Valdecebollas - Cascadas de hielo y sierra de Hijar.

Y por fin nieve… poca pero nieve al fin y al cabo.
   Observábamos con atención el pronóstico del tiempo a lo largo de la semana y de cara al sábado no era nada halagüeño, cielos nublados y posibilidades altas de lluvia.
   Así que nos decidimos por la opción B, aseguramos una buena nevada y de paso realizamos uno de los objetivos marcados el año pasado… uno de esos objetivos que se plantean en la mesa de un restaurante después de una buena ruta, ver la cruz cubierta de hielo en la cumbre del Valdecebollas.

   Esta vez a las siete y media de la mañana salíamos hacia la montaña Palentina. Aprovechamos una parada para repostar en Reinosa,  desayunar algo y reiniciamos la marcha.
El paisaje aquí era ya bien distinto, las cumbres blancas nos rodeaban y las temperaturas cayeron en picado. El termómetro bajo cero nos acompañó el resto del viaje hasta el cruce hacia el refugio de la Collada, bajo las faldas de la sierra de Hijar, contando ya -5°.


   Junto con otros tres coches parados en el arcén nos retuvieron durante aproximadamente media hora para no toparnos con la quitanieves en la estrecha carretera de acceso al refugio a 1.580 msnm, al cual llegamos aproximadamente a las 9:30 de la mañana.


   Sin duda alguna no podíamos haber escogido mejor, cielos despejados, y a pesar del  frío la ausencia de viento lo hacía perfectamente soportable. Aproximadamente una veintena de coches se esparcían ya por el improvisado aparcamiento en la nieve. Esquiadores y escaladores preparando el equipo y varios grupos con raquetas nos equipábamos para iniciar la ruta. Tal vez una de las zonas con más ambiente montañero por las que hemos caminado.



   El reloj marcaba prácticamente las 10 de la mañana cuando comenzábamos a caminar carretera arriba hacia el refugio abandonado del Golobar. Como niños que salen al recreo, comenzamos la ruta a buen ritmo sacando fotos a todo lo que nos rodeaba, como si el sol radiante fuese a fundir la nieve antes de poder aprovecharla.



   Un 4x4 había abierto sendas roderas en la carretera, las cuales aprovechamos para avanzar sin ponernos las raquetas hasta llegar al Golobar,  4km más arriba del aparcamiento.  En aproximadamente 45´ pasábamos junto a las “ruinas”, aunque más bien se trata de una construcción inacabada, del Golobar. Un proyecto, como tantos otros, que allá por los años 70 se inició como refugio u hotel y posible estación de esquí en las faldas del Valdecebollas y que se dejó inacabado  y abandonado a su suerte.



   Este marcaba el punto de salida a la verdadera ruta de montaña. Nos calzamos las raquetas y comenzamos a remontar altura siguiendo las huellas que nos guiaban  a través de la collada formada por la sierra de Hijar a la derecha y el pico Sestil a la izquierda.
La pendiente y el intenso sol nos hizo entrar pronto en calor, pero un vistazo a la cumbre mostraba como el polvo de nieve se arremolinaba  movido por el viento al borde de las rocas lo que desanimaba a quitarse capas de ropa.
Si en la primera parte de ruta, en 4 km ascendimos 200 metros de altura, este corto tramo de 1300mt nos elevaba hasta los 2040 msnm afrontando duros repechos de nieve y hielo.


   Un grupo de montañeros, con el que conversamos durante el ascenso, nos animó a descender con ellos hacia la cara norte, donde se forman las espectaculares cascadas de hielo y donde se practica la escalada. Aunque nuestra idea inicial era subir y descender por el mismo tramo no podíamos dejar pasar la oportunidad de ver algo tan impresionante.



   Comenzamos el descenso por la fría ladera norte del Valdecebollas. La chaqueta ya no sobraba  en esta cara más expuesta al viento y la nieve blanda se alternaba con zonas de hielo en la inclinada ladera, una zona poco indicada para las raquetas.
   El corto tramo de descenso nos dejaba en un estrecho pasillo que entre rocas descendía a una zona sombría y rocosa  escondida en la vertical ladera.
   Cambiamos las raquetas por los crampones y con precaución descendimos por el empinado y estrecho sendero abierto en la nieve.



   Al borde de un pequeño precipicio llegamos a las cascadas que se descuelgan de las enormes rocas. El frío en este punto llegaba a los -10°. Impresionaba ver a los escaladores colgados de los carámbanos enganchados con las puntas de los piolets y los crampones asegurando cada paso lentamente…


   Tras un par de fotos y contemplar el paisaje reiniciamos la marcha, tocaba deshacer lo andado y remontar el empinado  tramo hasta alcanzar de nuevo la ladera del Valdecebollas prácticamente a gatas.



