Camino de Santiago Norte. Portugalete - Gama. Etapa-4.

   Amanece este cuarto día de travesía. Desde la litera he podido comprobar varias veces a lo largo de la noche como se movían las ramas del árbol frente a la ventana agitadas por el fuerte viento y como la lluvia golpeaba contra el cristal. Ha sido una noche de perros.

   No soy consciente de las agujetas hasta que intento bajar de la litera por las incomodas escalerillas. En silencio salgo al salón-comedor del albergue donde algunos peregrinos ya se preparan para iniciar la jornada.

   Hoy nos atiende una compañera de Martín. Una chica agradable que nos pone con buen humor el desayuno a pesar del madrugón. Cojo sitio en la mesa y no tardan en salir Diego y Jose de la habitación común. Es la hora de levantarse y ya es difícil dormir con todo el mundo de trasiego.

   No tardamos en recibir nuestra bandeja con tostadas, una taza grande de café, algo de bollería, mermelada y mantequilla. Suficiente para comenzar el día.

   Tras desayunar nos vestimos y recogemos todo en las alforjas. Hoy toca sacar la ropa de abrigo. Salimos a la calle donde comprobamos lo realmente desapacible que está el día.

   Viento, lluvia, frío… Sacamos las bicicletas y armamos por última vez en este viaje las alforjas. Nos despedimos de quien tan bien nos atendió y de algunos peregrinos con quienes hemos compartido charla durante el desayuno. Tras desearnos buen camino nos ponemos en ruta.

   Son las 8:30 de la mañana y las mojadas calles están desiertas. Ni coches ni gente. Quien va a salir hoy de casa...

   Nos dejamos caer hacia la calle principal (Carlos VII) y la recorremos buscando la salida de la ciudad hacia la autopista del cantábrico. Cuando descendemos por el bulevar dejando atrás los últimos edificios aparece a la derecha el “bidegorri” por el que tantos kilómetros he hecho cuando vivía aquí y entrenaba por la zona.

   Su trazado nos lleva a través de largas pasarelas sobre la autovía del cantábrico, y de una forma más o menos paralela a esta continúa hasta la playa de la Arena.

   Son poco más de 12 kilómetros de carril bici en subida suave hasta pasar Gallarta, y junto al barrio de San Fuentes comienza a descender  hasta la playa de Somorrostro o de la Arena.

"Esperando a que escampe."
   El mal tiempo nos hace parar bajo un puente protegiéndonos de la intensa lluvia durante el recorrido, que compartimos sobre todo al principio con los peregrinos que viajan a pie.

   El liso y húmedo asfalto parece una pista de hielo, por lo que bajamos lentamente extremando precauciones en las curvas más cerradas bien señalizadas. De fácil rodar, el “bidegorri” pronto nos deja frente a la playa con el sol luchando por asomarse entre las nubes.

"Subiendo a San Fuentes."

"Llegando a Somorrostro."
   Pedaleamos junto al aparcamiento y tomando las pasarelas de madera nos asomamos a la playa, desierta como era de esperar, pero un espectáculo de mar embravecido rompiendo contra los acantilados.

"Playa de la Arena."

"Playa de la Arena."
   Una vez puestos en ruta parece que el mal tiempo tampoco es tan malo.
  
   Seguimos sobre las pasarelas para acceder a la rojiza arena de la playa con el estrecho puente de Pobeña ya a la vista. Tras un corto tramo caminado por la playa subimos la rampa y cruzamos a esta pequeña localidad con la blanca ermita de Nuestra señora del Socorro recibiéndonos sobre la cala del Resguardo.

"Atravesando la playa."

"Puente de Pobeña."
   Al salir del puente giramos a la derecha guiados por las flechas amarillas hacia un estrecho callejón encontrándonos de frente con la larga hilera de escaleras que junto a la residencia de ancianos nos “alza” sobre la línea de acantilados.


"Escaleras de Pobeña."
   El esfuerzo es enorme. Subimos el peso salvando los resbaladizos escalones hasta alcanzar el estrecho camino que continúa paralelo a la costa. Esfuerzo que nos recompensa con impresionantes panorámicas de la playa en pleno temporal.


"Paseo Itsaslur".

