Maraton 10.000 del Soplao 2014.


Cierto es que las redes sociales tienen muchas cosas buenas, pero otras en cambio no lo son tanto, dependiendo sobre todo del uso que las queramos dar. Un gran defecto, aparte de las limitaciones a la hora extenderse uno en los detalles de lo que cuenta, es que todo lo escrito va quedando en el olvido. Ese es uno de los motivos de mi predilección por los blogs, el registro que crea este de las historias que cada uno quiere contar…
Esta es una de esas historias, que para mí, merece ser contada y archivada, un bonito recuerdo de una experiencia que en ese momento me ayudó de alguna forma.

Que la vida no siempre es de color de rosa, eso lo sabemos todos. Pero hay ocasiones, no muchas por suerte y no a todos nos toca por igual, en las que se vuelve todo de un tono un poco más oscuro y uno busca refugio en aquello a lo que de verdad le da importancia y deja de lado todo lo banal e insustancial que le rodea.

En mi caso, aparte de mi familia, mi apoyo fue el deporte, pero con una visión diferente. Tal vez por propia necesidad necesitaba demostrarme algo a mí mismo y por ello me propuse un reto que hasta ese momento veía inalcanzable, correr los 50km de los 10.000 del Soplao.
Inalcanzable, no por que físicamente no fuera apto ni mucho menos, sino porque hacía más de 12 años que no corría más de 5km seguidos.
Recogida de dorsales en Cabezón de la Sal.
La idea me surgió allá por el mes de Septiembre de 2013, y partiendo prácticamente de 0 me puse a entrenar y a correr alguna que otra carrera de no más de 5km. Poco a poco me fue picando el gusanillo, y a primeros de 2014 me apunté a mis primeras carreras de trail simplemente para ver como reaccionaba ante las kilometradas por el monte.

Más motivado que en forma, el 24 de mayo estaba a las 8:00 de la mañana en Cabezón de la Sal con mi amigo Oscar esperando a que dieran la salida. Este era mi segundo Soplao, el primero fue en bicicleta (pero esa es otra historia…), y ya conocía el ambiente que se vive en esta “fiesta” del deporte. Nervios, ganas de salir, un nudo en el estómago y 50km de incógnitas por delante.
Compañeros de ruta.
Tras la larga salida de los más de 4.500 bikers de aquel año, nos tocó salir a los corredores de montaña, entre el humo y olor a pólvora de la traca de salida, el jaleo de la gente que anima en cabezón y la típica canción de AC DC que año tras año pone banda sonora al esfuerzo tanto de participantes como de organizadores. Tras un pequeño rodeo por el pueblo de apenas kilómetro y medio encarábamos la larga recta que nos alejaba de todo aquel bullicio los más de 700 corredores camino de que se yo que…
A medida que nos alejábamos se iba calmando el subidón de adrenalina de la salida, aunque en todo momento había gente animando, la estruendosa música pasó a ser un susurro dejando paso al sonido de las zapatillas contra el asfalto y la agitada respiración de los corredores. Teníamos casi 50km de montaña por delante y cada uno comenzaba a coger su propio ritmo.

Aproximadamente a los 3km de tomar la salida, comenzábamos la primera de las subidas del día, La sierra del escudo, unas duras rampas de hormigón que daban paso a una ancha pista de tierra y que durante 5km ascendían hasta alcanzar los 420mt de altura.

