Castro Valnera desde el Bernacho.

Al hablar de la montaña cántabra terminamos irremediablemente hablando de la Vega de Pas.

   Si bien, el río Asón  nace en una cascada precipitándose desde la roca a una altura superior a los 70mt, su vecino el Pas, hace lo propio pero de una forma más discreta, tal vez por ello el nacimiento del Asón es una de las visitas imprescindibles  de aquellos viajeros que recorren Cantabria, mientras que el nacimiento del río Pas es prácticamente desconocido y no posee la fama que si duda alguna se merece.

   Buena culpa de ello la tienen los altos picos que le rodean, cumbres que sobrepasan los 1500 mt en la mayoría de los casos y que de forma vertical se alzan sobre los 340 mt de altitud que tiene la parte más alta del valle, formando verticales laderas de más de 1000 mt abruptas e indómitas incluso para el pasto de cabras que a duras penas se mueven por los inclinados herbazales y que hacen de esta una tierra hostil de difícil acceso para el visitante pero de extraordinaria belleza.
   Con sus nada desdeñables 1718mt de altitud, el Castro Valnera  separa las comunidades de Cantabria al norte, y Castilla y León al sur. Sus faldas acogen el trazado de los puertos de Lunada por el lado cántabro y estacas de Trueba perteneciente a la provincia de Burgos.
   Hasta los pirineos, esta montaña no encuentra rival alguno en cuanto a cota de altura se refiere mientras que al oeste hemos de mirar a las montañas de Campoo para ver cumbres más altas.
   Tras mirarla con cierto recelo desde los collados del Asón durante la temporada de invierno, decidimos que ya era hora de hacer una ruta y pasar por la cima del Castro Valnera.

   De estas cumbres destaca por su altura El Castro Valnera, o Castru Valnera como lo llaman los lugareños. Montaña situada en la zona oriental de Cantabria también conocida como la montaña pasiega.



   
Principalmente la climatología nos hizo decantarnos por la ruta desde la comarca de las Merindades, en la ladera sur, en la provincia de Burgos y que en principio aparenta ser más suave y llevadera. A sabiendas de que un tiempo algo inestable nos acompañaría durante la ruta con cielos cubiertos e incluso con riesgo de alguna precipitación Diego  un servidor tomábamos rumbo a Espinosa de los Monteros a las siete de la mañana con idea de comenzar a caminar próximos a las 8:30.


   Sobre el horario previsto recorríamos en coche el valle que discurre desde las casas de la Rasa, sitas junto a la carretera de acceso a Lunada, hasta las primeras cabañas del Bernacho. En este punto la pista de grijo empeoraba, así que decidimos aparcar a un margen del mismo e iniciar la ruta a pie, aunque más tarde pudimos comprobar que otros senderistas llevan el coche hasta prácticamente el final del camino junto a la  señal que indica el desvío a mano izquierda hacia Castro Valnera, y que obviamos en esta ruta, ya que sería el camino de retorno.


"El Bernacho"
   La pista, de fácil caminar discurre por el fondo del valle, bajo las imponentes montañas que lo rodean. Un gélido viento nos sorprendió nada más salir del coche, no esperábamos unas temperaturas tan bajas en este mes de Julio. Contando con que pronto entraríamos en calor decidimos continuar sin abrigarnos demasiado.El fondo del valle, de un intenso color verde, queda dividido en parcelas mediante rústicos muros de piedra que dibujan un curioso entramado de líneas a lo largo del mismo.

   El final de la pista marca el punto más alto de esta, y tras un corto descenso pasando junto a las últimas cabañas del Bernacho comenzamos a remontar altura recorriendo un estrecho sendero fuertemente marcado en la espesa maleza de tipo bajo formada por árgomas y escajos.




   
El estrecho sendero balizado y señalizado con hitos cobraba altura por la loma del Valle remontando hacia el collado del alto de la Piluca de 1421mt. En continuo zigzag, fuimos tanteando la verticalidad de la loma a medida que nos acercábamos a los pies de Torcaventosa.





  
Una placa metálica en una roca a los pies del sendero nos daba un toque de atención señalizando el lugar de una de esas tragedias que ocurren en la montaña cobrándose alguna víctima y que recuerdan que en ninguna montaña ni nadie estamos exentos de riesgo por pequeña que sea la cumbre que intentemos alcanzar.