"Playa de la Arena."
   El camino ahora es cómodo, prácticamente llano. El paseo” Itsaslur” en su tramo vasco, y la vía verde del Piquillo en el cántabro, traza un recorrido sin dificultad entre las localidades de Pobeña y Onton a lo largo de 6 kilómetros uniendo así Vizcaya y Cantabria siguiendo el recorrido de las antiguas vías del tren que transportaba el mineral al cargadero de la punta del castillo viejo.


"Paisaje."

"Paisaje."
   A lo largo del recorrido encontramos varios paneles informativos y restos de maquinaria utilizada tanto en la actividad minera de la zona como para la extracción de algas, otra actividad importante llevada a cabo en estas costas hasta hace no muchos años.

   El paisaje no tiene desperdicio, una belleza extrañamente acentuada por el “mal tiempo” que nos acompaña. El viento frío sopla con fuerza en las zonas más expuestas y al frente aparecen ya las vistas de la costa cántabra con nuestro próximo obstáculo en el camino, el alto de Saltacaballos.


"Paseo Itsaslur."
   Dejamos atrás el aparcamiento y acceso a Cobarón, y tras pasar junto a las ruinas de los barracones de las minas nos topamos con el túnel del Piquillo donde se nos advierte de que el paso por el mismo recae sobre nuestra responsabilidad… una forma poco sutil de lavarse las manos en caso de accidente en lugar de evitarlo dejando el camino en condiciones para su uso. Una vía verde con principio y un final un tanto difuso…


"Túnel del Piquillo."
   Tras el túnel pasamos junto algunas casas dispersas por la costa y la impresionante ensenada de Ontón que despide este tramo pasando bajo la autovía del Cantábrico para enlazar con la carretera N-634 tras un par de horquillas y un corto repecho. Sobre asfalto nos dejamos caer hacia Ontón encontrando en plena curva el albergue de esta localidad desde el cual nos saludan a nuestro paso.

   Pasado el puente la inclinación cambia radicalmente y afrontamos las primeras rampas de Saltacaballos. El primer tramo discurre entre curvas que sirven de calentamiento a la larga recta de aproximadamente 1 kilómetro que afrontamos para alcanzar el “alto” tras pasar de nuevo sobre la autopista.


"Saltacaballos."

"Alcanzando el alto de Saltacaballos."
   La subida es dura, pero tenemos suerte y el temido viento de cara cesa e incluso disfrutamos de un rato de sol. Esto hace que podamos disfrutar más de las impresionantes vistas desde el alto, bonitas panorámicas de Castro Urdiales y una bonita despedida de nuestro viaje por el País Vasco con una ultima mirada atrás.


"Castro Urdiales desde Saltacaballos."
   Ahora toca abrigarse bien para afrontar el descenso hacia Mioño a lo largo del cual se enlazan cerradas curvas, improvisados miradores del cargadero de mineral de la punta de Saltacaballos.

   El descenso de 3 kilómetros nos deja helados, no tanto por la temperatura como por el viento y la humedad de la jornada. Continuamos subiendo el alto de la Cruz por la nacional y llegamos a Castro Urdiales por la avenida de Brazomar.


"Cargadero."
   Decidimos parar a tomar algo caliente en el centro de Castro siguiendo la avenida principal. Tras recuperar fuerzas y temperatura de nuevo nos equipamos para seguir con el camino. Bajo una fina lluvia reanudamos la marcha que enfilamos por el casco antiguo hacia el puerto pasando junto a la iglesia del Sagrado Corazón. Aprovechamos que está abierta la oficina de turismo junto al muelle de Eguilior y sellamos nuestras credenciales.


"Oficina de turismo de Castro Urdiales."
El tiempo empeora por momentos, aun así el paisaje resulta espectacular con el puerto y la punta de Cotolino abriéndose hacia el abra.


"Puerto de Castro Urdiales."
"Iglesia de Santa María de la Asunción y Castillo de Santa Ana."
   La gran actividad marítima de Castro Urdiales durante la edad media queda latente en su puerto, desde donde zarpaban naves y hombres de la marina de Castilla, barcos procedentes de los astilleros de Sámano y sobre todo importante por la pesca y caza de ballenas. Es donde encontramos la mayor parte de su rico patrimonio histórico formado por la iglesia de Santa María de la Asunción, impresionante construcción de estilo gótico del s.XIII que guarda las imágenes de la virgen Blanca y del cristo yacente, y el castillo de Santa Ana donde actualmente se ubica un faro junto al puente de origen medieval.