Con unas vistas impresionantes de Ruente y tras crestear por la sierra con algún paso complicado de roca, comenzamos el descenso por el cortafuegos llegando en apenas 2 km a bajar más de 200mt por una zona muy técnica y no poco peligrosa a causa de la pendiente. Salimos a una pista de tierra y posteriormente la carretera nos permitió coger de nuevo ritmo de carrera hasta llegar al pueblo en el km11. Aquí, de nuevo la multitud nos arropaba en el estrecho paso por el puente de Ruente y nos daba ánimos para afrontar la siguiente subida a Ucieda. Hasta este punto Oscar y yo corríamos juntos, charlando de vez en cuando para distraernos, subiendo, decidimos mantener cada uno nuestro ritmo para ir más cómodos, no juntándonos ya hasta meta, y es que en carreras tan largas es difícil que dos personas lleven siempre la misma marcha.
Cortafuegos.
Habíamos pasado sin parar el primer avituallamiento y nos dirigíamos al segundo situado en la campa de Ucieda, nos quedaban por delante 5km de subida por pista ancha de graba suelta y un descenso de 3km por un sendero estrecho y con alguna zona más técnica.
La salida a la campa de Ucieda, donde se encuentra el segundo avituallamiento en el km 19 aproximadamente, la recuerdo como una de las zonas más impresionantes de la carrera, por no decir la más… es el punto donde se unen todos los recorridos del Soplao, bici, andar, correr y es por decirlo de alguna manera, un avituallamiento masivo con un ambiente espectacular de gente animando enérgicamente a todo el que pasa por allí y multitud de deportistas buscando algo que llevarse a la boca para proseguir con su aventura.
Recorrido
Al dejar el avituallamiento comenzaba la subida más larga de la ruta, 7km hasta llegar al alto del monte Ucieda, en pleno parque natural de Saja-Besaya, haciendo cumbre en el kilómetro 25,5. No fue una subida excesivamente dura ni técnica, pero sí muy larga, y por aquel entonces, en este punto había superado ya mi kilometraje máximo y todas las sensaciones eran nuevas para mí.
Mi mayor miedo, las rozaduras y las ampollas parecían respetarme por el momento, y las fuerzas me seguían acompañando, parecía que todo iba bien.

Por fin coronaba en Ucieda "de arriba" (680mt) y afrontaba uno de los tramos más bonitos y espectaculares de la carrera, los puentes de Ucieda, o los “puentucos” como los llaman por aquí, un estrecho sendero que serpentea a media ladera de la montaña compartiendo recorrido con multitud de riachuelos que se cruzan con el mismo pasando bajo rústicos puentes de madera resbaladiza durante 5km.
Con pocos corredores me cruzaba ya, prácticamente éramos los mismos los que nos adelantábamos los unos a los otros mientras pasaban los kilómetros y comenzaba a sufrir poco a poco el desgaste del “infierno cántabro”.
Recorrido.
El fuerte mazazo lo dio el Toral, unos 170mt de desnivel salvados en menos de 1km de repecho donde cada uno sube como puede. Aquí las rutas de maratón y de andar unen sus recorridos para compartirlos hasta el final, y es sin duda el tramo más espectacular para poder ver a los corredores-andarines completamente desencajados subiendo la dura rampa, todavía recuerdo las dos paradas para tomar aire y subir agarrándome a las briznas de hierba intentando ayudarme para llegar arriba, empujado por el jaleo de la gente que allí estaba animando y el sonido de la gaita del hombre sentado a media subida.
Una vez terminado el repecho, prácticamente tenía en mente la llegada a cabezón, visionando las calles y recordando la emotiva entrada en el pueblo de años atrás, gran error vender la piel del oso antes de ser cazado… estaba a 840 mt de altura y me quedaba un largo descenso por delante de 8km, partidos por un corto y llevadero repecho de 1km aproximadamente a la mitad. Pero las fuerzas comenzaban a escasear lo suficiente como para hacer que ese repecho pareciera una montaña, prácticamente andando conseguí  salvarlo y poco a poco fui perdiendo altura hasta llegar al pueblo de Mazcuerras.

