Porra de la Colina - Collados del Ason.

   Tres son ya las entradas seguidas vinculadas al ciclismo de montaña, y aunque eso no significa que he dejado de lado el senderismo, si es cierto que por una u otra causa no he salido a caminar todo lo que me gustaría…

   Hay eventos a los que me gusta acudir con fechas ya fijadas, y cuya organización no depende de mí, eso limita la posibilidad de realizar otras actividades con las que también disfruto, por desgracia no hay tiempo para todo.

   A las puertas ya del mes de noviembre, nos organizamos por fin para hacer otra ruta por los collados del Ason, la vuelta a la Porra de la Colina. No confundir como en muchos casos con el Porracolina. Esta es, seguramente, la ruta más transitada, conocida y por qué no decirlo, más impresionante de los collados del Ason. Gran culpa de ello la tienen sin duda alguna los rincones que recorre este Pr.

Puerto del Asón.
   Por fin nos calzamos de nuevo las botas… no es que no disfrute dando pedales, pero caminar me aporta más serenidad, me relaja y me evade de toda preocupación… tal vez sea porque es un acto reflejo e instintivo que implica menos de mi atención y me deja centrarme más en disfrutar de los detalles de todo cuanto me rodea, o tal vez, esa sensación que algunos necesitamos tener de vez en cuando, de sentirnos dentro de lo posible independientes de lo material, de no necesitar mucho y depender de poco para recorrer el camino…

   Tras recoger al resto del grupo y poco más de 45 minutos de viaje, llegamos al aparcamiento de los collados del Ason, a escasos 100mt del alto del puerto. Se nos presentaba un típico día otoñal, temperaturas suaves y viento sur rasgando las nubes con constantes cambios de luz.
   Al salir del coche, nos sorprendió una fresca corriente de aire, pero a medida que, caminando, nos refugiamos entre las altas paredes de los campanarios, la temperatura se hacía más agradable, llegando incluso a sobrar alguna prenda de ropa.

"En ruta"
   Caminando hacia el Alto de La Posadía por la ancha pista de grijo,  tomamos el desvío a la derecha a aproximadamente 2km, siguiendo las indicaciones del poste con el letrero del PR-S 77 que indica “La vuelta a la Colina”

    Al abandonar la pista, caminamos por un sendero fuertemente marcado en la hierba, convirtiéndose más adelante en un sendero en la piedra descubierta.


   Frente a nosotros, imponentes los Castros de Horneo, enormes y caóticas estructuras pétreas que se alzan sobre el barranco del nacimiento del Ason que aparece a nuestra derecha al dejar atrás la cabaña del Sotío.

Cabaña de Sotío.
   El sendero, desaparece en una zona de lastras por un momento, para, poco más adelante renacer en un frondoso hayedo. La espesa alfombra de tonos ocres formada por las hojas caídas con el otoño, nos ocultan las ramas, piedras y barro que en ocasiones dificultan la marcha.

"Lastras."
   El contraste de los marrones, el gris de los árboles y el verde intenso del musgo, crea bucólicos paisajes que apenas desvían  nuestra mirada hacia el barranco que se forma a nuestra derecha en el valle del Ason.

"Bosque."


   Al salir del bosque, el sendero, queda transformado en un camino de tierra, cauce del torrente de aguas en la época de lluvias a la vez que toma inclinación y altura hasta alcanzar las pequeñas cabañas pasiegas de la braña de Saco. Los pastizales, cercados con rústicos muros de piedra, nos guían por un callejo caminando entre las cabezas de ganado que pastan a sus anchas  hasta que nos topamos con un estrecho sendero que entre paredes de roca desemboca en una pradera despejada.

"Braña de saco."

   Entre árgomas y vegetación baja continuamos hasta toparnos con la Lastrera, una gran superficie de roca caliza lisa, en zonas prácticamente pulida por la erosión y con grietas sin fondo repartidas en toda su superficie. Fijándonos detenidamente podemos observar pequeños fósiles embutidos en la roca.