   Merece la pena detenerse en Castro Urdiales y visitar estos lugares.

   Con fuerzas renovadas abandonamos Castro por la carretera desviándonos hacia la salida de esta localidad junto a la plaza de toros. Afrontamos ahora la corta y llevadera subida de Campijo. La pista asfaltada nos lleva bajo la autopista hacia el camping de Castro Urdiales y en un continuo sube-baja se alarga hacia Allendelagua donde accedemos junto a la Iglesia de San Marcos afrontando el corto repecho del “Alto del Cuco”.


"Dirección Allendelagua."

"Alto del Cuco."
   Atravesamos Allendelagua buscando la carretera paralela a la autopista por la que  rodamos 2 kilómetros por el barrio Ozanco. De nuevo un túnel bajo la autopista nos deja junto al duro repecho de terreno roto y pedregoso que finaliza en la pequeña iglesia de San Juan Evangelista, en la localidad de Cerdigo. Por las estrechas calles atravesamos el pueblo, en cuya salida encontramos el área recreativa de Llaguno.


"Llegando a Cerdigo."

"Cerdigo."
   Con precaución cruzamos la N-634 y de frente nos introducimos por el estrecho camino de acceso al cementerio de Cerdigo que empeora por momentos. Lo bordeamos por la izquierda y pasamos a rodar por una senda herbosa hasta toparnos con el paso cerrado por una alambrada. Traspasamos la portilla y nos metemos en el precioso y espeso encinar buscando el paso directo hacia la costa. Un tramo bonito a la par que complicado por la humedad que lo hace impracticable sobre la bicicleta habiendo de caminar durante un trecho.


"Un claro en el encinar."

"Alcanzando la costa."
   Alcanzada la línea de los acantilados fuertemente azotada por el oleaje la senda mejora haciéndose más ciclable y nos permite continuar recorriendo la costa oriental hacia Islares, a donde llegamos junto a la Iglesia de San Martín y el albergue de peregrinos. 


"Camino costero."

"Acantilados."

"Llegando a Islares."
   De nuevo por asfalto recorremos las avenidas residenciales cruzando a Islares, donde paramos brevemente junto a una pequeña ermita para tomarnos un descanso antes de acceder a la carretera N-634.


"Ermita de Islares."
   A pie de carretera disfrutamos del espectáculo del oleaje junto a la playa de Arenillas en la que consideramos será nuestra última parada antes de alcanzar nuestro destino.


"Playa de Islares."
   Siguiendo la carretera nos adentramos junto al río Agüera para cruzar sobre el mismo en el Pontarrón, coincidiendo y saludando a varios peregrinos en este tramo bajo una lluvia fina e intermitente.

   Tras el  puente del Pontarrón la carretera afronta una continua subida de 2 kilómetros hasta alcanzar el alto de Candina, con buenas vistas de Oriñon con la autopista de por medio. Este el único obstáculo que nos separa del valle de Liendo, afrontando el rápido descenso tras llanear durante 2 kilómetros.


"Alto de Candina."
   Cruzamos Liendo a buen ritmo, espoleados quizá por el ansia de llegar a casa. Una larga recta al final de la cual comienzan los 2,5 kilómetros de nueva subida hasta el alto de Laredo. 


"Alto de Laredo."
   La ruta toca a su fin. Partimos la rápida bajada parando junto al mirador desde el cual observamos la villa. Prácticamente el punto de partida de esta travesía. Poco más abajo observamos la estación de autobuses donde tomamos el transporte hacia Irún 4 días antes.


"Laredo."
   Retomamos el descenso y cruzamos la puebla vieja de Laredo. Buscamos en la oficina de turismo, sin fortuna, quien nos selle la credencial. Pero compensamos el “chasco” con unas cervezas y unas rabas en una terraza, como si de la ruta de un domingo más se tratara…

   Ahora sí, nos montamos en la bicicleta por última vez en este viaje y circulamos por las calles de Laredo buscando la nacional que por el barrio de La Pesquera nos lleve hasta Colindres.

