Hondojon - Alto La cabaña del pozo - Collados del Asón.


El año pasado, allá por el mes de septiembre, nos enteramos de una marcha organizada en los collados del Asón, más concretamente en el pueblo de la Gándara, y tras comentarlo en casa, nos apuntamos mi padre, mi mujer y un servidor a la ruta a pié. La verdad es que no tenía expectativas muy altas para la ruta, y como a casi todos, me pasó por ser desconocedor de la zona…
Desde entonces han sido varias las veces que he subido al Asón combinando la bicicleta y las botas de montaña para recorrer sus collados. He de decir que me he quedado prendado de sus paisajes, sus valles, sus circos glaciares y sus montañas, además soy afortunado por estar a menos de una hora en coche de este parque natural.


Vista del aparcamiento.
Hoy no es fiesta, pero aun así tengo el día libre, es lo que tiene ir guardando las vacaciones para gastarlas durante el año, me levanto de la cama, me visto, desayunamos y tomo la ruta contraria al camino habitual de ir al trabajo. Aproximadamente tras una hora de viaje estoy terminando de subir el puerto del Asón habiendo pasado por Ramales y Arredondo. Dejo atrás el mirador del puerto pasando por delante de la cascada, aunque en esta época ya no luce como dos meses atrás. A escasos 100 mt hay un amplio aparcamiento a mano derecha, es aconsejable dejar ahí el coche ya que están multando bastante a menudo por aparcar fuera de los lugares establecidos.

Subida del Ason.
La ruta que me propongo, a parte de las dificultades de un recorrido que supera la cota de los 1000 mt, no es ni mucho menos arriesgada, pero la montaña siempre es la montaña.
Saliendo del aparcamiento, tomo la pista de grijo durante unas decenas de metros desviándome a mano izquierda hacia la senda  de Hondojón. Con una temperatura que no supera los 12°, algo de agradecer, puesto que en este punto se comienza a ganar altura rápidamente y el terreno es bastante “duro”. Poco a poco me voy metiendo en la espesura del bosque de hayas y abedules bajo la atenta mirada de “Los campanarios”, verticales paredes que separan el valle de Brenarroman y el circo glaciar de Hondojón hacia el que me dirijo.



Sendero Pr-66.
 

Fuente de la Regada.

Tras 2.5km de ruta, tomo un estrecho sendero que se desgaja del principal hacia la derecha unos 100mt para llegar a la “Fuente la Regada” de fresca y abundante agua. Tras contemplar durante un rato las vistas que me rodean, retrocedo sobre mis pasos para continuar por la senda que sigue buscando el collado, paralela a los muros de piedra que cierran las parcelas del ganado y las cabañas de Ojón, pequeñas y rusticas cabañas de piedra refugio del ganado.
Cabañas de Ojon.

Dejo atrás las cabañas y en el alto se encuentra la señal que nos indica la senda de Busturejo, me encuentro a las puertas del valle glaciar de Hondojón, resguardado por los hayedos de la orla inferior de Sierra Helguera a mano izquierda y por las imponentes paredes de roca caliza que nos separan de La cabaña del pozo a mano derecha.
Valle de Hondojón.
Se nota que camino por un valle, la temperatura es muy agradable y el silencio, casi sepulcral permite escuchar todo cuanto me rodea con una claridad absoluta, incluso el roce de los cordones de la botas con el cuero al caminar resulta “molesto”.
Recorro el valle buscando la espesura  siguiendo el sendero que serpentea por el fondo de este, y al final, tomo la desviación a la derecha bien marcada por las señales del PR comenzando a subir por una senda rodeada de frondoso bosque y que poco a poco va dando paso a la desnuda roca. La ruta se endurece de nuevo mientras asciendo el pequeño portillo superando ya los 1000mt y con unas variaciones de temperatura importantes, el frio se vuelve a hacer notar.



En esta zona hay que superar algún que otro paso complicado con escalones de roca, y hay que tener cuidado al apoyar las manos en según qué sitios ya que es bastante común encontrarse con víboras abundantes por aquí.


