Pico Candiano (Venta del hambre.)

   Dejamos atrás el mes de Julio. Entre viaje y viaje aprovecho para hacer alguna corta escapada al monte y como siempre que se sale en grupo, procuramos adaptar la ruta a las obligaciones u horarios de quienes se animan a acudir a la misma. En realidad es lo importante de la ruta, la posibilidad de ir a tal o cual sitio siempre estará ahí, en cambio el poder coincidir con otras personas no siempre se presenta.

   Como siempre Diego estaba dispuesto a acompañarme. Juntos conseguimos sacar a Jose de su medio natural, las dos ruedas, para compartir una ruta a pie corta y fácil, subiendo a un monte ya conocido, el Pico Candiano.

   Esta vez, por limitaciones de horarios no podíamos permitirnos recorrer la sierra de Breñas. Por otra parte, a causa de la espesa niebla y fina llovizna con que arrancó la jornada tampoco lo habríamos disfrutado como se merece.

   Tras recoger a Jose y a Diego en Colindres, tomamos en Treto  la carretera hacia el Barrio de Carasa. Una vez comenzamos el descenso por el barrio de La Angustina, aparcamos el coche a pie de carretera (CA-258) en un ensanchamiento de la misma, junto a un muro de leña apilada poco más arriba del palacio de Gandaras. En este punto comenzamos la ruta a pié.




   Retrocediendo apenas 50mt por carretera pronto tomamos un desvío a mano izquierda junto a un banco de madera  por una estrecha pista asfaltada que da servicio a las casas que se descuelgan por la loma del monte. Pista  de pronunciada pendiente que rápidamente cobra altura.

   En otra ruta realizada en el mes de mayo, hice una ruta circular saliendo desde el santuario de la Bien Aparecida, recorriendo todo el cordal de la Sierra de Breñas con los diferentes picos que la forman, otros accesos bien conocidos a la cumbre del pico Candiano o Colina como también se le denomina,  son los que comienzan en las localidades de Padierniga, Bueras o San Bartolomé de los Montes, todos ellos desde la ladera que muere en la ría de Rada. Nuestra idea era la de ascender directamente por la cara contraria del monte directamente hasta la cumbre, atravesando la zona llamada “venta del hambre” y una vez en la cruz, descender directamente al lugar donde habíamos dejado el coche por la ladera norte.


   Pronto el asfalto de la pista pasó a ser hormigón, cobrando altura sobre el valle del Asón y dejando a nuestros pies la localidad de Limpias todo ello a nuestra derecha. Bastante intuitiva la pista se desgaja en un par de cruces, tomando siempre la dirección ascendente.  La pista de hormigón terminó desdibujándose  en sendas roderas perdiendo inclinación y continuando  a media ladera e incluso perdiendo algo de altura a medida que nos internábamos en la espesura del bosque de hayas.


   Nuestra marcha tan solo se vió interrumpida en un par de ocasiones por el paso de sendas alambradas.  A nuestro paso sobre la cantera de la “Angustina” atravesamos una zona más despejada de vegetación pudiendo disfrutar de las panorámicas de Limpias y Ampuero, y el serpenteante rio Asón a su paso por dichas localidades. De frente, los montes que separan este valle del de Guriezo, y que tantas veces hemos recorrido en bicicleta, esta vez encapotados por las nubes bajas que poco después se convertirían en espesa niebla.


   Tras el paso de la cantera, un quiebro a la derecha nos llevó por un estrecho sendero de nuevo entre los árboles, junto a una pequeña cabaña abandonada en ruinas afrontando una empinadísima ladera. La estrecha senda quedó oculta bajo la alta y espesa vegetación formada por helechos y pasto que nos llegaba a la cintura. La humedad acumulada en el terreno y el barro del sendero, ayudados por la fuerte pendiente, hacían de este un terreno resbaladizo con algún paso delicado. La alta humedad en el ambiente, y el calor sofocante de la subida hizo que pronto quedáramos completamente empapados.

   A medida que cobrábamos altura las vistas quedaban ocultas por una espesa niebla.
En apenas 500mt ascendimos unos 100mt de altura con algún que otro traspiés y resbalón,  cuando de nuevo una alambrada de espinos nos cerró el paso.  Del otro lado de la misma el monte tenía un aspecto menos verde y más desolador. La vegetación luchaba por repoblar una zona que fue pasto de las llamas dejando al descubierto las rocas y los desnudos tallos que se esparcían por la loma.