   Desde este espectacular mirador, se divisa a lo lejos la costa cantábrica, Santoña, Noja, Isla, asoman tímidamente al final del valle de Ason.




   Continuamos la marcha rodeando la gran depresión de Hoyón del saco por el sendero que, por su margen derecha, atraviesa el bosque de las Hazas. La humedad de esta zona sombría propicia el crecimiento de todo tipo de hongos y musgo que cubre a su antojo rocas y raíces.


   Al salir de bosque, de nuevo el sol nos permite detenernos con agradable temperatura para echar la vista atrás y contemplar por un instante el camino recorrido.


    Un pequeño refugio natural en la horadada roca junto a un casi seco manantial, nos entretiene durante un rato, antes  de que, entre las árgomas y brezales, comencemos a subir por la ladera de la Porra de la Colina, con la cumbre ya a la vista.

Porra de la Colina al fondo.
   Desde este punto, se puede subir prácticamente “a derecho” como decimos por aquí, pero dando un pequeño rodeo por la derecha de la loma, siguiendo los postes del Pr, atravesamos un pequeño pasillo de roca, una grieta en la montaña, al final de la cual, trepando por su pared derecha, salimos a la escarpada ladera que nos dejará en la cumbre de porra de la Colina de 1439 mt. haciendo el trayecto un poco más entretenido si cabe.


Llegando a la cumbre.
Desde la cumbre, las vistas hacia cualquier lado son increíbles, el barranco de Rolacías y Colina, recientemente recorrido en la ruta de Porracolina, cuya cumbre parece tan accesible desde este punto.

Porra de la Colina.

   Peña Lusa queda oculta tras las espesas nubes, y el picón del Fraile, presidiendo las cumbres de estos collados, y que a ratos aparece entre la bruma con el sol a sus espaldas dando una imagen casi fantasmal.

"Picón del Fraile."
   Con la idea de buscar un lugar resguardado del viento, descendemos por el cordal hacia el collado de Carrío, por el sendero hacia las Estacas de Colina bordeando la Garmia que dejamos a mano izquierda.


   En este punto tuvimos que hacer una parada, la primera de muchas en esta jornada, para reparar las botas de un compañero que ya pasaron a mejor vida…



   Continuando el sendero, atravesamos el lapiaz por un estrecho pasillo con escaleras de piedra, el portillo de las escalerucas, y con fuerte viento llegamos a las cabañas de Brenacobos.


   Bordeando el muro de piedra que delimita el terreno de pasto de las mismas, y con una caída considerable a la derecha, recorremos la calzada de piedra hasta llegar a una zona a refugio del viento donde paramos a comer. Con la peña del Fraile y las cabañas pasiegas esparcidas por la ladera bajo el lapiaz del Carrio como paisaje, dimos buena cuenta de los bocadillos.

Tras un largo descanso, continuamos a media ladera, perdiendo altura lentamente hacia el bosque de Moncrespo, un largo sendero que poco a poco nos dirige hacia el valle glaciar de Brenavinto.


   Entre las hayas y rocas, nos topamos con una profunda cañada, la cual hemos de atravesar por su interior si queremos salir del bosque. Por el encajonado pasillo natural, atravesamos Hazas del respiradero, entre las rocas depositadas en su fondo y los helechos y vegetación baja que crece en tan sombrío lugar.


   Todavía quedaban por recorrer kilómetros de estrecho sendero sobre el poljé de Brenavinto hasta toparnos con la cabaña de Concichao, que tras bordearla y buscar de nuevo la loma del valle, nos topamos con el último tramo de sendero. Este, discurre por un pequeño laberinto de grandes rocas que comparten espacio con las hayas y helechos, otro pintoresco rincón de los muchos que ofrece esta ruta.


   Al salir del laberinto, un corto tramo de bajada por el sendero nos deja ya en el Alto de La Posadía, y por tanto el tramo final de la ruta.


   Ya por la pista de grijo, dos kilómetros y medio hasta el coche para terminar esta espectacular ruta, 16,3 kilómetros y unas 5 horas y media, ascendiendo hasta los casi 1440 mt.