Ya comenzaban a sobrar los kilómetros y las piernas prácticamente corrían por inercia, pero con casi 42km recorridos ni me planteaba retirarme, solo pensaba en llegar corriendo a meta.
Los siguientes 6km hasta Cabezón, prácticamente llanos por carretera y pistas asfaltadas, puedo decir que son de los más largos que he corrido en mi vida, una recta final de 2km interminable con el speaker de fondo animando a los que me precedían y durante la cual, la cabeza no paraba de pensar… te vienen muchas cosas a la mente, pero sobre todo una gran satisfacción por haberte demostrado a ti mismo que eres capaz de muchas cosas, algunas de las cuales por diversas razones tenías ya olvidadas. Sin darte cuenta es tu turno, es tu nombre el que suena por megafonía y es a ti a quien está animando tanta gente cuando por fin pasas bajo el arco de meta. Buscas a tu familia entre todas las caras que te rodean y te acercas a abrazarlos, por un momento necesitas alejarte un poco de todos para asimilar que has llegado, que lo has conseguido, y aunque para otros esto no sea ninguna hazaña, para ti, en ese momento, es lo más grande…
La familia, siempre en meta.
 Creo que esa es la forma de explicar lo que se siente al cruzar la meta del Soplao la primera vez… y aunque para mí no lo era, la sentí con la misma satisfacción, o tal vez humildad, de aquel que comienza a hacer algo nuevo en su vida, sin saber, sin entender, simplemente disfrutando.
Se que volveré a recorrer el Soplao, no se la distancia, ni se la forma... pero si se que volveré a cruzar bajo su arco de meta sin mucho tardar.
Meta.
Fotos facilitadas por la organización de los 10.000 del Soplao.



Montes de Mijedo, entre la playa y la montaña.


Esta mañana suena el despertador a la misma hora que de costumbre, 7:30 de la mañana, pero es un despertador que no molesta, una vocecilla que nos dice que ya no quiere dormir más, como cada mañana, sin entender de días laborables o festivos. A pesar de ser lunes, no tengo que ir a trabajar ya que es fiesta en Santander, la virgen del mar.

Salto de la cama, e igual que en un día normal preparamos el desayuno y nos vestimos para salir a la calle, pero mi traje de faena hoy es otro… después de una semana de parón completo y un fin de semana de relax, hoy voy a salir al monte a dar un paseo.

Tengo en mente hacer algo tranquilo, sin meterme en mucha complicación puesto que voy a ir solo, y a pesar de haber recorrido la zona varias veces para conocer el monte en bici y corriendo, hoy me apetece hacerlo andando y grabando los distintos senderos en el gps para ir haciéndome un plano de la laberíntica red de senderos que recorren los Montes de Mijedo, uniendo los picos de el Brusco, Caseto Cabrero, el Astrón y Miravalles entre las localidades de Noja y Argoños.

Este monte, al igual que el Buciero, se alza a pié de mar, y sin alcanzar una gran cota de altura, ofrece multitud de posibilidades a los senderistas y ciclistas de montaña que buscan unos recorridos algo más “extremos”. Es un monte de esencia caliza, en zonas fuertemente modificadas por la acción erosiva de la lluvia y cubiertas densamente por bosques de encina, avellano y roble en la zona más cercana a Argoños, y principalmente pinares en su extremo más próximo a Noja.

De tipo circular, doy comienzo a la ruta en Noja, más concretamente en la playa de Helgeras, y aparco a pié de playa aprovechando que en esta época del año todavía no "disfrutamos" de la O.L.A.

Vistas de la playa de Trengandin.
Paralelo a la playa, camino por una pista ancha de grijo que discurre a pié del macizo montañoso recorriendo el barrio de la Teja, durante aproximadamente 2km.

Este tramo puede hacerse más pegado a la playa por un sendero de arena en algunos casos o por una pista asfaltada que discurre paralelamente, en mi caso opté por la primera opción.
Final del sendero y subida al Brusco.
Al final del sendero, tras recorrer escasos 100mt de playa comienza la subida al Brusco, un  empinado sendero bien marcado con algunos escalones de piedra en su comienzo y que rápidamente toma altura dejando a ambos lados unas vistas espectaculares de Noja y sus playas por un lado y Berria, Santoña y el Buciero por el otro.
Vistas de Berria desde el alto del Brusco
Justo en ese lugar, antes de comenzar a bajar dirección Berria, tomamos un sendero a la derecha que se desdibuja quedando algo tapado por la vegetación, en muchos casos cerrado por los escajos, pero la ruta continúa subiendo hacia una zona rocosa en el punto más alto de el Brusco. En esa zona, con precaución ya que se complica el paso, continuamos el sendero que ya se nota menos transitado hasta toparnos con la espesura del bosque, un paso estrecho entre los árboles que forman un “túnel” que parece adentrarse en la oscuridad.
Llegando a "El Brusco".
Esta zona ha sido rehabilitada recientemente, ya que este monte estaba bastante olvidado, y la dirección a tomar, en algunos casos, no parece estar muy clara, pero poniendo un poco de atención puede distinguirse el camino más “pisado” e incluso ver algunas marcas en los árboles.