   Aprovechamos una gran roca para trepar y saltar la alambrada sin tener que arrastrarnos por el suelo para pasar la misma, ante nosotros teníamos el último tramo de ascenso para alcanzar la cresta de Sierra Breñas. Zigzagueando buscamos el paso más fácil a la antecima.


   En el alto, un giro a mano derecha y un corto repecho entre rocas nos dejaba en la cruz, cumbre del Candiano de 500mt sobre el nivel del mar, y donde como era de esperar, el tiempo empeoro sustancialmente, las vistas quedaron completamente cubiertas por las nubes y una fina lluvia hizo acto de presencia.


   Este pequeño monte posee una característica forma piramidal, con laderas de fuerte pendiente que parten desde la cota “0” hasta los 500 mt. de altura, por lo que todas sus caras oponen cierta resistencia a ser ascendidas con fuertes pendientes físicamente exigentes y se muestra ciertamente imponente desde las localidades que lo rodean .
Rápidamente nos pusimos algo de ropa y decidimos bajar por la pista que accede directamente a Padierniga rodeando el bloque de antenas que corona la cumbre del monte.


   Optamos por no aventurarnos a buscar otra ruta de descenso ya que la niebla no nos dejaba ubicarnos y subíamos con el tiempo justo, dejando esta idea aparcada para otra ocasión.


   Primero sobre pista grijera de piedra suelta pasando a medida que perdíamos altura a un firme más compacto. Pronto dejamos atrás el rocoso paisaje calizo atravesando pastizales y pasando junto a antiguas cabañas de ganado que actualmente están siendo ampliadas y reformadas para el uso turístico rural tan de moda.  La parte final del descenso por asfalto nos dejaba en el barrio de Padierniga para acceder por carretera al cementerio de Carasa. De aquí descendimos de nuevo por la carretera (CA-258) al lugar donde habíamos dejado el coche aparcado unas 3 horas antes.




    Tras ponernos algo de ropa seca fuimos a tomar un café y charlar, como siempre, de futuros planes de ruta tras pasar una agradable mañana de paseo por el monte.
Sin duda, encontramos aquello que íbamos a buscar, pasar la mañana entre amigos y un nuevo acceso por la venta del hambre al pico Candiano, aunque lo segundo es lo de menos.

Fotos de Jose, Diego y la montaña viva.
Para ver el álbum completo pinchar en el enlace.
Fotos.

Track y datos de la ruta:



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Vizmaya desde Entrambasagüas Btt.

   Cuando se acercan las vacaciones siempre nos entra esa euforia por hacer cosas, planeamos actividades y rutas y… por una cosa o por otra, rara vez podemos llevar a cabo una mínima parte de lo planeado. Mucha gente opina que la montaña es para el invierno, yo la disfruto en cualquier época del año, pero si es cierto que en la época estival me cuesta mucho más organizarme para disfrutar durante horas de una ruta. Como se suele decir, cuanto más tiempo libre tenemos menos cosas hacemos.

   Con ese planteamiento vamos pasando el mes de Julio, buen tiempo, fines de semana de acampada y algún viaje  visitando a la familia. Pero entre las idas y venidas intentamos sacar algún rato para hacer una ruta con los amigos aprovechando el día aunque el tiempo no acompañe.

   Desde el día en que descubrí el pico Vizmaya o Elechino como también se le conoce, en la marcha popular de montaña de Entrambasagüas, no he dejado de darle vueltas a las posibilidades del monte para hacer una ruta en bicicleta.
Tras un par de mensajes se animabane Diego y Jose a disfrutar de una agradable mañana en bici de montaña, a pesar de que la lluvia hiciera acto de presencia a media ruta y no nos abandonara hasta el final de la misma.

   El planteamiento  era  el de seguir,  dentro de la medida de lo posible,  el mismo recorrido de la marcha a pié realizada un par de meses atrás y ver las posibilidades de alargar el recorrido en otra ocasión saliendo y terminando en Entrambasagüas recorriendo unos 17km.

   Para los puristas en esto del “mtb” 17km seguramente no adquieran ni la denominación de ruta, en cambio, para los que disfrutamos del monte, esos  17km son más que suficientes para disfrutar de una auténtica aventura en bicicleta rodeando este pequeño pico de unos escasos 250mt de altitud enclavado  bajo la sombra de Peñacabarga.

   Debido a la acción minera, este monte es atravesado en una y otra direccion por estrechos caminos y senderos que actualmente están siendo recuperados, y que discurren junto a curiosos lugares modelados , en gran parte, por la acción del hombre y adornados por la espesura que lucha por cubrir densamente los bosques y paisajes rocosos que se esparcen por la zona.

