habitantes de la cornisa cantábrica y de religión pagana utilizaban como lugares de culto rincones naturales excepcionales como el centro de grandes bosques, arboles sagrados como el Tejo o cuevas naturales. Lugares escogidos para adorar a sus deidades o tomar decisiones políticas. La cristianización utilizó como arma la destrucción total o parcial de estos lugares implantando sus templos donde antes había bosques y altares donde había un árbol sagrado. Este es un claro ejemplo bien conservado de la transformación de uno de estos lugares en un enclave excepcional.


"Ermita de San Bernabé."

"Ermita de San Bernabé."
   Para terminar la ruta nos dejamos caer por la carretera hacia "Cueva" desde donde nos desviamos a Quisicedo por las pistas de uso vecinal terminando junto al coche con algo más de 48 kilómetros recorridos.

   Es una ruta exigente, física y técnicamente. Pero una vez terminada te quedas con ganas de volver a recorrer la zona. Una ruta de contenido largo y denso con senderos, caminos, pistas y carreteras a las que no le sobra ni un metro de su trazado envuelta en todo momento por las impresionantes vistas del complejo kárstico de Ojo Guareña.


"Vistas del complejo kárstico de Ojo Guareña."
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Fotos.

Track y datos de la ruta:


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