Embalse del Ebro - Circular desde Reinosa.

   Frecuente punto de paso en nuestras idas y venidas de la montaña  Palentina y de Campoo es el municipio cántabro de Reinosa junto al cual discurre la autovía A-67, vía de unión de Cantabria con la meseta.


   Junto a Reinosa, extendiéndose entre Cantabria, por la comarca de Campoo y Burgos por las Merindades se encuentra el embalse o pantano del Ebro.

   Alimentado mayormente por ríos de la comunidad cántabra, el pantano del Ebro presume de ser uno de los más extensos de España y actúa como un importante regulador del caudal del rio Ebro desembalsando agua gradualmente, lo que evita dentro de lo posible sequías durante el verano y crecidas durante el invierno… aunque en los últimos tiempos ambas vienen siendo habituales en las diferentes épocas del año.

   Con su construcción, iniciada en 1921 e inaugurado en 1952, el pantano sepultó bajo sus aguas una llanura herbosa por la cual serpenteaba el Ebro llamada la Rasa de Campoo, y con ella pueblos como  Quintanilla, Quintanilla de Bustamante, La Magdalena o Medianedo, y obligó a desplazar muchos otros a orillas del embalse.

   Esos pueblos son los que estábamos decididos a recorrer en esta ruta bordeando la orilla del pantano saliendo y terminando en Reinosa…

   No madrugamos, cerca de las 8:30 de la mañana cargábamos la bicicleta de Diego en el coche y tomábamos la autovía en un día que amanecía soleado y sin una nube en el cielo.

   En menos de 1 hora estábamos aparcando en el centro de Reinosa, en el llamado aparcamiento central.

   Tras desayunar descargamos las bicicletas, nos equipamos y comenzamos la ruta.

   Nos desviamos a la plaza España en busca de agua y retomamos la calle “La Ronda” para salir de Reinosa por la carretera de circunvalación pasando bajo la autovía Cantabria-meseta por la que llegábamos apenas 1 hora antes.

   Rebasadas varias rotondas, en todas ellas tomado de frente,  accedimos a la carretera que bordea el pantano (CA-171) amplia y en buen estado permitiéndonos rodar “alegremente” con un viento que soplaba ligeramente a favor.


"Requejo."
   No tardamos en pasar junto a Requejo, y tras esta pequeña localidad aparecían ya las aguas del embalse del Ebro.


"Carretera Reinosa-Corconte."
   La carretera Reinosa-Corconte cobraba suave inclinación y tras un corto descenso llegamos a la vera de las aguas del embalse en Campoo de Yuso, nombre en castellano antiguo que se traduce como Campoo de abajo, por ser esta la parte más baja del valle de Campoo.


"Mirador Campoo de Yuso."
 Dejando atrás el mirador del pantano atravesamos  Orzales, localidad famosa por su pan y donde a pie de la vía muerta  podemos ver  el monumento recordatorio al aeródromo que existió en el lugar durante la guerra civil hoy oculto bajo las aguas. De Orzales nos despedía la pequeña iglesia de San Román.


"Orzales"
   El asfalto nos alejaba de Reinosa y ampliaba las vistas de las montañas todavía cubiertas por buena cantidad de nieve, nieve que terminará en el embalse en unas semanas.


"Carretera Reinosa-Corconte."
   Junto a la carretera se extendían las turberas en amplias llanuras hasta la orilla del embalse donde pastaban algunas cabezas de ganado en su mayoría vacas frisonas y caballos.


"Turberas junto al pantano del Ebro."
   El bonito paisaje nos acompaña a nuestro paso por las Localidades de la Población y Corconte, cuyo famoso balneario y planta de embotellado se encuentran  ya en la provincia de Burgos.


"Abandonando Cantabria."
   Recién pasado el balneario  tomamos la carretera proveniente del puerto del Escudo, otro acceso desde la comunidad de Cantabria, siendo  este desde el Valle de Toranzo.

   Continuamos por la N-623 durante 8,5 kilómetros hasta Cabañas de Virtus. Este tramo con asfalto en peor estado soporta mayor cantidad de tráfico, sobre todo camiones resultando quizá  el más incómodo de la ruta.

   Junto a la estación de cabañas de Virtus nos desviamos a la derecha dirección a la Gándara pasando a rodar por una estrecha y solitaria carretera secundaria. Este era el punto más alejado de Reinosa y comenzábamos el regreso con 32 kilómetros de ruta.


"Carretera de la Gándara."



   Por la tranquila carretera rodamos junto a las Peñas del Estar y paralelos a las vías del tren Bilbao-La Robla atravesamos un paisaje marcado por los arenales y zonas repobladas de pino silvestre mientras la vegetación se apocaba como en un sistema dunar.