   Había oído lo bonito que era el recorrido de esta ruta, una vez hecho me doy cuenta de que todas las descripciones leídas se quedan cortas, incluyendo la mía, puesto que hay zonas que son imposibles de describir o retratar con la cámara mostrando todo su esplendor… más que una ruta de montaña, la vuelta a la Colina resulta un viaje para los sentidos con seguidos cambios de escenario que muestran todo un mundo de contrastes.

Perfil, datos y ruta:

Pesquera de Ebro -Desf. de las Palancas -Desf. de los Tornos. Cañones del Ebro (Qdd Bicicantabria)

   Segundas partes, dicen, nunca fueron buenas. De las siguientes ya ni se habla…

   Esta teoría queda desmontada año tras año con las rutas organizadas por sherpa (Miguel) y Luis en los cañones del Ebro. Grandes conocedores de la zona, por estas fechas anuncian las rutas en el foro, y aunque los asiduos ya sabemos a lo que vamos, nunca dejan de sorprendernos.

   De nuevo estábamos camino de Pesquera de Ebro, lugar de reunión y salida de la ruta. La hora acordada, las 9:30 de la mañana. Pese a ciertos problemas de orientación durante el viaje, llegamos a las nueve al aparcamiento que se encuentra a la entrada del pueblo.
Pese a que los cañones es una zona un tanto alejada y de incómodo de acceso, se congregó un multitudinario y nutrido grupo, el cual, con cuentagotas, fue llenando las plazas del aparcamiento. Gente de Cantabria y Valladolid compuso el colorido pelotón de unos 35 ciclistas que alargamos la hora de salida hasta casi las 10 de la mañana. La temperatura, a pesar de la presencia de las nubes, era agradable.

   Descendimos por la carretera, vertebra principal del pueblo de Pesquera, recorriendo la calle que lleva el mismo nombre y salimos por ella de la pequeña localidad. Como curiosidad, cabe resaltar que en 2010 el censo de Pesquera de Ebro era de 14 habitantes, pero aún hoy puede apreciarse la importancia que en su día tuvo, reflejada en los escudos nobiliarios que lucen las casas y antiguos palacios, hoy por hoy declarados conjunto histórico.


   Pronto dejamos atrás las casas, y tras un tramo de 3 cómodos kilómetros donde predominaba la bajada, comenzamos a tomar altura por una pista en buen estado, llamada la calle real. Contemplando el rio a nuestra derecha, el pueblo iba haciéndose cada vez más pequeño, hasta quedar reducido a un conjunto pequeños tejados que apenas se distinguían entre las copas de los árboles.
Sin salirnos de la pista, durante 5 kilómetros continuamos subiendo, con algún corto descanso y buen firme con  dirección a Turzo.

Turzo.
   Según avanzábamos, el paisaje iba transformándose, la altura del páramo contrasta con el encajonamiento del rio Ebro a mucha menos altura, formándose tremendos cortados verticales, las famosas vistas de los cañones.

Descanso.
   A medida que nos acercábamos a Turzo, en el kilómetro 7 de ruta aproximadamente, nos alejábamos de la ribera del rio.  En esta pequeña localidad, se realizó un reagrupamiento, tras reparar las averías ocurridas a lo largo del primer tramo. Aquí, algunos optaron por abandonar la ruta por no verse en condiciones de terminarla.
   Dos kilómetros más de subida nos llevaron al punto más alto de la ruta, a unos 925mt sobre el nivel del mar. Un espléndido mirador con una preciosa vista aérea de Gallejones, pequeño pueblo del valle de Zamanzas, que se encuentra situado en un enclave único. Esto es debido a la fuerte erosión producida por el arroyo Zouble, que ha creado este pequeño valle con pronunciados desniveles de casi 1000 mt. Esto permite descender al pueblo por un técnico, empinado y precioso sendero que zigzagea por la ladera del valle, descendiendo y atravesando la carretera de acceso al pueblo en varios puntos, un descenso unos 230mt de altura en menos de 1,5km. de distancia.