Al alcanzar el alto puedo ver como el modelado kárstico modifica el paisaje mientras camino por una terraza con impresionantes vistas del valle accediendo a un tramo de roca "desnuda" y profundas dolinas. Al fondo, un estrecho sendero me dejará en el Pozo tras un fuerte repecho final.



A 1300mt, este es el punto más alto de la ruta, una explanada con pequeños “lagos” y una cabaña que sirve a las veces de refugio. Hace bastante frio y la niebla me impide disfrutar de las vistas de las importantes cimas cántabras que rodean este paraje, así que sin más dilación me dispongo a afrontar el descenso recorriendo Monte Llusías, una gran zona arbolada de bosque mixto recorrido por una zigzagueante pista ancha de descenso en su mayor parte, hasta llegar a Brenarroman sobre el km 10.
Cabaña "El Pozo"
Vista del valle de Brenarroman.
A medida que voy descendiendo, puedo disfrutar de los caprichos de la naturaleza observando las curiosas formas de los troncos que se entrelazan entre si formando paisajes de postal… poco a poco la soledad de la ruta se va rompiendo cuando comienzo a cruzarme con otros excursionistas que realizan la ruta en dirección contraria, y al llegar al valle de Brenavinto comparto parte del camino con un ganadero de la zona con quien mantengo una ilustrativa conversación que me desvela varias posibilidades para futuras rutas.
Bosque.

Sin darme cuenta estoy saliendo del valle por el alto de la Posadía y camino por la pista ancha de grijo dirección al aparcamiento a la cola de un grupo de caballos que habitan en la zona.
Caballos en los collados del Asón.
Cruzar el valle no tiene dificultad alguna ya que el sendero está fuertemente marcado y bien señalizado, en invierno suele estar inundado, pero existe la opción de tomar un paso por la ladera derecha que permite pasarlo sin meterse literalmente en el rio ya que el propio sendero se convierte en el cauce del mismo durante las crecidas invernales.
Brenavinto desde la Posadía.
Aproximadamente a la 1 de la tarde y tras 4h y 13,5 km llego al coche dando por finalizada la ruta.
Básicamente es seguir la señalización del PR-66, siendo una ruta fácil técnicamente en su mayor parte y con algún punto exigente en cuanto al nivel físico se refiere, no hay que olvidar que se pasan los 1300mt, así que las variaciones de temperatura son constantes la mayor parte del año.

Es la segunda vez que hago este recorrido, y he de decir que cada vez que bajo de los collados del Ason tengo más ganas de volver, así que no tardaré en recorrer sus senderos de nuevo.



Mapa y detalles de la ruta.

Valdecebollas desde Mazandrero Btt (Qdd bicicantabria)

Da gusto ver como hay cosas que a pesar los años permanecen inalterables, cosas sencillas que guardan su esencia y te hacen revivir los buenos momentos...

Una de ellas, y que pude disfrutar el pasado domingo, fue la quedada en bicicleta de montaña organizada por Marta. El asistir fue algo de última hora, sin planear y sin preparar nada, así que me tocó levantarme a las 6 de la mañana para organizar los bártulos, desayunar y salir dirección Campoo, más concretamente a Mazandrero, que era el punto de salida de la ruta.
Cierto es que en un primer momento da algo de pereza ir hasta allí para hacer una ruta en bici, pero al fin y al cabo estamos a escasa una hora y cuarto de viaje, y las posibilidades que ofrece esta zona para disfrutar de la montaña son impresionantes.

Salí de casa con un cielo bastante encapotado, incluso con algo de llovizna, pero a medida que subía dirección Reinosa se despejaba dejando paso a un día claro y soleado, aunque eso sí, a primeras horas de la mañana las temperaturas eran todavía bastante frescas, hay que tener en cuenta que este pueblo se encuentra ya a algo más de 1.000 mt de altura.