   La estrecha carretera secundaria, cruzada por las vías del tren en un paso a nivel, nos dejaba en la más ancha  BU-642, que nos elevaba hacia Herbosa. 


"Herbosa."
   A buen ritmo, aprovechando la bajada recorrimos 4 kilómetros hasta toparnos con la señal indicadora de la Playa de Arija, hacia donde tomamos desviándonos a la derecha.

   A la entrada del pueblo nos recibía la cantera de arenas silíceas. Recorrimos las calles del barrio de abajo  dirigiéndonos hacia la playa junto a grandes viviendas de tipo señorial, la mayoría con aspecto de haber pasado tiempos mejores. Grandes edificios de carácter industrial cerrados y vacíos, recuerdo de la importancia económica y laboral de la localidad donde se asentaba la fábrica de cristalería española. Afectada por la construcción del embalse fue trasladada convirtiendo Arija en un pueblo tranquilo a orillas del pantano del Ebro.


"Playa de Arija."

"Playa de Arija."
   La carretera desapareció al final de la calle Gran Vía una vez pasado el Camping llegando a la playa artificial de Arija donde el baño está permitido.

   El baño en lugares no señalizados no es recomendable pues en algunas zonas el embalse tiene grandes profundidades.

   Tras un rato contemplado las vistas y disfrutando de las agradables temperaturas de un día casi veraniego retrocedimos sobre nuestros pasos para continuar nuestro camino, no sin antes desviarnos hacia el pinar con buenas vistas de las montañas de Campoo y el embalse.


"Pinar de Arija."

"Vistas del pantano desde el pinar."
   Por el paseo de la playa, rodando junto al pantano  y el embarcadero cruzamos bajo las vías del tren y retomamos la carretera (BU-642) abandonando finalmente Arija.

   De nuevo rodábamos por tierras Cántabras recibiéndonos la localidad de  Bimón y recortando la orilla del pantano por una serpenteante carretera  dejando atrás los pueblos de Llano y Renedo hasta llegar a Villanueva de las Rozas.


"Saliendo de Arija."
   En este punto nos olvidamos de la carretera y las ruedas finas internándonos por una pista de graba, aun a riesgo de pinchar, durante unos 500 mt buscando la iglesia de Villanueva de las Rozas también conocida como la Catedral de los peces.


"Villanueva de las Rozas."

"Villanueva de las Rozas."
   Realmente merece la pena apartarse brevemente de la carretera para ver la portentosa torre emerger del agua, únicos restos visibles de lo que fuera la iglesia. El campanario hace hoy de mirador, aunque la pasarela de acceso se mostraba decrepita y no daba acceso a la torre.


"Catedral de los Peces."

"Pasarela."
   Retrocedimos por el camino de grijo hasta la carretera y proseguimos nuestro camino.

   Las pequeñas localidades situadas junto a la carretera mostraban en su mayoría un aspecto cuidado, pueblos de pocas viviendas de tipo tradicional, de gruesas paredes de piedra y poca altura. Pequeñas y verdes  parcelas cerradas por muros de piedra. Llamaba la atención la cantidad de ermitas sitas alrededor del embalse del Ebro, independientemente del tamaño de la localidad siempre hay una entre las casas.


"Presa."
   No tardamos en llegar a  “Arroyo” cruzando sobre la presa.  Junto a la misma se alza un monumento recordatorio de su construcción y a los implicados en ella de forma voluntaria o no. De un lado, el agua alcanzaba un nivel cercano a los máximos del embalse, del otro el Ebro proseguía su camino moderado y manso hacia el mediterráneo.


"Embalse del Ebro."
   Menos de 10 km nos separaban de Reinosa  pasando por Villafría, junto a la cual descansan  las ruinas de la ciudad romana de Julióbriga. Un tramo de carretera que serpenteaba por extensos bosques de hayas, robles, olmos y fresnos rodeados de numerosas  cigüeñas buscando alimento.



   Finalmente tomamos la entrada a Matamorosa y nos desviamos hacia Reinosa por la avenida Castilla regresando al aparcamiento tras 4 horas de ruta y cerca de 70km rodeando el pantano.

   Es una ruta fácil y asequible, prácticamente llana y por buenas carreteras que premia al turista con impresionantes vistas del pantano en todo su entorno atravesando pueblos donde el tiempo parece haberse detenido.

   En primavera sus orillas se convierten en un vergel que se nutre del agua de deshielo proveniente de las próximas montañas de Campoo todavía cubiertas de blanco. Turberas y humedales donde pastan cabezas de ganado y se alimentan infinidad de aves acuáticas.

   Un bonito paisaje modificado por el hombre en un tiempo pasado no tan bonito...