   Seguimos a Diego hacia el albergue para que nos pongan el sello… tampoco tenemos suerte, así que decidimos dejarlo por imposible.

   Llega el momento de comenzar a separarnos en orden inverso al que nos juntamos la madrugada del jueves, así que nos despedimos de Diego.

   Jose y quien narra la historia continuamos por la carretera general dejando atrás Colindres y cruzando la Ría hacia Treto. El pequeño repecho se hace duro.

   Perdiendo altura junto a la Mies de Hoyos llegamos a la recta de Treto, donde la conversación con Jose, recapitulación de lo vivido estos cuatro días, la hace más amena.

   Y por fin el último tramo junto a las Marismas de Santoña y Noja nos deja a la entrada de Gama donde me despido de Jose que terminará la etapa un par de kilómetros más adelante habiendo acumulado hoy cerca de 66 kilómetros.

   Y así este viaje termina como comenzó, esperando a que se abra la puerta del garaje…

   Con una sensación agridulce, pues detenemos nuestra peregrinación a Santiago, por lo menos de momento, pero por fin estamos en casa. Y como digo, esto es un paréntesis pues todavía nos queda la segunda parte de este viaje que esperamos retomar allá por el mes de Junio, pero eso es otra historia...

   Solo me queda agradecer a Diego y Jose la compañía y paciencia en algunos tramos de las etapas que pueden llegar a ser realmente duros y desesperantes aunque se vean ampliamente recompensados por el resultado final del viaje. Un viaje recorriendo toda la costa Guipuzcoana y gran parte de la Vizcaína y Cántabra. Descubriendo bonitos pueblos y regiones cargadas de historia en 4 días que no se podían exprimir más acumulando 243,7 km. Y lo mejor de todo es que esto solo ha sido una parte del viaje...

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Fotos.

Track y datos de la ruta:





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Camino de Santiago Norte. Markina Xemein-Portugalete. Etapa-3

   La noche ha sido tranquila, a excepción del pequeño incidente que terminó con Diego recostado en el suelo habiendo que reparar su cama supletoria. Por lo demás todo perfecto.

   Hoy nos toca afrontar la etapa más larga de este  viaje, ruta con un final de etapa  especial, ya que termina y haremos noche en Portugalete, donde viví hasta pasados los 20 años… la verdad es que no he vuelto mucho por allí desde entonces.

   Suena el despertador y nos desperezamos. Los kilómetros pesan, sobre todo a primera hora de la mañana. Nos vestimos y bajamos a la calle. Las luces del pasillo ya están encendidas pero no encontramos a nadie despierto en el piso.

   Todavía de noche caminamos calle abajo buscando la cafetería más "madrugadora" de Markina, donde ya se nota un movimiento importante de gente.  Desayunamos tranquilamente  y regresamos al “albergue”, donde ya todos están en marcha. Recogemos nuestros bártulos, nos equipamos y bajamos en busca de las bicicletas.

   Puntuales y como acordamos nos las entregan a las 8:30. Creo que los tres respiramos aliviados ya que nuestra hora de salida dependía de ello.

"Amanece nublado."
   Las montañas que rodean Markina amanecen cubiertas por las nubes y parece que hoy termina nuestra racha de buen tiempo. Armamos el equipaje y nos dejamos caer calle abajo cruzando junto a la fuente de Goikoportala entre el ayuntamiento y la iglesia del Carmen. La rodeamos y frente a la puerta del albergue continuamos para cruzar sobre el río Artibai y tomar el carril bici paralelo a la carretera (BI-633) que nos aleja definitivamente de Markina.

"Río Atibai. Markina."
   Junto a la una rotonda termina el carril bici, salimos a la carretera de amplio arcén y rodamos  durante 3,5 kilómetros. La otra variante recorre junto al río esta distancia de forma paralela decenas de metros a la derecha, pero evitamos el tránsito de caminantes y rodamos más ligeros hasta toparnos con el cruce que nos desvía a mano derecha dirección Bolibar.