Mazandrero a las 8.30am
Aproximadamente a eso de las 8:30 llegaba a Mazandrero. Apenas si estábamos seis personas para hacer la ruta, se habían quedado allí a dormir la noche anterior, mientras preparábamos el equipo fueron llegando más coches hasta juntarnos un grupo de 21 aventureros, unos ya conocidos de años atrás y otras caras nuevas, me gusta ver como se mantiene este tipo de quedadas tras el paso de los años y poder reencontrarse con viejos amigos.

La hora de salida anunciada por Marta para iniciar la ruta era las 9:30, y más o menos fue respetada tras hacer la típica foto de grupo.
Comenzamos por la pista que sale del centro del pueblo junto a la fuente de la plaza a mano derecha, la calle de las fuentes, ancha y de buen firme que comienza tomando altura cruzándose con varios arroyos durante el trayecto. Aproximadamente en el km en 3,5 de ruta, en el cruce de Cuenca Bucer tomamos el desvío hacia la izquierda y continuamos subiendo sin abandonar la pista marcada.
Esta primera parte de la ruta, aunque en cuesta ascendente desde la salida y durante muchos kilómetros se hace bastante cómoda ya que no hay repechos duros y permite mantener un ritmo constante, pero el calor comenzaba a apretar y el día prometía temperaturas bastante altas.   

A medida que avanzábamos las vistas eran más espectaculares, inmejorables con el tiempo que estábamos disfrutando. A media subida, el terreno nos dio un respiro poniéndose un poco más llano, incluso picando un poco hacia abajo en la zona de cruce con el Arroyo de Parralozas, parada obligatoria para disfrutar del paisaje, un pequeño valle recorrido por riachuelos y desde el cual podíamos ver la ruta a seguir.
Arroyo de Parralozas.

Cruzando el arroyo.
2km más arriba, en un nuevo cruce, tomamos la pista que gira a la derecha dirección cabaña Bucer, y tras una breve parada por un pinchazo, continuamos ascendiendo por pista que, aunque con algo más de piedra suelta, seguía siendo muy ciclable llegando sin problemas al Chozo de Cuenca Bucer, un pequeño rellano con un refugio de piedra, otro lugar de parada para disfrutar de las espectaculares vistas rodeado de grandes rocas con curiosas formas casi geométricas modeladas por la erosión. Tras comer algo y recuperar fuerzas proseguimos la ruta ascendiendo por la sierra de Peñalabra.

Mirando atrás.
Panorámica.
Una vez terminado este tramo de la subida, nos desviamos a media ladera hacia la izquierda, para dar un pequeño rodeo hasta la entrada del “Camino de la guerra”, un pedregal que recorre la cresta de la Sierra. A los lados del camino, se pueden contemplar todavía las trincheras formadas con piedras que durante meses fueron refugio de los soldados de la guerra civil.

A descansar...
Continuamos por el camino con  el pico Sestil de fondo, rodando a altitudes cercanas ya a los 2000 metros y justo detrás, se alzaba el que sería nuestro objetivo, la cumbre del Valdecebollas.

Al salir del pedregal continuamos rodando por la braña durante un tramo corto, las ruedas parecían pegarse al suelo y rodar unos metros se hacía durísimo, por el terreno y porque la ruta comenzaba ya a cobrar factura. En este punto el camino a seguir se desdibuja, y para orientarnos podíamos observar de fondo un sendero que continúa ascendiendo hasta la cumbre de la sierra zigzagueando con un firme bastante roto y técnico donde muy pocos consiguieron llegar montados arriba.
El esfuerzo tuvo su recompensa, al coronar las vistas son espectaculares y por fin teníamos delante el repecho final para llegar al torreón del Valdecebollas.

Panorámica.

Ultimo esfuerzo.