   A las 7:30 recogía a Diego y salíamos en busca de Jose. Aproximadamente a las 8:30 habíamos descargado las bicicletas y estábamos listos para comenzar a rodar.

   Por la carretera principal que atraviesa Entrambasagüas, y como ya lo hiciéramos el día de la marcha, tranquilamente recorrimos el barrio del Sedillo  tomando el desvío hacia las piscinas y afrontando el primer y duro repecho de asfalto para ir entrando en calor. Un rápido descenso en línea recta nos dejaba en el primer cruce, donde giramos a la derecha tomando dirección al Barrio la Maza por pistas parcelarias de grijo suelto. 


   5km después de tomar la salida salíamos de las últimas casas del Barrio dirección sur  y nos internábamos  en un estrecho sendero cubierto por espeso bosque.  A la vez que parecía hacerse de noche, bajo la espesura,  una  fina lluvia hizo acto de presencia.


   Con la esperanza de que la nube pasara rápido esperamos bajo los arboles durante un rato. Finalmente decidimos equiparnos para la lluvia y continuar con el recorrido.


   En continuo sube baja el sendero se fue estrechando hasta que en su parte final se complicó técnicamente con fuertes escalones pedregosos y que con la humedad estaban especialmente peligrosos. Este tramo de sendero se vuelve complicado pero entretenido y divertido si te gustan algo más que pistear, desembocando en una pista que atraviesa  la localidad de Navajeda.


   Con precaución en este punto, cruzamos la carretera para comenzar la ascensión al barrio de la Riestre, asfaltada pero con duras rampas, la pista asciende por la ladera que separa este valle de la localidad de Solares. Una vez en el alto divisábamos dicho municipio y descendíamos a orillas del rio Miera. Por la orilla del Miera continuamos durante aproximadamente 2km de carretera atravesando plantaciones de kiwis y pasando junto a remansos del rio a modo de pequeñas calas de blanco canto rodado. De no ser por la lluvia, habría sido un buen lugar para parar a disfrutar del paisaje.

   Pronto llegamos a la cantera  que se encuentra a la altura de Ceceñas, actualmente en desuso y hacia la cual nos desviamos  ascendiendo por la pista de grijera de acceso a la misma.


   En este punto tener en cuenta los carteles de aviso de la entrada, entrar en esta zona entraña un riesgo que corre bajo la responsabilidad del excursionista.  Tras un par de curvas por la pista principal, nos bajamos de las bicicletas y comenzamos a subir con ellas al hombro por la empinada ladera vertical de unos 100 mt hasta alcanzar el sendero que recorre el monte. No hay que olvidar que el trazado de esta ruta fue diseñado para una ruta a pié, por lo que se pasa por zonas complicadas para las bicicletas y otros prácticamente imposibles de ciclar.

   Recorrimos el sendero a media ladera del monte con unas preciosas vistas de Peña Cabarga y el Miera a su paso por Solares, el terreno pedregoso estaba especialmente complicado a causa de la humedad. Si en buenas condiciones este tramo se podría hacer casi por completo dando pedales, las resbalosas piedras de este día lo ponían en exceso complicado.


   Tras otro kilómetro recorrido el sendero dio un quiebro a la derecha para remontar altura bruscamente a través de un frondoso eucaliptal cubierto de helechos.  Antes de comenzar el descenso, un pinchazo en la rueda delantera de mi bici nos obligó a detener la marcha por un momento.

   Una rápida reparación y descendimos entre la densa vegetación hasta llegar a una pista más ancha que moría junto a una alambrada de espinos cerrando un terreno de pasto.
Junto a la entrada nos detuvimos para observar el terreno. Finalmente encontramos un estrecho paso bordeando la finca evitando atravesar el terreno particular. Continuamos descendiendo por  pista más ancha y rápida accediendo a una explanada, y que para nuestra sorpresa,  resultó ser también un terreno particular custodiado por 5 mastines con pocas ganas de dialogar las condiciones de paso por su propiedad.

   La sangre fría de Diego ayudó a que la situación no fuera a mayores y tras unos minutos de tensión por fin apareció el dueño de los canes. Amablemente nos acompañó hasta la salida de su finca pudiendo retomar la pista de descenso al alto del bosque.

   Este recorrido está sacado de una ruta organizada, y por lo visto, y a pesar de que muchas de las indicaciones siguen colocadas en el monte, solo era apto para ese día, pasando por varias propiedades privadas. A pesar de, por todos los medios, intentar evitar atravesarlas nos vimos en el medio de una finca guardada por perros calificados por su dueño como muy peligrosos y al que pedimos permiso para cruzar. Por lo tanto no recomiendo seguir esta ruta. 

   Con el tiempo y reconociendo sobre el terreno el Vizmaya encontraremos zonas de paso públicas y que no entrañen riesgo alguno para el excursionista.


   Con el alto del bosque a nuestros pies comenzamos de nuevo a ascender por una estrecha pista asfaltada junto a una gran cabaña de madera. Poco a poco el asfalto se tornaba  en grijo y finalmente  pasamos de nuevo a rodar por un estrecho sendero rodeado de maleza.
La serpenteante senda nos llevaba atravesando el espeso encinar, tan típico de los terrenos  de caliza, hacia el barrio de Santa Marina accediendo  al mismo pasando junto al cementerio.

   De nuevo, el track de la ruta nos introducía en un terreno cercado  donde pastaban algunas cabezas de ganado. Ya con el cupo de emociones fuertes cubierto por el día,  decidimos bordear el muro y continuar por la pista de asfalto hasta el centro de Santa Marina.

   Cumplíamos el kilómetro 13 de ruta, y tras un par de vueltas entre las casas nos dimos cuenta que de nuevo tendríamos que pasar una campa privada. Asegurándonos bien de la ausencia de perros o cabezas de ganado, abrimos la alambrada y cruzamos los escasos 20mt de terreno que nos separaban de la estrecha senda que de nuevo se introducía en el encinar.  


   De apenas 1,5km el sendero  atraviesa el monte por el interior paralelamente a una pista asfaltada que une Santa Marina con Hoznayo. Seguir por la pista es lo más fácil y lógico, pero el estrecho sendero lo hace por estrechos y enrevesados pasos muy técnicos para ir en bicicleta con zonas de trialeras pedregosas no exentas de peligro, pero de una belleza impresionante bordeando profundas hoyas cubiertas de vegetación y rocas vestidas por el verdín. Tal vez este sea el tramo donde más se pueda apreciar la erosión minera sobre el terreno del  Vizmaya.


   A pesar de lo bonito del tramo, en condiciones de humedad porteando las bicicletas, si lo que buscas en la ruta es dar pedales, este puede ser un camino tedioso, lento, exigente físicamente e incluso desesperante por lo resbaladizo del terreno. Pero con la compañía correcta se convirtió en toda una aventura entretenida y divertida hasta que con una última trepada en cadena para subir las bicicletas accedimos de nuevo a la pista principal.


   Comenzamos el rápido descenso hacia el convento y nos desviamos de la pista a la izquierda por un estrecho sendero entre la espesura para hacer un pequeño bucle y retomar de nuevo el descenso por pista hasta llegar al cruce señalizado de caminos, con las opciones de continuar el descenso y salir del  monte o de nuevo remontar altura y acceder al pico Elechino.

   Optando por la segunda opción comenzamos la subida porteando la bicicleta por la húmeda y pedregosa senda.

   Con fuerte pendiente remontamos altura hasta la base del rocoso macizo, en este punto tomamos la determinación de descender  directamente  a Hoznayo, por la hora y por qué  la complicada meteorología apenas nos dejaría apreciar las vistas desde la cumbre del Vizmaya.

   Un corto tramo de trialeras especialmente delicadas por la humedad desembocaba  en la carretera que une Santa Marina con Entrambasagüas, a casi 4h. de haber iniciado a ruta. Unas cervezas y algo de picoteo pusieron el broche final a una fantástica mañana de bici y por supuesto de montaña.


    Esta ruta, tal cual no la repetiré, y buscaré otras opciones a los tramos que pasan por las propiedades privadas de la zona.

   En cuanto a la dificultad técnica, personalmente no le veo impedimento alguno, no me importa portear la bicicleta, pero reconozco que no es una ruta cómoda para quien busque “rodar”. Como dato curioso, la duración de la ruta a pié fue de 4h y 40´ media hora menos que el tiempo invertido en bicicleta. Una muestra de lo técnico del terreno en su mayor parte.

   A pesar del tiempo complicado, el Vizmaya, al igual que caminando, no defraudo sobre la bicicleta.


Para ver el álbum completo pinchar en el enlace.

Por razones de seguridad, ya que se atraviesan parcelas particulares no se recomienda seguir el recorrido aquí expuesto ni facilitamos el track de la ruta..