   La carretera va ganando inclinación. Llegando a esta localidad a los pies del monte Oiz  nos desviamos a la derecha por el camino peatonal que nos deja en la plaza junto a la iglesia de Santo Tomás, con marcado carácter de fortaleza y junto al monumento de Simón Bolibar, el libertador, líder de la lucha por la independencia de Sudamérica y descendiente de este lugar.

"Iglesia de Santo Tomás. Bolibar."
   Bajo los soportales, un bar da desayunos a los peregrinos y muchos descargan sus mochilas a la puerta del establecimiento.

   Otros cruzan la carretera y se encaminan hacia el vía crucis y la calzada medieval que se eleva hacia el monasterio cisterciense de Zenarruza.

   Nosotros, en cambio, afrontamos la subida por carretera. Durante 3,5 km remontamos el puerto trazando varias horquillas en la falda de la montaña  sombría y rodeada de espeso bosque de pino hasta alcanzar el alto de “Gontzagarigana”. Nos abrigamos antes de iniciar el descenso con las nubes oscureciendo la mañana.

"Alto de Gontzagarigana."
   Durante 2 kilómetros perdemos altura hasta la localidad de Munitibar, compartiendo el tramo con varios ciclistas que saludan y dan ánimos al adelantarnos. Entramos rápido en esta localidad y las señales amarillas nos confunden afrontando el repecho que se eleva hacia la ermita de Santiago. Un tramo que trascurre por una zona enfangada cruzada por varios arroyos y tramos cubiertos de maleza. Un tramo digamos poco ciclable.

"Munitibar."
   Nuestra opción es descender de nuevo al cruce y tomar la carretera BI-2224 que durante 5 kilómetros nos lleva llaneando dirección noroeste hasta el cruce de Berriondo, donde nos desviamos a la izquierda pasando sobre un estrecho puente junto a varios caseríos de construcción típica vasca. 

"Cruce de Berriondo."

"Caseríos en el camino."
   Por la estrecha carretera secundaria (BI-3224) afrontamos una nueva subida hasta el barrio Zarra (Olabe) abandonando la carretera una vez alcanzado el alto y desviándonos hacia las casas a mano derecha. Hacemos caso omiso de las flechas amarillas y continuamos por la pista de asfalto que continua ascendiendo.  Tras un duro y corto repecho aparece frente a nosotros la pequeña ermita de San Pedro y San Cristobal donde paramos a descansar.

"Ermita de San Pedro y San Cristobal. Zarra."
   La pista desaparece entre las últimas casas convertida en un estrecho y cómodo sendero que continúa subiendo unos 200 metros. Pronto se torna en bajada internándose en un magnifico y viejo robledal sito en la reserva de Urdaibai. 

"Sendero"
"Sendero:"
   El descenso se complica a tramos entre raíces y zonas rocosas que sorteamos sin dificultad cruzando el puente medieval de Artzubi sobre el río Gola, y en cuyo centro encontramos el mojón que limita la frontera entre Arratzu y Mendata.

"Puente de Artzubi."

"Puente de Artzubi."

"Puente de Artzubi. (Leyenda)"

"Río Gola."
   Tras tomarnos un buen rato para disfrutar del entorno continuamos de frente subiendo el duro repecho que nos deja en el barrio Elexalde, junto a la iglesia de Santo Tomás. Desde la misma descendemos siguiendo el vía crucis por la carretera bien asfaltada que conecta con la más amplia BI-2224 recorriendo la misma hasta Loiola.

"Subiendo al barrio Elexalde."

"Iglesia de Santo Tomás."
   En el centro de esta localidad nos desviamos a Gorozika virando a la derecha y tras una corta subida enlazamos con el largo tramo de descenso  tomando en el barrio Arratzu el “bidegorri” (carril bici) por el que llegamos a Gernika. En la calle padre Luis Villasante, una de las arterias principales de la ciudad paramos en una cafetería para recuperar  fuerzas con 25 kilómetros de ruta recorridos.

"Direccion Gorozika."

"Un alto en el camino."
   El sol parece ganar la partida, y poco a poco se recuperan las frías temperaturas de la mañana.