Bajada.
   Por la calle principal atravesamos esta localidad y continuamos por el sendero que recorre el fondo del valle paralelo a la pista rural y pasando junto a los múltiples arroyos que nutren el Zouble. Recorriendo los espesos y sombríos bosques de hayas y robles y pasando de largo por el centro de la pequeña población de Báscones de Zamanzas.
Durante este largo tramo de sendero de más de 5km, nuevamente fuimos recuperando altura. Lenta pero constantemente, y poco a poco, el firme cubierto de vegetación fue dejando paso a una pista más descubierta, ancha y rodadora. Los espesos bosques de especies propias de zonas húmedas, fueron dejando paso a otras más típicas de lugares soleados, como lo son los pinos. Impresiona este contraste en apenas 5km, producido por los microclimas tan diferentes, creados, debido a la diferencia de condiciones tan grande existente entre los valles y el páramo.

   En el kilómetro 17,5, y con el grupo perdiendo unidades, llegamos a Población de Arreba, la cual cruzamos por la calle mayor, y de nuevo por un corto sendero de bajada llegamos a Crespos, donde de nuevo se reagrupó la marcha. Esta pequeña pero hermosa localidad, nos sirvió como lugar de descanso junto a su iglesia, Ntra. Sra. Del Rosario, pequeña edificación del románico de apariencia humilde pero excelentemente conservada y cuidada por los vecinos.

Ntra. Sra. del Rosario
   Por sus floreadas calles abandonamos el pueblo descendiendo durante aproximadamente 2km con dirección a Munilla. Recorrimos los senderos que atraviesan las praderas adornadas ya con las diferentes tonalidades ocres propias del otoño.
Tras disfrutar de una rápida bajada por la ancha pista, ahora, tocaba afrontar una corta pero intensa subida atravesando un pequeño pinar, donde el sol aparecía tímidamente entre las nubes, y en zonas despejadas de vegetación se notaba ya una subida de las temperaturas considerable.

Crespos.
   Poco a poco, el estirado grupo llegaba al pueblo de Munilla. Aquí aprovechamos para recuperar fuerzas durante largo rato en el centro de esta pequeña localidad, junto a la plaza.

   Reanudamos la marcha terminando de subir un corto repecho y de nuevo afrontamos un rápido descenso por pista. Pista que poco a poco se fue estrechando hasta toparnos con el Desfiladero de las Palancas en el kilómetro 24,5, poco más de la mitad de la ruta.
Este tramo discurre por un estrecho pasillo natural, entre dos grandes paredes de piedra a forma de embudo. Entre ellas, es  guiado un pequeño arroyo con poco cauce, en esta época del año, y en el  cual, si no queremos mojarnos los pies, se puede caminar por el rustico paso de piedras.

Desfiladero de las palancas.
   Dos tramos de rio son separados por un parador con mesas y bancos, un buen lugar para pasar el día en familia y una corta bajada de piedra a modo de trialera.
   A continuación varios kilómetros de rápido sendero nos llevarían a pasar junto al pueblo de Landraves, sendero que termina muriendo en la carretera, en la localidad de Consortes.


   Alternando algún tramo corto de sendero con carretera, repechos con cortos descensos, llegamos a San miguel de cornezuelo en el km 28,5. De aquí, por pistas parcelarias, atravesamos terrenos de labranza cruzando el páramo hacia Cidad de Ebro.
   Sin cruzar el puente sobre el rio, dejándolo a mano izquierda, por la carretera que discurre paralela al rio, fuimos de nuevo recuperando altura, y aproximadamente a 3km, nos detuvimos en un bonito balcón a pié de carretera. Este ofrece una bonita panorámica de los cañones al paso del Ebro por ese punto. Fotos de grupo, un corto descanso y continuamos para afrontar el último tramo de subida por asfalto, el más duro y pesado a mí parecer.

Mirador.
Vistas.
   Este nos llevó al pueblo de Vallejo, donde aprovechamos para reponer agua en la fuente de la entrada del pueblo, en el kilómetro 32 de ruta. Aquí, algunos comenzábamos ya a notar las horas de ruta y los kilómetros empezaban a pesar.
    Atravesamos las estrechas calles de esta pequeña localidad un poco rezagados del grupo, y continuamos por la pista  marcada como Pr que continua al otro lado de la misma con una corta subida.