   Por fin al sol,  recuperamos fuerzas y temperatura durante un rato. Cambiamos de nuevo los crampones por las raquetas que con los cierres de las mismas y de las mochilas congelados resultó un trabajo tedioso.
De nuevo equipados comenzamos el ascenso hacia la cumbre del Valdecebollas. El grupo que nos precedía  lo hizo directamente por la cara norte, zigzagueando levemente por la ladera, así que seguimos su huella remontando los 160 metros de altura que nos separaban de la cumbre en apenas 500 mt de recorrido.


   Avanzando lentamente y parando a coger aire ascendimos por la empinadísima ladera. Un último y corto tramo final de duro hielo nos separaba de la cumbre.


   Por fin alcanzábamos la torre con la cruz cubierta de hielo en la cima del Valdecebollas.
A 2145 msnm, esta cumbre de nuevo nos regalaba vistas espectaculares, excepto por la ladera sur, donde unas grandes nubes avanzaban rápidamente amenazando ocultarnos sin miramientos. Las vistas de “picos”, Curavacas y Espigüete, las cumbres de campoo resultaban si cabe más espectaculares cubiertas de nieve.




   Comimos algo y reiniciamos la marcha sin mucho tiempo para descansar, esta vez tomando el cordal hacia el Sestil.
A medida que avanzábamos, el guía del otro grupo nos comentó de la posibilidad de acompañarlos regresando por el cordal de la Sierra de Hijar. De nuevo cambiamos nuestros planes y seguimos  sus pasos.


   Dejando el Sestil a nuestra derecha, continuamos a media ladera y descendimos de nuevo a la collada a la que accedimos anteriormente desde el Golobar. En lugar descender al mismo, remontamos altura hacia Peña Sestil (2065 msnm.)



   Una hilera de postes helados sosteniendo una maltrecha alambrada  recorría el cordal a modo de línea fronteriza entre las comunidades de Cantabria y Castilla y León.
   De nuevo un acierto, pues de no acompañar a este grupo de montañeros no habríamos disfrutado de las impresionantes vistas de los valles a derecha e izquierda de la sierra de Hijar. Una línea en la nieve intuía el camino de la guerra, senda sobre la cual ascendí al Valdecebollas en bicicleta hace un par de años, habiendo salido en esa ocasión desde Mazandrero, localidad  a la que hoy miraba desde lo alto de la sierra.


   Con dicha línea de postes como referencia, unas veces por el lado Cántabro, otras por el Palentino, recorrimos los 4km de cresta a lo largo de los cuales, no sin esfuerzo, nos descalzamos y  nos pusimos de nuevo las raquetas para sortear algunos tramos rocosos. Las nubes, al final de la ruta hicieron presa de nosotros hasta que comenzamos el descenso final directamente al refugio de la Collada.



Tras casi 6 horas de ruta por la nieve, el descenso de poco más de 1km atravesando un escobero y sorteando las rocas de la ladera de la sierra de Hijar resultó ser un tramo largo y tedioso, con caídas y tropezones, ya con los reflejos justos y el cansancio acumulado hasta llegar de nuevo al aparcamiento.


14,5 km en 5 horas y 50 minutos de ruta, son simplemente datos que no se tienen en cuenta al terminar la ruta… solo te quedas con las impresionantes vistas, los rincones y las sensaciones  de avanzar sobre la nieve y el hielo, y por supuesto, la satisfacción de haber cumplido uno de los propósitos pendientes.

Recorrer la misma montaña en las cuatro estaciones del año es recorrer cuatro montañas distintas, el invierno otorga a las cimas ese semblante rudo, frío y exigente que por otro lado resulta tan atrayente para los que disfrutamos en mayor o menor medida de esta afición, y sin lugar a dudas es la montaña con la que me quedo. 


Gracias a Diego por colaborar con tan impresionantes fotografías.
Para ver el álbum completo pinchar en el enlace:

Track y datos de la ruta:


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Pandillo - Cotero de Colina -Nacimiento del Pas.

   Comienza un nuevo año, y lo estrenamos con una ruta de auténtica montaña…

"Amanece en las cumbres."
   Tan solo 10 km necesitó la vega de Pas para demostrarnos su dureza.