   Reanudamos la marcha entrando en el núcleo urbano que nos encontramos cortado con vallas y colapsado por la gente. Hoy se celebra una feria especial “con Sukalki”, un guiso de carne típico del país vasco. Las calles se abarrotan de gente vestida con el traje típico tradicional y en el "Pasealeku" se preparan para un campeonato de bertsolaris.

   Evitamos la colapsada calle principal y por la paralela accedemos a la plaza del ayuntamiento. El museo de la paz delimita esta plaza donde se encuentra el monumento al conde Don Tello, que siendo señor de Vizcaya fundó las villas de Markina, Elorrio, Gernika y  Gerrikaiz.

"Museo de la Paz. Gernika."

"Conde Don Tello."

"Guernika."
   Jose ha cruzado la calle para sellar las credenciales en la oficina de turismo y a su regreso continuamos hacia la plaza del Pasealeku  donde una estatua de bronce recuerda a los “gudaris” que combatieron en la guerra civil.

"Gernika."

"Gudaris."
   Abandonamos la plaza, ascendemos por la calle junto a la iglesia de Santa María y nos desviamos para visitar el “Arbol de Gernika”, sitos, tanto el árbol viejo como el actual, en los jardines de la casa de juntas .

   Muy amablemente el “ertzaintza” de la entrada nos invita a pasar y nos indica donde dejar  las bicicletas. El jardín recibe a sus visitantes con un gran escudo provincial labrado en piedra. Frente a la casa de Juntas encontramos el joven ejemplar de roble, símbolo de las libertades tradicionales vascas y bajo el cual, el señor de Vizcaya juraba respetarlas, y donde actualmente el lehendakari jura cumplir con su cargo.

"Escudo Provincial Vasco."

"Casa de Juntas."

"El árbol del Gernika."
   A unos metros descansa bajo un templete el “árbol viejo”, testigo del bombardeo de Gernika en 1937 siendo junto a la casa de juntas de lo poco que quedó en pié en la ciudad.

   Abandonamos este lugar cargado de historia, que bien merece más dedicación y visitar su museo de libre entrada, pero el tiempo apremia y hoy la etapa es larga. Vamos en busca de las bicicletas, bordeamos el recinto de la casa de juntas y accediendo de nuevo a la calle principal abandonamos la localidad junto a la ermita de Santa Lucia en el barrio de Zallo que nos despide con un pequeño monumento al peregrino.

"Árbol viejo."

"Monumento al peregrino."
   Tomamos la estrecha pista que discurre sombría y paralela  al arroyo Mikiene. Si bien el camino a pié asciende al monte Bilikario por una senda forestal rodeada de vegetación y con abundante piedra, nosotros afrontamos las duras rampas de la pista que cruza  hacia la carretera BI-3213 por el barrio de Bidaguren, y por esta continuamos subiendo sin tregua durante 5 kilómetros atravesando la impresionante reserva de la biosfera de Urdaibai.

"Alcanzando el alto."
   La subida es constante y rodeada de bosque de pino. Las curvas se enlazan hasta que alcanzamos el alto desviándonos a la izquierda dos veces consecutivas dirigiéndonos hacia el barrio Larraburu. La carretera ahora más estrecha nos hace perder altura de forma repentina con impresionantes vistas del valle uniéndonos de nuevo con el trazado del “camino” a pie. El rápido descenso se interrumpe  por un corto y suave repecho junto a una casa donde se improvisa un pequeño mercadillo para el peregrino y se le ofrece fruta y bebidas.

"BI-4137."
   Finalmente el tramo nos deja junto a la amplia carretera Olabarri-Ugarte. 
   De frente encontramos el desvió dirección Andra-Mari, y a escasos metros abandonamos la carretera por otra vía secundaria (BI-4137) que de nuevo nos hace ganar altura. El track nos mantiene en la carretera, pero los ojos se nos van hacia el amplio camino de grijo que desciende atravesando un precioso pinar al margen derecho de la vía y marcado con las flechas amarillas… los tres lo vemos claro y nos dejamos caer. 

"Atravesando el pinar."
   El bonito tramo tiene su precio, en este caso una dura remontada junto al arroyo Biskarai para recuperar de nuevo el asfalto.