   Tras un corto descenso por la rápida pista de piedra suelta nos reunimos con el resto. En este punto, los guías nos advirtieron de lo que acontecería a continuación. Las advertencias de precaución no eran en vano…

Desfiladero de los Tornos.
   A escasos 200mt, nos desviamos hacia la derecha por un sendero rocoso y estrecho que poco a poco se convirtió en “complicado”. El Camino de Vallejo, de Manzanedo a tudanca, atravesando el desfiladero de los tornos, un angosto paso labrado en la vertical pared del cañón a unos cuantos metros sobre el rio, que da una perspectiva de los meandros del mismo impresionante. Un tramo no apto para quien tenga vértigo, ya que en algunos puntos el paso es bastante expuesto. Ni que decir tiene que el paso con la bicicleta es cuanto menos complicado.

Desfiladero de los Tornos.
   Aproximadamente a mitad de paso, nos topamos con un arco natural que atraviesa la horadada roca, tras el mismo, una pared vertical complicaba el paso con la bicicleta al hombro en un duro tramo de “trepada” antes de comenzar el descenso. A partir de este punto, se va perdiendo altura mientras la vegetación va imponiendo una barrera y la pared va perdiendo verticalidad, siendo el final del sendero un tramo rápido y ciclable.
   Al final del mismo, nos reagrupamos de nuevo aprovechando un pequeño escampado a nivel del rio, un buen lugar para descansar y reponer fuerzas antes de comenzar el último tramo de ruta.

"Rivera del Ebro"
   Reanudamos la marcha por el sendero que recorre la ribera y que nos llevaría a atravesar el puente peatonal de Tudanca con 35.5km recorridos y a 10 km. del final. En esta localidad confluyen los GR-85 y 99.

Puente de Tudanca.
   Continuamos por la carretera que serpentea paralela al Ebro, atravesando la localidad de Tubilleja por la calle mayor. Al pasar el pueblo, abandonamos la carretera para continuar por el sendero a orillas del rio, y por el cual continuamos hasta pasar la localidad de Colina, donde de nuevo accedimos un tramo corto a la carretera.
   De Colina  y hasta pesquera, el trazado de la ruta discurre entre el Ebro y la carretera ó calle de la Parra, en su mayor parte en llano, aunque las fuerzas ya escaseaban y cualquier pequeño repecho parecía una dura subida…

Rodando por el páramo.
   Terminando el sendero, accedimos de nuevo a la carretera que cruza el pueblo de Pesquera, accediendo a la misma junto a la ermita de San Antonio.
   De aquí, atravesando el puente medieval, un último tramo de 200mt de ascenso por carretera pasando junto a la iglesia de San Sebastián. En este lugar, es donde descansan los restos del militar Merino y el maestro platero Lesmes, lo cual propició, aunque hoy no lo parezca, que en su día, dicha iglesia contase con gran cantidad de valiosos objetos de platería y elaborados retablos.

   Tras el último repecho, llegamos a la entrada del aparcamiento, finalizando la ruta tras 45,5 km de ruta y casi 8h invertidas en el recorrido.
   Seguramente es una ruta que pueda hacerse en menos tiempo, pero no es el objetivo de este tipo de quedadas. Creo que el trazado es espectacular por sus vistas y lo divertido de los senderos, a pesar de la exigencia física que implica y aunque alguno de los pasos resulte algo peligroso.

   Agradecer a los organizadores el tiempo invertido, que no habrá sido poco, teniendo en cuenta lo rebuscado de algunos pasos, y sobre todo, una alegría volver a ver caras con las que hacía tiempo que no compartía rutas, y otras nuevas, que dan ambiente para que las quedadas no se pierdan.

"Grupo"
   Decir, que todo cuanto hay aquí escrito o plasmado en fotos, no hace justicia a los cañones del Ebro, bonito en cualquier época del año, pero a mi parecer, lo es más aun en otoño. Para realmente saber cómo es esta zona, los cañones del Ebro hay que verlos, recorrerlos y disfrutarlos.