De entrada el sendero se pone muy cuesta arriba, llegando a ser en ocasiones resbaladizo e incluso teniendo que hacer un poco de “trepada” para salvar algunos pasos, pero es un tramo corto de apenas 1km y medio.
Cueto Cabrero.
En el km 4 de ruta, me desvié del sendero para subir al alto de Cueto Cabrero, que no deja de ser una roca despejada de vegetación de difícil acceso, desde la cual se puede ver el sendero recorrido hasta allí y el Brusco desde una perspectiva un poco más alta. De nuevo hay que bajar por el mismo sitio y continuar la marcha por el camino marcado. Hay zonas en las que es fácil despistarse del sendero y hay que mantener la atención en el camino para no desviarse de este, pero en su mayor parte es bastante intuitivo.

Senderos en el "Mijedo"
Con el tiempo marcarán los senderos con las diferentes rutas que ofrece este monte, ya que desde varios puntos del mismo tiene acceso al pueblo de Argoños y Noja.

Llegando al km 5, (aproximadamente a mitad de ruta), accedemos a una zona despejada de árboles, una campa con una pequeña cabaña de ganado, en la cual confluyen gran parte de los senderos que recorren el monte, en esta ocasión continúo por un sendero que sigue serpenteando a media ladera pasando bajo el Miravalles saliendo hacia la izquierda de este descampado.

Saliendo de la espesura.
A medida que avanzamos dirección al Mijedo, el sendero se hace cada vez más cómodo, atravesando pequeñas dolinas y frondosos bosques y zonas cubiertas de helechos.

Aproximadamente en el km 6 remontaremos de nuevo altura hasta el pico Mijedo de apenas 240mt, en su última parte, recorriendo una pista de “desmonte” desde hace mucho no transitada, y llegando al pico en el km 7 de ruta. Desde aquí podemos disfrutar de una panorámica de Noja, Arnuero, e incluso parte de los espectaculares acantilados de Isla.

El descenso se hace por la pista bien marcada, al principio de roca y bastante rota, pasando a medida que vamos bajando a ser de tierra a hormigonada en su tramo final. Al llegar abajo cruzamos la carretera de entrada a Helgeras, y de aquí un cómodo paseo hasta el lugar donde inicié la ruta por el paseo peatonal del barrio del Molino pasando al lado de las Marismas Victoria.
Panorámica de Noja.

Terminé la ruta con algo menos de 10km recorridos, en cuanto a la dificultad, a pesar de algunos pasos complicados en general es una ruta poco técnica de casi 3h con paradas para fotos.

En definitiva, una ruta para disfrutar de un paseo relajado y sin complicaciones.

Track y datos de la ruta.

IV Monte Brazo Trail.


   Este es mi segundo año corriendo, que no compitiendo (cuestión de principios), en carreras trail, lo que se dice correr por el monte vamos. 

   La verdad es que en esta prueba he podido experimentar sensaciones que tenía ya olvidadas desde que corría en bici hace ya unos cuantos años...
   Puede parecer contradictorio con lo escrito en mi presentación del blog, en caso de que lo hayas leído, pero hay veces que las cosas se hacen un poco sin saber por que.

    Esta carrera se celebra en la localidad de los Corrales de Buelna, carretera a Palencia desde Torrelavega.

   La verdad es que me pilla bastante lejos de casa, y me apunté por una causa bastante ridícula, y por la cual me prometí que nunca volvería a correr, pero como suele decirse el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y esa causa son las trail series Cantabria, un conjunto de carreras a las cuales por asistir y según puesto avanzas en un ranking a nivel regional.

 Cierto es, que tenía bastantes ganas de correr, pero la prueba anterior hacía escasas dos semanas que se había celebrado y la verdad, es que todavía estaba  un poco "tocado".

   Salimos dirección los corrales con un horario bastante madrugador, mi mujer, mi hija y mis padres, a los cuales convencí para ir a pasar el día. Todo bastante rutinario, aparcar, coger el dorsal, ver la zona de salida, café... en fin, lo de siempre, no siendo que empezaba a hacer un calor fuera de lo normal y más para Cantabria en esta época del año.


 Por fin a las 9:30 se daba el pistoletazo de salida. En esta prueba utilizaba los bastones, ya que era una distancia algo mayor de lo habitual, unos 32km (que al final se convirtieron en 34) y aún con esas notaba las piernas débiles, flojeando a cada paso y bastante inestables.

   La carrera comenzaba subiendo, aproximadamente en el km 5 habíamos ascendido ya a Cueto Moroso, de 580mt, por zonas de dificultad técnica bastante alta, vadeo de ríos, resbaladizos cantos rodados  y estrechos senderos.
    El ritmo de carrera era bastante lento a causa de los embotellamientos formados por la multitud en los pasos complicados, lo cual era de agradecer ya que las sensaciones no eran muy buenas.

   Tras una corta bajada que apenas llegamos a notar, alcanzamos el refugio Orza, una zona despejada de árboles, y por lo tanto de sombra, y aquí comenzaba el auténtico infierno.

   El sol nos pegaba de lleno y comenzaba la segunda subida de la jornada, el temido Monte Brazo.

   Se trata de un sendero de piedra suelta que asciende  haciendo "eses" durante 5 duros km.

   Por fin, cuando parecía que hacíamos cumbre tras largo rato subiendo, nos topamos con un empinado cortafuegos de aproximadamente 1km, llegados a este punto el agua comenzaba ya a escasear, y el calor comenzaba a ser sofocante.

   Tras afrontar prácticamente todo el tramo caminando, conseguí coronar la Garmía (740mt), aproximadamente el km 12 de carrera.


   Pude cargar agua en el avituallamiento y me tomé el descenso con tranquilidad, un sendero estrecho por una braña poco técnica, donde me fui animando al ver que podía continuar trotando suave y manteniendo un ritmo decente.

   Apenas había bajado 1km cuando de nuevo se ponía el terreno en contra,  otra subida de 3km hasta el alto de la Cuera de 815mt.

   En este punto, la carrera era un sálvese quien pueda, los pies, por alguna extraña razón, llenos de  ampollas, y a duras penas me dejaban correr. Podía notar el calor del suelo atravesando la suela de las zapatillas, y cada paso mal dado me hacía ver las estrellas del dolor, intentaba mantener la concentración de las pisadas para no torcerme los tobillos, pero aun así, a veces resultaba inútil...



   Comenzaba el descenso "largo" del día, casi 5km de bajada partidos aproximadamente al la mitad por un pequeño repecho, pero cuando vas mal, entre subir y bajar no parece haber diferencia alguna.

   Sin saber muy bien cómo, seguía en carrera, mi cabeza comenzaba a pedir una tregua y se me pasaba por la mente la idea de tirar la toalla. Una nueva subida se imponía... otros 2,5 km para llegar al caserío de Senén, la verdad es que poco recuerdo tengo de este tramo, sin darme cuenta había llegado al alto y estaba de nuevo bajando por el sendero para salir a una de pista ancha de grijo en la curva de Tejas. Aquí los ánimos de la gente me empujaron  a continuar trotando lento y plomizo, y la sombra de los arboles daban un respiro a la insolación de toda la mañana.

   Las palabras de una chica a pié de pista me subieron el ánimo, a mí y a mis compañeros de sufrimiento...

-¡Animo, que es todo bajar!.

Mentira!, esto, a pesar de ser con buena intención no se hace.



   Y así, con más pena que gloria comenzábamos la última de las subidas largas de la jornada, otros 4 km acumulando desnivel. Creo que llegados a este punto, la única explicación para seguir sufriendo puede ser ¡Ya que estamos aquí! puesto que corría ya el km 22 aproximadamente de carrera.

    A  media subida teníamos otro avituallamiento en el que comenzaban a racionar el agua, suerte que al final de la subida teníamos un bebedero de ganado donde poder refrescarnos y donde por cierto, olvidé mi gorra al meter la cabeza en el abrevadero.

   A partir de aquí, mi cuerpo y mi mente dijeron basta, por miedo no me atrevía a correr, así que andando afronté la corta bajada a Rivalavara, en la que pude ver cómo me "pasaban" muchos de los corredores que había dejado  atrás anteriormente. Lo cierto es que hacía mucho que no me sentía tan derrotado física y mentalmente.

   Recorriendo el estrecho sendero que se adentraba en el bosque al final del tramo de descenso, se empezaba a escuchar la música de meta, prácticamente soñaba con terminar y salir de aquel infierno.

-Vamos solo queda esta subida!

   Levanté la mirada y tenía ante mí una imponente braña con un sendero marcado por los escajos, ya no oía la música, no corría ni una gota de aire, y solo escuchaba el zumbido de las moscas a mí alrededor. Es curioso, pero en ese momento ya no pensaba en nada, solo en el zumbido de las moscas…

   Por un instante, sentí miedo de haberme pasado de la raya conmigo mismo, noté una extraña sensación y apenas tenía el control de mi mismo, pero sin saber muy bien cómo me seguía manteniendo de pie, creo que es el preludio de un desmayo, que gracias a dios, no llegó a ocurrir, a diferencia de un corredor que estaba siendo atendido justo en el alto y que apenas si podía ponerse en pié.

   Al coronar, se abrió el paisaje y a mis pies tenía los Corrales, veía el arco de meta, escuchaba al comentarista, pero lo técnico del trazado y mis fuerzas no me permitían correr, así que poco a poco fui bajando de aquel peñón.

Tan solo 1,5 km de asfalto me separaban del final, con un último esfuerzo me lancé a correr, o algo parecido, y  por fin pasaba bajo el túnel  desde el que dieron la salida y pisaba la alfombra roja de meta animado por la gente que allí esperaba a sus familiares y amigos.



   Ni miré el tiempo en carrera, unas 4h y 30’, cogí una lata del stand,  y me puse a beber caminando sin rumbo entre el resto de corredores sin muchas ganas de cháchara. Todo había terminado y no me apetecía recordarlo. Lentamente me acerque al arco de llegada y allí me esperaba mi familia.

   Apenas si tenía fuerzas para hacerme una foto. A trompicones me acerqué al parque donde habían instalado la mesa para comer y me tumbé un rato a la sombra con los pies en alto mientras contemplaba a otros corredores saliendo de la ambulancia o siendo atendidos por  los masajistas, y es ahí cuando te das cuenta que a pesar de todo no has salido tan mal parado.



   Han pasado ya dos semanas de esta carrera, y llevo dos semanas sin correr, esperando volver a tener ganas para salir a trotar, y el mejor recuerdo de este día son las caras de mi familia en meta.

   Sinceramente, creo que en absoluto mereció la pena el esfuerzo, sí por haber terminado la carrera, pero no por terminar de alguna forma “arto” en el intento.


   Como se suele decir hay días buenos y otros no tanto, y este es para olvidar, pero sobre todo es para aprender de el.

   Sin más, un saludo, y espero que la próxima publicación, venga con algo menos de sufrimiento y un poco mas de diversion, que al final es la unica recompensa que nos queda de todo esto.

Os dejo el perfil y recorrido de la carrera.

Fotos de: Fotopostigo y la organización de la prueba

Track y datos de la ruta:


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IX Enduro de Cerredo


Tras una semana de obligado parón,  y es que a veces hay que escuchar al cuerpo, se presentaba un fin de semana tranquilo, no había hecho planes de ruta y por supuesto ni hablar de carreras de momento, estar parado unos días no me vendría nada mal.

A lo largo del Sábado me empezaron a llegar noticias de la asistencia de algunos compañeros del club  de btt a la marcha de bici de montaña “La enduro de Cerredo”, una marcha que hace años (9 exactamente), nacía en el pueblo de Cerdigo, pegado a Castro Urdiales (Cantabria), con la intención de desvincularse por decirlo de alguna manera del mtb tradicional de pisteo y kilometrada ofreciendo una opción un poco diferente…

La prueba, no carrera ya que no es competitiva, consta de un recorrido de 20 kilómetros con un desnivel acumulado de 980 metros por terrenos un poco más complicados de lo "normal" y simplemente cumples si llegas para disfrutar de la barbacoa y el sorteo que realizan al final de la misma en la plaza del pueblo.

La idea de “no competitiva” y volver a encontrarme con los amigos de la bici me animó a acercarme a Cerdigo el domingo por la mañana.

Al despertarme, el tiempo no animaba demasiado a salir de casa, pero como decía un compañero de rutas, ir hay que ir siempre, después ya se verá… así que a las 9 de la mañana tras un escaso desayuno y apenas media hora de viaje estaba aparcando el coche y de camino a hacer la inscripción.

Al llegar a la plaza, me encontré con muchas caras conocidas y alguna de ellas sorprendida por verme de nuevo allí después de casi 3 años. Sin saberlo, hasta yo echaba de menos el ambientillo endurero.
A las 10:00, tras las pertinentes explicaciones y consejos de los organizadores se dio la salida del núcleo urbano de Cerdigo. A escasos 20 mt de la salida, afrontamos el duro repecho del centro del pueblo para, de seguido, bajar por una empinada cuesta de hormigón roto saliendo del núcleo urbano, a continuación  apenas 150 mt de asfalto pasando bajo la autopista para desviarnos por un sendero de piedras a mano derecha y comenzar la larga subida “de Saltizones” , dirección al monte “Cerredo” que da nombre a la marcha.

La subida, de unos 7,5km, es bastante llevadera, aunque con tiempo húmedo se hace pesada ya que la bici se pega como una lapa al terreno arcilloso. Aproximadamente en el km 2 nos desviaron de la pista principal hacia un pinar a mano izquierda disfrutando de una corta aunque en puntos bastante técnica bajada y de nuevo retomar la pista hasta llegar a pié de “cortafuegos”, una recta de unos 150mt de piedra suelta, donde echar pié a tierra es lo habitual, y mas con el día que teníamos.
Tras cargar con la bici durante este tramo, se suavizaba el terreno durante 1km siendo muy ciclable, y tras el cual, nos desviaron por un estrecho sendero recorriendo la ladera norte del monte llamado “Capazorros” que en días despejados nos deja disfrutar de unas vistas espectaculares de la costa.


Continuamos por pista poco técnica pero repleta de charcos, pozas y barrizales, y una corta trialera de unos 200mt de bajada que en su final desembocaba en una pista ancha de grijo para comenzar de nuevo a remontar altura. Entre la fuerte pendiente de la pista y el maltrato que había sufrido la misma durante el invierno, se antojaba difícil el subir montado hasta el avituallamiento en el km 8. Una breve parada de reagrupamiento reponiendo fuerzas y comenzamos el descenso por la plataforma de los alemanes para bajar a la Cubilla en el km 13, un descenso rápido con algún paso complicado pero poco técnico en definitiva.

 De aquí, comenzamos nuevamente el ascenso por pista para pasar de nuevo por la plataforma y  subir al avituallamiento, km 15, donde repetimos parada para recuperar fuerzas.

Desde aquí solo quedaba afrontar la corta subida por el pinar, oculto en una espesa niebla y un suelo repleto de resbaladizas raíces. Por fin llegamos al cortafuegos del Cerredo, apenas 100mt de pista muy rota que en seco es duro pero ciclable, pero hoy no se daba esa circunstancia, así que tocó de nuevo portear. Al coronar, con un giro a mano derecha, descendimos por una red de estrechos senderos fuertemente marcados entre los escajos por la ladera de Capazorros, durante casi 2,5km para salir a una pista más ancha, rápida y de curvas bien peraltadas. Un rápido descenso hasta llegar a Cerdigo nuevamente tras los 21km de ruta. 

Sin poder quedarme a la barbacoa final, me marché a casa con la sensación de haber disfrutado de la mañana a pesar del mal tiempo, y la satisfacción de haberme reencontrado con compañeros de ruta a los que hacía tiempo que no veía, y por si fuera poco dos pares de calcetines de Maestre, un regalo del sorteo celebrado en meta, solo espero que no pase tanto tiempo hasta poder asistir a la próxima ruta.

Gracias a la organización de la marcha por las fotos, no se puede pedir más con el día que estaba.
Aquí os dejo un esquema del recorrido y perfil.
Un saludo.