   El agua comienza a escasear y aunque rondamos las 2 de la tarde el consistente almuerzo hace su efecto y no tenemos hambre. La carretera nos recibe con más subida junto a un eucaliptal hasta que alcanzamos el caserio Pepiena, donde nos desviamos a la izquierda por una pista forestal de grijo.

"Recuperando altura."
   En el caserío se señaliza la presencia de una fuente, grifos  en el muro interior de la propiedad a disposición del peregrino. Todo un detalle. Pero a Jose le llama más la atención una enorme moto aparcada junto a la casa. Fan del Paris-Dakar se acerca para verla con detalle percatándose de que pertenece al piloto Txomin Arana. No puede resistirse a hacerse una foto mientras una amable señora, dueña de la casa,se acerca y le da charla sobre el tema durante un rato.

   Finalmente conseguimos “despegarle” de la moto y reanudamos la ruta por un largo tramo rompepiernas que en continuo sube-baja nos lleva hasta el alto de Morga pasando por Arretxabalagana junto al arcén de la carretera BI-2713.

"Alto de Morga."
   Con 43 kilómetros en las piernas nos dejamos caer por la carretera del largo puerto de 5 kilómetros que finaliza en Larrabetzu.

   En el centro de esta localidad, accedemos a la plaza principal donde Diego aprovecha para dar una sorpresa  a sus primos, que muy amablemente nos invitan a tomar algo y a comer un par de raciones.
Con la parte “dura” de la etapa terminada, o eso pensábamos, nos lo tomamos con calma aunque el día se va oscureciendo y vamos notando el cambio que prometía el pronóstico del tiempo. 

   Finalmente nos despedimos y reanudamos el viaje.

   Larrabetzu nos despide con un suave repecho que enlaza con la larga recta de 7 kilómetros por terreno favorable que tras acceder a la ancha carretera BI-737 nos acerca a Zamudio pasando por Lezama, fin de etapa para muchos peregrinos que viajan a pie.

"Lezama."
   Nosotros continuamos y el “camino” da un giro inesperado. Error no memorizar esta etapa.

   En el barrio Arteaga  hacemos un giro de 90° a la izquierda, con vistas del aeropuerto de Loiu ya próximo, y comenzamos a ascender atravesando el polígono industrial Pinoa.

   El repecho se alarga ahora por pista de grijo cruzando la autovía sobre el túnel del corredor del Txorierri y por un camino paralelo a la misma sigue ganando altura.

"Cruzando sobre la autovía."
   Ante nuestro desconcierto la pista se convierte en un bonito sendero que pendiente arriba nos introduce en un eucaliptal afrontando durísimas  por no decir imposibles rampas difíciles de subir incluso a pie. El tiempo da un brusco cambio y se levanta un fuerte vendaval que hace crujir los delgados arboles tirando ramas al camino. Tras empujar durante un rato la bicicleta alcanzamos un tramo de estrecho sendero de menor pendiente que accede  en su final a una pista pavimentada.

"Subiendo al monte Avril."

"Cartel en el monte Avril."
   Tomamos a la derecha para atravesar el barrio San Antolín donde se esparcen dispersas varias casas en la loma del monte Avril y nos cruzamos con la carretera que da acceso al monte. Tomamos a la izquierda  para desviarnos de nuevo a la calzada de los Zamudianos a unos metros del cruce.

   Poco ciclable con las alforjas, este tramo es el último “regalo” del monte Avril o Iturritxualde antes de alcanzar su parte alta junto al depósito de agua y el panorámico mirador tras 4,5 kilómetros de interminable y dura subida. Sin demora, pendientes del temporal iniciamos el descenso con amplias vistas de los barrios de Otxarkoaga y Txurdinaga.

"Calzada de los Zamudianos."

"Vistas."
   Perdemos altura y cruzamos el área recreativa de Tetuane, donde accedemos a la carretera  para proseguir el descenso y por la que aligeramos más la marcha hasta cruzarnos con la serpenteante carretera Otxarkoaga-Txurdinaga. Tras sobrepasarla sobre una estrecha pasarela, un par de bruscos quiebros nos dejan en la pronunciada rampa atravesando el barrio de Zurbarán.