Mapa y datos de la ruta:

Monte corona Btt - QDD bicicantabria.

Como suele decirse, y como norma general,  todo esfuerzo tiene su recompensa, (aunque por desgracia muchos hemos averiguado en un ámbito u otro que no siempre es así…). Pero esta vez la recompensa  fue grande, desproporcionada con respecto al sacrificio que supone levantarse un lluvioso domingo a las 7:00 de la mañana, para acudir a la llamada del foro bicicantabria en la quedada correspondiente  al mes octubre.


Esta vez, las chicas fueron las que pusieron toda la ilusión y trabajo que implica organizar una de estas rutas. El lugar de reunión para comenzar la marcha fue el aparcamiento de entrada al bosque de secuoyas de Cabezón de la Sal, y esta fue la primera de las sorpresas de la jornada. Muchos, entre los que me incluyo, desconocíamos la existencia de un bosque de esta enorme especie de árboles en Cantabria, y descubrimos un lugar perfecto para ir a disfrutar con la familia en otra ocasión.

Llegamos a las 9 de la mañana aproximadamente Diego, José Mari y un servidor, con poco ambiente, apenas un par de coches en el aparcamiento, y  aunque la temperatura era agradable, el viento sur dejaba a su paso un rastro de nubes que de vez en cuando descargaban  alguna gota de lluvia sobre nosotros.

A eso de las 9:20 se había llenado el lugar y comenzaban a aparcar en un cambio de sentido unos 100mt. más adelante. Por fin, a las 9:30, hora de salir, nos habíamos juntado 31 personas.


La ruta, comenzó descendiendo entre las inmensas secuoyas  poco menos de medio kilómetro sobre una tupida alfombra de hojas secas caídas de los árboles, lugar donde hicimos una breve parada para sacar la foto de grupo.  He de decir que en este tramo, actualmente hay que tener cuidado, primero con la gente, ya que dependiendo de la hora y del día puede estar lleno de familias paseando. Segundo, con dejar marcas de derrapes, y ni que decir de envoltorios, ya que es un lugar protegido. Y de todas formas, si nos topamos con el guarda, es posible que tengamos que hacer este corto tramo andando, ya que interpretan que las bicicletas están siendo agresivas con las raíces de los árboles. El bosque de Cabezón ha sido declarado monumento natural, debido al excepcional ecosistema que crea esta singular especie plantada en 1940.

Al terminar el descenso,  accedimos a una pista ancha de grijo por la que continuamos girando a la derecha. Este tramo, coincide con el trazado de la marcha de los 10.000 del soplao, y compartimos con él la ruta hasta el kilómetro 4,5 ascendiendo al monte Corona. 
Nos desviamos en el cruce a la derecha, coincidiendo con el final de la primera de las subidas, y unos metros más adelante, comenzamos el descenso por un sendero  que se encuentra  a mano izquierda de la pista y por el cual, bajaríamos durante aproximadamente 2km por firmes muy variados, roderas muy marcadas y embarradas en un principio, que se convertirían en un sedero entre hayas y robles más cubierto de vegetación y raíces resbaladizas con alguna que otra trialera de roca y algún paso en el que fue necesario portear la bicicleta hasta llegar al final de la bajada, donde cruzamos un arroyo sin apenas caudal repleto de grandes cantos rodados.


En este punto, paramos para reagruparnos, la frondosidad de los árboles y el paso del arroyo, propician un bosque tupido de vegetación baja formada por helechos, cubiertos bajo el techo de las copas de los robles y hayas, y una espesa manta de musgo que tapa las raíces, los troncos y rocas, mostrando un idílico paisaje pintado con multitud de tonos verdes a pesar de que el otoño ya cambia el color de los bosques.


Tras un reagrupamiento, afrontamos una corta subida de apenas 500mt. con tramos  imposibles de ciclar, senderos  resbaladizos entre la maleza, este es un lugar en el cual es fácil perderse o equivocarse de sendero si no conoces la zona.
En el kilómetro 6,5 aproximadamente accedimos de nuevo a la pista, por la cual descendimos hacia la derecha.