   Salpicado por expropiaciones forzosas y protestas silenciadas  donde muchos habitantes cedieron sus casas y tierras por compensaciones y promesas incumplidas y el éxodo de miles de familias que vieron sumergirse sus hogares y su sustento. 

   Más allá de lo deportivo y lo turístico, bordear el pantano del Ebro es visitar la memoria histórica, algo también necesario porque como suele decirse, hay que recordar el pasado para poder  entender el presente.

Para ver las fotos abrir el enlace:
Fotos.

Track y datos de la ruta:


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Pozo de las Lomas - Cardaño de Arriba.

   Son las 6 de la mañana y recojo a Diego para tomar rumbo a la montaña palentina. Tras casi 2 horas de viaje paramos a desayunar en Cervera de Pisuerga donde ya se ve movimiento de montañeros que bajan de las habitaciones del hotel y coincidimos en el bar. Tras desayunar, continuamos por la bonita carretera que bordea los embalses de  Ruesga  y Camporedondo durante algo más de media hora hasta el cruce de Cardaño.


   La niebla que nos recibía a primera hora de la mañana se disipa mientras nos acercamos a nuestro destino, Cardaño de arriba, donde disponemos de varias plazas de aparcamiento libres. Apenas 1° se alza la temperatura cuando rozamos las 9:30 de la mañana.

   Cargamos las mochilas mientras un pequeño grupo de esquiadores de travesía comienza su ruta caminando carretera abajo. Por alguna razón decidimos dejar las raquetas en el coche, la última vez no hicieron falta pues la nieve estaba demasiado dura y pensamos…  con los crampones y el piolet será suficiente.

   Tomamos el camino que comienza en el aparcamiento y nos recibe cruzado por un arroyo que se descuelga de la loma. De piedra en piedra salvamos el obstáculo y dejamos atrás los restos del refugio del Espigüete  y con ellos  el pueblo Cardaño. El camino se muestra sombrío y frío a primera hora, nos cuesta entrar en calor mientras recorremos el sendero de las Lomas.


"El sol asoma sobre El Vallejo."
   Por fin los rayos del sol se cuelan entre las cumbres que nos rodean y calientan el fondo del valle.

   La Peña del Codal y la ladera del Alto del Calderón parecen separarse a medida que avanzamos para mostrar tras ellos el Alto y el Collado del Ves, ambos  cubiertos de blanco y por donde ya anduviéramos el año pasado. 

"Hoya continua."
   Lástima no tener esto más cerca de casa porque las posibilidades aquí son infinitas…, a nuestra espalda despunta imponente Peña Espigüete y junto a nosotros, reclamando nuestra atención el sonoro arroyo de las Lomas que desciende bien nutrido de aguas cristalinas procedentes del deshielo.


"Espigüete."


"Arroyo de las Lomas."
   Nos separamos del arroyo de las Lomas unos metros y seguimos remontando junto al riachuelo de Valcabe buscando el paso sobre el puente. Cruzamos dejando a la derecha el torrente de agua que se precipita una decena de metros en una bonita sucesión de cascadas que casi embrujan con su sonido…  esto es lo que hace que merezca la pena el madrugón y el viaje sin lugar a dudas.

"Junto al arroyo de Valcabe."
   Retomamos el camino de las Lomas que discurre paralelo al arroyo. Nos lo tomamos con calma parando en cada salto de agua y cada roca a modo de mirador que sirve para disfrutar del panorama.


"Arroyo de las Lomas"
 

 



   Poco a poco el sendero se aleja del arroyo y comienza a cobrar altura topándonos con la señal indicadora donde las rutas se dispersan. A la derecha hacia el Ves  y a la izquierda hacia el Pozo de las Lomas.

   En esta ocasión toca la segunda, así que continuamos  bordeando el “Mojón de Navarro” que se alza a nuestra izquierda y remontamos caminando sobre nieve hacia el “Chozo de la Campiza.”


"Señal."

"Subiendo a Chozo de la Campiza."

"Subiendo a Chozo de la Campiza."
   El camino hace un quiebro a la izquierda y desde la curva, a modo de balcón, disfrutamos de la panorámica antes de continuar. La cascada del Hormas derrocha sus aguas en un gran salto con las cumbres de más de 2000 metros como telón de fondo.


"Disfrutando de las vistas."


"Cascada del Hormas."
    A medida que avanzamos el camino pierde inclinación y caminamos de nuevo a la vera del arroyo de las Lomas.

   Hemos recorrido unos 4 kilómetros aproximadamente y ahora la ruta busca remontar altura hacia las Lomas.

   La nieve se muestra desigual, hundiéndose fácilmente en algunas zonas y manteniéndose dura y resbaladiza en otras, cediendo a nuestro paso sobre los arroyos que la surcan provocando algún traspiés.