   Desviándonos a la izquierda en busca de la calle Zabalbide, y recorriendo un corto tramo sobre la acera para evitar una calle en dirección contraria  pasamos junto a la basílica de Begoña que acoge a la patrona de Vizcaya. Una pena no poder visitarla, pero el tiempo se vuelve cada vez más desagradable y todavía tenemos camino por delante.

   Desde aquí atravesamos el pequeño parque que tenemos a la vista buscando el vertical descenso por la empedrada Travesía de Mallona que desemboca en la siempre abarrotada plaza Miguel de Unamuno. Sin duda ha sido una suerte afrontar esta bajada en seco.

"Travesia de Mallona."

"Travesia de Mallona."
   Por el casco viejo callejeamos pasando junto a la catedral de Santiago y finalmente accediendo a orillas de la ría de Bilbao. Comenzamos el descenso junto a la ría dejando atrás el teatro Arriaga, La iglesia de San Nicolás sita frente al parque del Arenal y en la plaza Erkoreka tomamos el carril bici por el que abandonamos Bilbao pasando bajo el puente de la Salve. He de reconocer que este es un tramo estresante al menos para mi... acostumbrado a rodar por pistas y caminos de montaña tranquilos y solitarios las grandes ciudades como Bilbao me saturan fácilmente.

"Casco viejo de Bilbao."

"Iglesia de San Nicolás."
   El mal tiempo alcanza ahora su máximo apogeo comenzando a llover y con fuerte viento de cara. Paramos a ponernos los chubasqueros y cubrir el equipaje y aprovecho para fotografiar el Guggenheim al otro lado de la ría.


"Ría de Bilbao."

"Guggenheim."
   A partir de aquí rodar es un infierno mientras cruzamos las ciudades de Deusto, Sarriko, San Ignacio, Lutxana...

   Por fin aparecen al otro lado de la ría los restos de lo que fuera Altos Hornos de Vizcaya… lo cual indica que nos acercamos a nuestro destino.

"Portugalete."
   Levanto la mirada buscando el puente colgante llegando a Las Arenas, y por fin comenzamos a rodar por el paseo junto a la ría que nos acerca al mismo. Agotados por luchar contra el viento por fin respiramos aliviados. Esperamos turno y entre los coches nos colocamos en la barcaza que suspendida de cables nos ha de transportar a la otra orilla.

"Puente colgante."
   No dura mucho el viaje, y esta obra de ingeniería inaugurada en 1893 y patrimonio de la humanidad de la Unesco nos deja finalmente en Portugalete.

   Físicamente estoy fundido, con las fuerzas justas para subir las duras rampas que todavía nos quedan hasta alcanzar el albergue. Entre las calles no sopla el viento y con menos dificultad de la esperada remontamos hasta Carlos VII, la calle principal de la noble villa.

   Tomamos a la derecha al final de la subida atravesando la plaza doctor José Zaldúa  y por la acera utilizamos las rampas mecánicas que nos dejan en nuestro destino, el albergue Bide Ona tras 80 kilómetros de ruta y algo más de 9 horas.

   Martín, el alberguero se marcha ya de las instalaciones, justo a tiempo para que nos firme la entrada y podamos dejar la montura en el guardabicis, ducharnos y descansar. De lo contrario tendríamos que esperar en la calle al turno de su compañera.

   En Portugalete no hay muchas opciones. Alguna pensión, donde quedarse con bicicleta está complicado, el albergue municipal cerrado en esta época del año y este de carácter privado, moderno y bastante correcto.

   Por fin nos cambiamos y puedo comer algo antes de salir a dar un paseo por la ciudad.
   
   Si hace años me hubiesen dicho que estaría en Portugalete durmiendo en un albergue y de peregrino no lo hubiese creído.

   El tiempo se ha complicado mucho de cara a la etapa de mañana. Nos dicen que en la costa vasca las rachas de viento han superado los 100 km/h. Ahora entiendo el esfuerzo para llegar desde Bilbao con viento de cara.

   Recorremos las calles, algunas bastante cambiadas, otras no tanto,  de camino al centro comercial y buscamos donde cenar. Cansados regresamos al albergue tras tomar un café y rondando las 10 de la noche ocupamos nuestras literas donde algunos peregrinos ya intentan dormir. Poco a poco el viaje se va acercando a su fin. 

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