   El pasado año desde la cumbre del Castro Valnera, al que accedimos por la cara de Burgos, no pudimos contemplar las vistas de este abrupto valle a causa de la niebla, pero se intuía el enorme precipicio por la vertical ladera  de la montaña y la sensación de vacío.

   Comenzamos 2017 recorriendo la parte medio-alta de dicha ladera partiendo de Pandillo en busca del nacimiento del Arroyo Lelsa o Rucabao, ya que el Pas nace como tal en el punto donde confluye este y el arroyo Pandillo, es decir el pueblo de Pandillo.

   Se sabe de las duras condiciones de vida de los pasiegos, de la exigencia de estas montañas donde habitaban, y todavía hoy podemos ver algo actividad en las cabañas más accesibles. Pero no conoces la realidad, la envergadura de tal dureza hasta que te ves inmerso en la senda bajo las impresionantes montañas y los profundos  valles pasiegos.

   A las 8 salíamos dirección a la Vega de Pas. Este raro invierno no nos ha traído nieve, pero si mucho frío. El mercurio con temperaturas bajo cero nos hacía dudar de las condiciones de la ruta. A las 9:15 aproximadamente tomábamos un café caliente en la Vega y finalizábamos el viaje hasta Pandillo por una estrecha carretera rodeada de campos helados.  Los vecinos cargaban con bidones de agua hasta sus casas de ya humeantes chimeneas, posiblemente porque las tuberías de agua corriente estuvieran congeladas. Pequeños regatos de agua quedaban helados sobre el asfalto, y los carámbanos de hielo colgaban de las paredes a ambos lados de la carretera.

"Primeros pasos."
   A las 9:45 llegamos al final de la carretera, dejando el coche en la explanada y comenzamos a caminar. Tomamos la senda que asciende por la loma pasando el estrecho puente de piedra girando a la derecha, pasando junto a un gran cartel indicativo de rutas. Siguiendo las señales del kilómetro vertical al Castro Valnera (kvcv) cobramos altura rápidamente entrando pronto en calor. Las cabañas junto a las cuales aparcamos el coche pronto quedaron reducidas a miniaturas en el fondo del valle ampliándose las vistas del Arroyo de Pandillo.

"Valle de Pandillo."
   Rocosa y empinada la senda continuó ganando altura durante 1km con zonas escalonadas y escarpadas  y otras de más fácil caminar. En este punto nos topamos con un poste indicativo, tomamos dirección al cerro de la Vara girando a la izquierda, dejando a la derecha la pradera de Ruyemas, y afrontando de nuevo la empinada ladera.

"Pradera de Ruyemas, al fondo."
   Las cumbres que nos rodeaban quedaban ya iluminadas por el sol, resaltando el anaranjado tono del pasto seco.

"Cerro la Vara."
   En apenas 1,5km de ruta habíamos ascendido 300mt de altura. En la sombría loma de nuevo una señal nos indicaba el camino, Cerro la Vara-Miradores del Valnera, el cual se mostraba ya imponente con pequeños neveros esparcidos por su abrupta ladera.

"Indicaciones."
   Un tramo de menor inclinación nos dejaba junto a una pequeña cabaña. Tras esta se mostraba la línea recta de ascensión hasta el Cotero de Colina, a 1.160 msnm.

"Cotero Colina."
   A medida que remontábamos lentamente nos desprendíamos de capas de ropa, cambiando el gorro por la visera y los guantes por las gafas de sol. En apenas 3km caminados llegábamos al punto más alto de la ruta. Las vistas eran impresionantes miraras donde miraras, las cumbres del  Lastreros y Cucolobrero a la izquierda, el valle de Pandillo a la derecha…  pero sin lugar a dudas el Valnera y Dojos, ambos superando los 1700 msnm destacaban al frente, otorgando un ambiente sombrío en sus laderas impracticables, rocosas y abruptas.

"Cumbre."
   Simplemente por contemplar este paisaje ya habría merecido la pena el viaje hasta Pandillo y el esfuerzo de la dura subida.

"Cabaña de Colina."
   Descendiendo de frente, a mitad de la loma una pequeña cabaña pasiega, la cabaña de Colina, nos indicaba el camino a seguir. Cruzamos la parcela delimitada por el muro de piedra tras ella y nos desviamos a la izquierda internándonos en el hayedo.

"Pradera de Colina."
   Al entrar en el bosque señales azules indican el paso a seguir, pero estas desaparecieron en el centro del mismo. Guiados por el gps e intuyendo el sendero más limpio fuimos atravesando el hayedo.