"Junto al Arroyo de las Lomas."

"Arroyo de las Lomas."

"Al hoyo!"
   Cambiamos de orilla sobre  la pasarela de madera del chozo de la Campiza  que nos enfila por sendero balizado hacia las alturas abandonando el curso del arroyo definitivamente.

   Con paso lento avanzamos por la inclinada ladera durante 1 duro kilómetro donde asoman algunas escobas aprovechando la huella abierta en la nieve por otros senderistas. 
"Pasarela."

"Siguiendo las balizas."

"Siguiendo las balizas."
   El camino trazado pronto toma la diagonal dirección Norte hasta alcanzar por fin el collado de las vacas donde el sol calienta y derrite  la nieve  abriendo alguna calva y dejando al descubierto  los muros de un pequeño “chozo” en ruinas.

   Aprovechamos para descansar un momento, deshacernos de alguna capa de ropa y retomamos el camino con las agujas de Cardaño como referencia apareciendo al frente.


"Llegando a collado Las vacas."

"Collado las Vacas."

"Collado las Vacas."

"Chozo."
   El camino todavía afronta fuertes repechos sobre nieve dura hasta alcanzar los 2090 msnm llegando junto a la laguna. A nuestras espaldas la panorámica del Espigüete seguido de un tumulto inagotable de cumbres nevadas y nubes bajas es imponente.


"Llegando al Pozo de las Lomas."

"Llegando al Pozo de las Lomas."
   Sobre unas rocas al descubierto nos acomodamos para recuperar fuerzas almorzando en este lugar privilegiado. Completamente helado se adivina la silueta del pozo que reposa en el circo glaciar rodeado por el pico Celestino 2394 msnm, Las Agujas de Cardaño 2445 msnm, el Pico de las Lomas 2291 msnm y otras cumbres que superan ampliamente los 2000 msnm.

   Las cornisas que nos rodean ceden a las temperaturas y se desmoronan mientras el radiante sol que nos ha acompañado durante toda la mañana se oculta en ocasiones tras las nubes anticipando un cambio de tiempo, así que decidimos iniciar el descenso en principio por el mismo itinerario de subida.


"Pozo de las Lomas."

"Ladera del Pozo de las Lomas."

"Agujas de Cardaño."
   Cargamos con las mochilas y continuamos con la ruta. Rápidamente alcanzamos el collado de las vacas, esta vez en descenso,  afrontando a continuación el incómodo paso a media ladera. No tardamos en sucumbir ante la tentación y decidimos perder altura directamente hacia el arroyo. Con la nieve más blanda se convierte en un tramo incómodo y lento hundiéndonos hasta la cintura con un firme irregular y traicionero… tal vez el tramo donde más echamos de menos las raquetas. 


"Comenzamos el descenso."

"Llegando al arroyo."


   Con tiento y paciencia descendemos la inclinada ladera.
   Una vez junto al riachuelo caminamos a su vera buscando la mejor zona de paso para cruzarlo sobre las rocas. Hundido en la nieve y parcialmente descubiertos aparecen los restos de un animal, tal vez un caballo, bien conservados por el frío y seguramente la causa de su muerte, y ahora alimento de otros animales. La naturaleza en todo su esplendor.



"Cruzando el arroyo."

"Cruzando el arroyo."
   Alcanzada la otra orilla remontamos al sendero situado unos metros sobre nosotros y por el mismo continuamos bajando hasta el puente del Chozo de la Campiza tomando aquí el recorrido por el que comenzamos la ruta y por el que llegaremos de nuevo a Cardaño.


"Regresando a Cardaño."
   El día ha cambiado drásticamente, el sol ha desaparecido y en ocasiones caen algunas gotas de lluvia descendiendo notablemente las temperaturas.

   Apuramos el ritmo para evitar la lluvia cuando dos esquivos rebecos cruzan el sendero a escasos metros y se detienen a nuestro paso...la naturaleza campa a sus anchas por el parque de fuentes Carrionas, un paraíso natural de imponentes montañas, altas cumbres e impresionantes y abruptas laderas  tanto en la época invernal como en la estival.


"Rebecos."

"Rebecos."
   Tan solo hemos venido en un par de ocasiones a la montaña Palentina, apenas arañando lo que guarda esta región, pero con el tiempo todo se andará…

   Hoy terminamos tras  5h y 20´ habiendo caminado unos  13 km hasta el pozo de las Lomas por un entorno de paisajes que copan la vista y la mente del montañero, volviendo a casa con la obligación y las ganas de regresar y hollar alguna de las cimas de Fuentes Carrionas.


"Cardaño de arriba."
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