Una vez más, me doy cuenta de que compitiendo, apenas si se disfruta del recorrido, puesto que este descenso de bajada, coincide casi en su totalidad con el recorrido de la carrera trail de montaña de Comillas, en la cual participé este año y pasé por el sin reconocer absolutamente nada del recorrido.


Descendimos por la pista unos 800mt dirección al barrio de Rioturbio,  tomando de nuevo un desvío a mano derecha, separándonos aquí del trazado de la marcha de los 10000 del Soplao, al menos unos kilómetros, e iniciando la larga subida por la loma del monte Corona hasta la Ermita de San Esteban, a la que llegaríamos en el kilómetro 10 de ruta, aproximadamente la mitad de la misma.



Este lugar, ofrece unas espectaculares vistas de Comillas donde destaca el seminario,  la costa cantábrica, y hacia el interior los picos de europa y el majestuoso pico Urriellu, cubierto por las nubes rasgadas típicas del viento sur y donde ya se dejaba entrever algún nevero, todo ello bien señalizado en el bajo murete que rodea la ermita con flechas y los nombres del lugar al que señalan, esta ermita se encuentra rodeada por los bosques de Castaños,  de pino y eucalipto.


Una larga parada en este punto, nos permitió comer algo y hacer alguna que otra foto del grupo y de los paisajes.


Continuamos descendiendo, primero entre los árboles y una pequeña zona de recreo con mesas y barbacoas, para después salir de nuevo a la pista de graba, dejando a la derecha  la cruz de Matías y rodeando el  bosque del Calvario, afrontando a continuación un repecho de algo menos de un kilómetro, al final del cual, alcanzaríamos la cota más alta del día.
Dos kilómetros de bajada, nos llevarían de nuevo a la pista por la que iniciamos la ruta, finalizando aquí el primer bucle de la misma de unos 13km.


Continuamos por la pista a la derecha, y en apenas 500mt, abandonamos la misma para continuar el descenso por un sendero, de nuevo, girando a la derecha. Este tramo consta de un sendero estrecho, húmedo y cubierto de vegetación, que zigzaguea entre los arboles mientras desciende por la loma del monte, un tramo largo y divertido que culmina en una pronunciada rampa aparentemente fácil de bajar, no siendo por su resbaloso firme de arcilla donde más de uno terminamos con los huesos en el suelo, sin consecuencias, imposible de bajar subido en la bici, y difícil también hacerlo andando, un buen sitio para deleitarse con la desgracia ajena intentando descender la rampa. Continuamos, atravesando una pequeña pasarela de madera para seguir por sendero, pero esta vez recobrando altura hasta que, en el kilómetro 15, accedimos a la pista que ya no abandonaríamos hasta el final de la ruta, girando a la izquierda y ya como camino de retorno.


La subida por pista de unos 2km, nos llevó de nuevo a la pista por la que iniciamos la ruta, que en sentido inverso, nos dejó en el bosque de secuoyas, donde ya no quedaba más que subir al aparcamiento en el que habíamos dejado los coches.



Unos 21km de ruta circular formada por dos bucles, donde las pistas de grijo fáciles y rapidas, hacen de enlace a los diferentes tramos de sendero algo más técnicos y divertidos, para mi gusto, y mucho más bonitos. Necesitamos unas 3h y media para realizarla, pero apenas 2h15´estuvimos en movimiento, el tiempo de espera para reagrupar a la gente no fue desaprovechado, ya que es un placer contemplar el frondoso monte Corona que a pesar de que el otoño ya ha llegado, luce su verde intenso con todo su esplendor.


Muy buen ambiente entre la gente de bicicantabria, que recupera el antiguo espíritu de las quedadas del foro, sin prisas, sin competición, y sobre todo, enhorabuena a las organizadoras que tanto tiempo y esfuerzo dedicaron al trazado de la ruta, muchas gracias.



Perfil y datos de la ruta: