Los Castros de Horneo y Porra de la Colina - Collados del Ason.

   Tras una semana de frío y lluvias parecía que por fin tocaba ruta con raquetas… El pronóstico del tiempo de cara al fin de semana era bueno… demasiado bueno.
   La carga de nieve en picón del fraile, aparentemente consistente desde la autopista, se deshacía a finales de semana a la vez que el viento sur irrumpía en todo el norte peninsular dejándonos con la miel en los labios.
   Tras barajar varias posibilidades en busca del manto blanco, decidimos subir a los collados del Ason y allí ya veríamos lo que hacer.

   Por fin llegó el sábado, escueto desayuno y a las 7:00 de la mañana recogía a Diego y a Rubén, su compañero de trabajo, en Colindres.
   Tras el trayecto de menos de una hora llegábamos al aparcamiento de los collados del Ason todavía de noche. No podíamos distinguir la cantidad de nieve en las cumbres, pero la agradable temperatura nos declinó por no cargar con las raquetas toda la ruta, así que las dejamos en el coche.

   Con el frontal, aunque prácticamente innecesario, comenzamos a caminar por la pista hacia el alto de la Posadía. Como ya lo hiciéramos en la ruta de la Porra de la Colina, en el alto y con las primeras luces del alba nos desviamos a la derecha, hacia la cabaña de Sotío. Si bien, en esa ruta bordeamos por la parte inferior los Castros por la ladera derecha, esta vez guiados por Rubén, la idea era subir a ellos directamente y atravesarlos. Al llegar a la cabaña salimos del sendero a mano izquierda cobrando altura rápidamente ladera arriba bordeando su muro de piedra.

Subiendo a los castros de Horneo.
   Aunque muy pronunciada, la subida no es especialmente difícil, encontrando en algún caso escalones que facilitan la ascensión. Las grandes rocas  que coronan los Castros de Horneo se convierten en inmensos paredones entre los cuales caminamos buscando el paso más fácil en el berrocal de caliza entre las caóticas esculturas naturales formadas tras el paso de los años. Esta zona esconde multitud se senderos, la mayoría de ellos abiertos por ganado que pasta a sus anchas por la zona, así que es fácil perderse sin mapa, gps o guía que conozca la ruta, a pesar de que el sendero principal es bastante intuitivo hay zonas que dan lugar a confusión. Pronto alcanzamos una pequeña depresión custodiada por el castillo de los Castros, una mole kárstica que se yergue verticalmente con silueta similar a la de un torreón medieval. 

"El castillo."
   Tras un descanso contemplando las vistas y ya con el amanecer avanzado, continuamos la ruta internándonos en los castros.
   Tomando comando como referencia la ladera que cae sobre el valle de Brenavinto a nuestra derecha, la ruta continua paralela al mismo "cresteando" y esquivando los bloques de piedra.
   Entre argomas y escajos, recorriendo los estrechos senderos llegamos al laberinto. Sin duda alguna el lugar más sorprendente de los collados del Ason en cuanto a paisajes kársticos se refiere. El sendero discurre entre inmensos bloques rocosos, aparentemente cortados “a cuchillo” de forma geométrica, como las estrechas calles entre los edificios de una gran ciudad, el paso de estos “callejones” naturales, se encuentra en su mayoría obstaculizado por grandes rocas y vegetación. Es una zona sombría y húmeda donde todavía se mantenían bloques de nieve a pesar del viento sur de estos últimos días.



"El laberinto."
    En las paredes, pueden observarse las diferentes capas de la roca diferenciadas por la variedad de colores que representa la pared, quedando dividida horizontalmente de forma casi perfecta.
   Alguna surgencia en las alturas formaba pequeñas cascadas haciendo de este paso un lugar idílico.
   Disfrutando de las vistas y el espectacular recorrido llegamos al final del laberinto donde comenzaron las dudas. Tomando una ruta “alternativa” convertimos la ruta en “aventura”.
   Las hermosas vistas del Veinte y el Pizarras nevados aparecieron frente a nosotros. A mano derecha una fuerte caida nos separaba del Poljé de Brenavinto, el sendero quedaba reducido a una línea serpenteando por el fondo del valle.


   Por error, descendimos por el barranco, y continuamos a media ladera intentando no perder más altura y buscando el paso por donde avanzar en la pedriza hacia la cabaña de Concinchao. Sin darnos cuenta, y bajo la atenta mirada de excursionistas que caminaban por el sendero, dejamos a nuestra derecha, algo más arriba la cueva de Turutuerta y la puntiaguda peña que se alza vertical, la cual tendremos en cuenta como referencia para futuras ocasiones.



   Por fin, tras escaladas y destrepes, con tramos más propios de alpinismo que de senderismo, alcanzamos el sendero que perdimos algún kilometro atrás. Ya seguros de estar en el camino correcto decidimos parar un rato para contemplar el paisaje y recuperar fuerzas.
   Siguiendo la señal, y el sendero ya balizado continuamos ascendiendo hacia la porra de la colina.
    Esta montaña, con la estructura típica del modelado kárstico, se encuentra dividida en varias plataformas o terrazas a diferentes alturas. Si bien en la ruta de "vuelta a la porra de la Colina" descendíamos por la paralela a un nivel inferior más próxima a Sel de Cuende,  en esta ruta estábamos conociendo otro acceso a la cima por la cara sur.

"Sendero correcto"
   A medida que tomábamos altura y contra todo pronóstico comenzábamos a encontrar nieve. El bosque nos ofrecía una bonita estampa con el contraste del blanco y el verde del musgo en árboles y rocas.

"Bosque"
   Por fin llegamos al último tramo antes de alcanzar a la cumbre de la Porra de la Colina. Decidimos continuar directamente ladera arriba en vez de rodearla, a pesar de la fuerte inclinación y abriéndonos paso en la nieve que en ocasiones nos cubría hasta la rodilla. Con la Peña del Fraile a nuestras espaldas y tras un duro tramo final llegábamos a los 1.442mt de la Porra de la Colina.

"Subiendo a la porra de la colina."
   A pesar de la nieve, la agradable temperatura y la ausencia de viento, invitaba a disfrutar del almuerzo junto al buzón de la cumbre.

"Cumbre."
   Continuamos descendiendo hacia Hoyon de Saco, cumbreando al borde del Barranco de la Sota dejándolo a nuestra izquierda. En lugar de bordear la dolina por el bosque de su margen derecho, descendimos directamente al lapiaz siguiendo estrechos senderos a veces cubiertos por la nieve.


   Pasamos sobre la plataforma de abrasión y continuamos descendiendo por el sendero bien marcado y sin perdida, con los castros de Horneo a la derecha y la caída del Valle de Ason a nuestra izquierda. Rápidamente perdimos altura y alcanzamos la zona del “Sotío”, pasando de nuevo frente a su cabaña y descendiendo el último tramo hasta la pista del alto de la Posadía.


   

   De aquí, un paseo por la pista hasta el aparcamiento para terminar la ruta con unas 6 horas de caminata.

"Ultimo tramo de bosque."
   No cabe la menor duda de que siempre se aprende algo nuevo. A pesar de compartir la misma cumbre y que parte del camino de bajada de la misma, coincide con la ruta hecha en el mes de octubre (Porra de la Colina), es una ruta completamente distinta, comparten lugares de paso impresionantes, pero esta tiene zonas algo más complicadas y sobre todo recalcar el paso por los laberintos.

   A medida que descubrimos rutas nuevas, se abren un sinfín de posibilidades en los Collados del Ason de cara a futuras rutas y alguna que otra larga “tirada” para los meses de verano.
   Nunca me cansaré de decirlo, pero la montaña nunca deja de sorprendernos, para bien o para mal.

   Agradecer a Ruben y a Diego, mostrarnos esta nueva ruta y la buena compañía en esta mañana de monte.


Para ver todas las fotos pinchar en el enlace.

Track y datos de la ruta.



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Buciero - Peña Ganzo, La Torca y camino blanco.

   Con el comienzo del nuevo año el invierno hace presencia tímidamente y por fin las tan necesarias lluvias, el frío y la nieve en las cumbres han sido la tónica predominante de la semana.
   Llega el domingo, y lejos de quedarme en casa, de forma improvisada me calzo las botas, meto el impermeable en la mochila y salgo dirección a Santoña, es la suerte de tener un monte repleto de senderos, con muchas y variadas rutas cerca de casa y que sin dedicar mucho tiempo me permite disfrutar de la montaña.

   El Monte Buciero, declarado parque cultural, se eleva como cota máxima hasta los 376mt sobre el nivel del mar en la peña Ganzo. De naturaleza kárstica, está cubierto por un espeso manto de vegetación casi en su totalidad, haciendo de el un monte sombrío y muy húmedo donde proliferan las encinas, laurel y madroños, y en menor medida otras especies como avellano, roble y acebo formando espesos bosques enmarañados por multitud de especies de planta trepadora.


   Su naturaleza, apenas ha sido modificada debido a las pocas posibilidades ganaderas del monte. Si existen pequeños vestigios de actividad minera que conviven con restos de estructuras de origen militar, el monte Buciero es un privilegiado mirador del mar cantábrico, y por lo tanto, un importante punto de vigilancia y control marítimo en tiempos de guerra, por ello a lo largo de las rutas que recorren el monte, podemos observar las ruinas de fortificaciones y puestos de vigilancia algunas de ellas rehabilitadas.

"senda principal"
   Apenas 10 minutos en coche desde casa, y puedo comenzar la ruta prácticamente en el monte.  
   Comienzo tomando altura desde el pequeño aparcamiento que se encuentra a escasos 100mt pasado el fuerte de San Martín. A nuestra derecha, a medida que tomamos altura se van ampliando las vistas de Laredo, el puntal y la entrada de la ría. El sendero, empedrado de lisa roca se va cubriendo por la vegetación que crece a ambos lados del mismo, hasta llegar a la peña del fraile.


   En este punto el camino gira a la izquierda y queda completamente despejado ofreciendo unas espectaculares vistas del abra y toda la costa hasta la entrada del puerto de Bilbao.

"Cruce de las minas"
   Un corto descanso y continuo la ruta pasando junto a la casa de la leña, una cabaña rehabilitada que queda a mano izquierda. Apenas 200mt y nos topamos con una senda que se desvía a la izquierda, más estrecha y sombría, en el cruce de las minas. Por ella me interno en el bosque.

   El único desvío posible, un cruce a apenas 50mt del anterior conocido como el Tajo, donde sigo por la senda de la derecha. A partir de aquí el sendero está bien marcado y es bastante intuitivo. Ayudado por las marcas del PR (culminaciones del Buciero) pintadas en los arboles es fácil seguir la ruta.  

"paso por el Peñon del Pasadizo"
   La ruta pasa por la zona de la mina, las paredes laterales toman altura formándose una canal por la cual discurre el sendero, los tonos ocres de las hojas tapando el suelo contrastan con el verde intenso del musgo que cubre troncos y rocas. La escasa luz que consigue atravesar las copas de los arboles hace del Peñon del pasadizo un lugar idílico y tenebroso.

"Peñon del Pasadizo."
   Poco más adelante llego al valle de los avellanos, una pequeña depresión donde el sendero se desdibuja. En este punto hay que tomar altura por la loma derecha. La senda se pierde, y pasa a ser una zona más complicada con cortas trepadas.

   En este tramo es fácil perderse, las marcas son escasas, así que subo prácticamente en línea recta hasta toparme de nuevo con el sendero unos cientos de metros más arriba tras un macizo rocoso.


   El camino da un respiro con un corto tramo prácticamente llano, la espesura del bosque apenas deja apreciar la altura cobrada.
   Pronto el sendero se desgaja en dos, uno que pierde altura, y otro que a mano derecha continua ascendiendo entre árgomas y escajos con duras rampas de resbaladizo barro, sigo por el ascendente.

   Abandono la espesura del bosque y el estrecho sendero pasa a ser una amplia campa por la que continúo subiendo en línea recta atravesando "el campuco". A mis espaldas las vistas se abren y muestran las montañas del interior hasta donde alcanza la vista, con Laredo y su puntal en primer plano.
   Un corto repecho entre árboles, me deja ante la señal que indica la senda a la cruz o cumbre de la cruz , y la de Peña Ganzo. 

"Peñon de la Cruz."
   Me dirijo a la primera para disfrutar de las vistas de Santoña a los pies de la cruz que preside el monte. La villa marinera aparece diminuta bajo el Buciero, a la derecha, el alto de la bandera en primer termino, la línea de playa con Berria, Helgueras y la localidad de Noja, el cabo de Ajo e incluso la bahía de Santander, a la izquierda Laredo y la ballena de Oriñon, y de frente las montañas de los collados del Asón y la vega de Pas muestran ya sus cumbres blancas por la escasa nieve caída esta semana.

Contemplo un rato las vistas y continúo deshaciendo lo andado hasta el cruce de caminos anterior, donde tomo dirección a la peña Ganzo. El sendero se estrecha entre escajos, profundos charcos de barro lo hacen difícil de transitar en este primer tramo.

"subida a peña Ganzo."

   Pronto comienza a cobrar altura hasta toparme con una estrecha canal de roca que, aunque, sin dificultad, obliga a una corta trepada hasta toparnos con un punto sin salida.    La peña Ganzo o "las chimeneas" está sobre el muro de la derecha. Una pequeña terraza equipada con un vértice geodésico sobre una plataforma de hormigón constituye esta pequeña cumbre.

"Peña Ganzo"
"Vertice Geodésico."
   Tras el destrepe, camino sobre mis pasos para bajar por “la Torca” al camino blanco o de las carretas. El sendero se pierde en la vegetación baja, se sigue más o menos el terreno más pisado por el ganado. A medida que se pierde altura aparece más marcado un estrecho sendero que nos llevará en vertical prácticamente, con fuertes y resbaladizas pendientes y los arboles como único punto de apoyo hasta el camino blanco.

"Bajada por la Torca."
   Tras el complicado descenso, el camino de las carretas atraviesa el monte Buciero de lado a lado, sombrío por la espesura del bosque y atravesando varias hoyas y pozas a lo largo de su recorrido. Es un tramo entretenido y cómodo que finaliza en la senda proveniente del faro del caballo y que bordea dando la vuelta a todo el monte.

"La poza del Agracio (Camino Blanco.)."
   Subiendo por la misma hacia la derecha, comienzo el camino de regreso para terminar bajando de nuevo al fuerte de San Martín por el mismo tramo por el que comencé la ruta 3 horas antes y tras 8 km aproximadamente.

"senda principal"
   El monte Buciero oculta varias rutas en un espacio reducido, rutas que en casos pueden llegar a ser complicadas pero cortas en su mayoría. Ofrece impresionantes panorámicas del mar cantábrico así como rincones idílicos al paso de los diferentes recorridos en su mayoría bien señalizados.

Datos y Track de la ruta.

Amanece desde el Buciero.



   Hay quien pone toda su esperanza en el comienzo del nuevo año, yo prefiero no pensar tan "a la larga" y poner la mía en el comienzo de un nuevo día.



   Levantarse de la cama cuando todos duermen y emprender la marcha. Caminar cuando aun no hay luz y el frío de la noche todavía está presente, tiene una recompensa que supera con creces cualquier esfuerzo. El amanecer es un espectáculo gratuito que día a día se nos regala y pocas veces nos paramos a disfrutar como se merece.



   Comienzo el 2016 compartiendo pocas palabras pues no son necesarias, y este amanecer en el monte Buciero, pequeña cumbre que se alza desde el mar Cantábrico y a cuyos pies descansa la villa marinera de Santoña.