Un estrecho sendero nos dejaría a los pies del último repecho, algunos subieron con la bicicleta hasta arriba, otros la dejamos a un lado para recogerla a la vuelta, pero todos llegamos a la cumbre para disfrutar de las vistas y reponer fuerzas. Lo cierto es que yo me desvié del grupo y tuve que hacer un pequeño destrepe hasta un nevero para llenar el camelbak, ya que era la única fuente de agua que tenía a mano y al regresar al camino solo había bicis sin ciclistas, así que ni me lo pensé…

Por fin llegamos al punto más alto de la ruta, estábamos a más de 2130 mt, en la cima del Valdecebollas se encuentra el llamado "Torreón", una pequeña torre cilíndrica escalonada de piedra, con una placa, un buzón, y un vértice geodésico, un lugar donde no podía faltar la foto de grupo para inmortalizar la gesta.
Foto de grupo
Con el excelente día despejado del que disfrutábamos, podíamos contemplar toda la cresta de Peña Labra con el Pico Tresmares, el norte de la comunidad palentina, el embalse del Ebro  y las grandes elevaciones de Fuentes Carrionas, los picos Espigüete y Curavacas e incluso se divisaba la costa cantábrica, por su vertiente norte el circo glaciar de Covarrés, el nacimiento del río Pisuerga… teníamos “todo” al alcance de la vista.
Allí arriba te das cuenta de lo insignificantes que somos ante los “gigantes” que nos rodean y la inmensidad que tenemos por recorrer.

Vistas desde Valdecebollas.



Con pena, pues las condiciones eran perfectas para quedarse allí arriba durante mucho rato, tocaba comenzar el camino de regreso. Para empezar, deshacer lo andado para recoger la bicicleta mientras otros lo hacían sobre ella por una técnica zona de trialeras. Una vez reagrupados retrocedimos 1km escaso y en el punto donde nos desviamos hacia el Valdecebollas, continuamos cresteando guiados por Marta por un sendero… a veces, pero sin perder altura hacia Guaza Bedul.
Detrás de Marta, por lo menos durante un rato, comenzamos el descenso hacia la braña de los lagos a través de un brezal desviándonos hacia el valle de Gulatrapa, la primera parte del descenso se hizo de forma relajada, dejándonos llevar por la guía, pero poco a poco los ánimos comenzaron a caldearse terminando aquello como una batalla campal y un servidor "rozando" el suelo sin consecuencias. Durante esta primera parte de bajada se alternaban tramos entre los escajos con zonas un poco más técnicas, terminando con una complicada trialera de piedra suelta y algún que otro paso algo más dificil.

Ya en la braña nos reagrupamos y pudimos abastecernos de agua en el abrevadero y contemplar el valle, una zona de gran belleza por mantenerse prácticamente virgen, rodeado de bosques y lejos de la civilización, tan solo algún refugio de ganado desperdigado. En la pequeña vaguada  se encuentra el menhir de la campa de los lagos, una de las manifestaciones del arte megalítico dispersas por la zona que permanecen erguidos tras el paso de los siglos.
Descanso...
En lugar de tomar la pista o "calle de las fuentes", en este punto bordeamos el alto de Los Lapos bajando por un estrecho y divertido sendero con alguna zona técnica pero muy rápido durante unos 2km para acceder a esta mas abajo, de aquí nos quedaba un largo descenso por delante por pista de grijo ancha  alternando con algún tramo corto de subida cruzándonos con el arroyo de Gulatrapa y pasando junto a la cabaña que lleva su mismo nombre.
Arroyo.

Arroyo.
Tras varios kilómetros bajando a través de bosques de hayas y robles, salimos del valle y nos encontramos con el cruce de la pista que viene del Collado de Somahoz, seguimos de frente el descenso y en poco tiempo llegamos al pueblo de Mazandrero tras casi 5h de ruta y 31km.
Una ruta impresionante, sin duda alguna mereció la pena el madrugón y el esfuerzo, esta es una de esas aventuras que se quedan en el recuerdo para siempre ya que se unen una serie de factores, la zona, la gente y el día perfectos... algo muy difícil de repetir. 
Gracias Marta.
Fotos de la montaña viva y Marta.

Mapa y datos de la ruta.