"Hayedo."
   Por las empinadísimas laderas del Castro Valnera discurren cascadas erosionando profundos canales, lo difícil en este tramo es encontrar el paso, ya que desviarse unos metros puede convertir esta tarea en imposible, e incluso crear una situación peligrosa.

"Ladera del Castro Valnera."

"Cascada de hielo."
    Pese a que llevábamos el gps, en algún lugar perdimos demasiada altura que posteriormente tuvimos que remontar. Prácticamente se atraviesa el bosque cruzando la ladera horizontalmente.

"Paso delicado."
   Los pequeños arroyos, escasos de agua, quedaron helados por el frío extremo de estos días,  por lo que atravesar los canales  se convirtió en una tarea delicada. La fuerte inclinación del terreno dejaba poco margen para el error y un patinazo podría resultar fatal.

"Ladera del Castro Valnera."
   Collado tras collado avanzábamos hacia las Cabañas de Lelsa. Sitas en una ladera soleada. Este  es un buen lugar para descansar y recuperar fuerzas. El silencio es absoluto, a apenas 6 km de pandillo, pero a unas 2 horas de caminata por las escarpadas colinas hacen de este un lugar inaccesible y solitario lejos de la civilización.

   Recuperamos fuerzas  y descansamos durante un rato contemplando el paisaje en las ruinas de una cabaña pasiega.  Comenzamos el descenso por la ladera pasando junto a las cabañas  cruzando sobre el pequeño muro de piedra.  Al fondo veíamos el Arroyo de Lelsa, hacia el cual hay que dirigirse para cruzarlo, en una zona más practicable unas decenas de metros descendiendo por la cuenca, donde la inclinación del terreno parece que se suaviza.

   Ya en su margen derecho continuamos perdiendo altura por la inclinada ladera evitando acercarnos demasiado al cauce del río que en continuas cascadas de varios metros de altura va descendiendo la montaña.  Es preferible recorrer la loma cobrando algo de altura al principio y bordeándola, pues de lo contrario  nos tocara hacerlo trepando por verticales paredes rocosas para salvar los cortes que produce el cauce del río, recomiendo no seguir el track en este punto y seguir el sentido común y la intuición.

   Llegados al final de la arista, sin un sendero claro que seguir perdimos algo de tiempo dando vueltas buscando el paso, finalmente, con cautela fuimos descendiendo y bordeando hacia la derecha destrepando un estrecho paso entre rocas. 

"Nacimiento del Pas."

   Por fin aparecía a nuestra izquierda el impresionante salto de agua por el que se precipita el Arroyo de Lelsa o Rucabao y que muchos califican como el nacimiento del Pas.

   La ausencia de lluvias y nieve restaba espectacularidad a la cascada, que aun con poco caudal mostraba un impresionante paisaje por la verticalidad y la profundidad del precipicio.

"Ladera."
   Desde este punto solo nos quedaba descender hasta el fondo del valle por una inclinada ladera herbosa. Al margen del río se dibujaba el sendero que nos llevaría de vuelta a Pandillo.

"Fondo del Valle."
   Sinuoso pero cómodo de caminar fuimos recorriendo los 2,5km de sendero atravesando las Praderas de Aguasal.  

"Hielo."

"Arroyo de Lelsa o Rucabao."
   Oculto en la sombra a las faldas del Cotero de la Colina, por el cual caminábamos unas horas antes, este valle permanecía aun helado a las 4 de la tarde. Las cabañas de esta zona, muchas de ellas reformadas para uso turístico, se encuentran más cerca de la civilización, algunas de ellas habitadas durante meses en épocas estivales.

"Sendero."

"Ultima bajada."

"Llegando a Pandillo."
   El arroyo ganaba anchura a medida que nos acercábamos al pueblo, la maleza permanecía congelada a ambos lados del sendero, lo que mostraba las bajas temperaturas que se dan en esta zona durante la noche y regalándonos impresionantes paisajes blancos como despedida de la ruta.



   Finalmente cruzábamos de nuevo el puente de Pandillo tras casi 5 horas y 45 minutos de ruta y tan solo 10,7 kilómetros recorridos. 
   Puente junto al que confluyen los arroyos de Pandillo y Rucabao formando el río Pas, que pasando por Puente Viesgo y Oruña  tributará sus aguas al Cantábrico en Liencres convertido en la ría de Mogro.

   Ruta dura y exigente física y técnicamente, en algunos sitios incluso peligrosa, pero que paga con creces el esfuerzo con impresionantes paisajes de montaña.



Para ver todo el álbum pinchar en el enlace. 

Track y datos de la ruta.



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