   
Lo que antes eran nubes de altura, pasaban a ser una espesa niebla que se movía rápidamente cubriendo y despejando las cimas a nuestro alrededor. A lo lejos, el camino, los coches y senderistas quedaban reducidos a minúsculos puntos que como hormigas recorrían el camino por el que anteriormente pasáramos nosotros.

De vez en cuando el trasiego de nubes permitía disfrutar del espectacular paisaje hacia ambos lados de la montaña.



   
Los neveros que apreciábamos desde abajo se convertían ahora en obstáculos de paso hacia la cumbre.



  
El sendero giraba a la izquierda en el collado y continuaba por la ladera acumulando altura. Sin apreciar demasiado lo que teníamos enfrente nos dirigíamos al alto de la Pirulera con sus 1.512mt. y que rodeamos para evitar la nieve acumulada en el tramo final de la cima.



   
Un corto tramo de descenso nos dejaba frente al cartel  que indica la proximidad de la cumbre del Castro Valnera.


A partir de este punto afrontamos un fuerte repecho mientras que el sendero se estrechaba a medida que comenzábamos a crestear. El trazado quedaba borrado en zonas rocosas que exigían de cortas y fáciles trepadas para continuar hacia la cumbre pero que obligaban a asomarse en algunos puntos más de lo deseado, por un servidor al menos, al vacío abierto de la cara norte del Valnera, y que a pesar de que la niebla no permitía “disfrutar” de las vistas, si se sentía la tremenda caída que ofrece esta ladera hacia el valle de Pas.



   Entre ambas laderas buscábamos sortear y pasar las zonas más técnicas hasta alcanzar la antecima.

   Nos quedaba afrontar el último tramo a la cima de nuevo cresteando. Frente a nosotros se alzaba entre las nubes una plana meseta rocosa con acceso fácil entre rocas escalonadas para llegar a la cumbre a 1.718mt. de altura.
   


   
Pese a ser una montaña imponente y a que el día no era el idóneo para disfrutar de ella, la estancia en la cima era agradable, apenas si se notaba el viento y la temperatura era más alta que la que nos acompañó  durante la subida. Una vez sacada la foto junto al buzón y dejar una nota para constancia de nuestra visita, comenzamos la ruta de descenso bajando de la plataforma rocosa por el mismo camino de acceso.



   
Al retomar el sendero viramos a la derecha para rodear la cumbre a media ladera y meternos de lleno en el descenso siguiendo la línea de hitos colocados sobre la plataforma rocosa pasando por la torca del Mirador. Vestigios de la actividad glaciar que ha modelado fuertemente el terreno y que ofrece espectaculares paisajes. Justo de frente nos encontramos la ladera de Cubada grande (1.605mt.) que junto a Cubada pequeña (1.377mt.) forman la otra “pared” bajo la cual discurre el valle o poljé del Bernacho.



   Perdimos altura rápidamente caminando por la desnuda roca. Al final de la plataforma un estrecho sendero zigzaguea hasta la base misma de Cubada grande. Dejándola a la derecha continuamos descendiendo adentrándonos en un espeso  y sombrío hayedo al final del cual accedimos de nuevo a la pista por la que comenzamos la ruta unas 4h antes.
   





   Ya solo quedaba llegar al coche y disfrutar en las Machorras de un café y un bocadillo a cargo de Diego, que no duda en invitar y a quien siempre agradezco el gesto.


    El haber accedido a Castro Valnera desde Burgos, nos ha permitido, aparte de conocer la montaña, abrir un abanico de posibilidades de cara a futuras rutas. Esta región poco conocida por nosotros, posee un entramado de rutas bien sea de senderismo o en bicicleta de montaña que merece la pena recorrer, todas ellas marcadas y explicadas en varios paneles informativos repartidos en los alrededores de Espinosa de los Monteros, y que sin duda alguna recorreremos tarde o temprano.
  


   En cuanto a la ruta, alcanzar la cumbre del Castro Valnera pasando bajo el Pico La Miel, es una ruta que entraña cierto riesgo, ya que el sendero atraviesa zonas que se complican con alguna corta trepada y que exigen de la máxima atención, aunque por ello no la consideremos una ruta peligrosa.

   Una pena no haber podido disfrutar de las vistas en un día soleado, ya que realmente son espectaculares.

   La ruta de descenso es mucho mas sencilla ya que se eliminan los tramos por las crestas de las cumbres adyacentes y se accede a la cima directamente desde el valle. Tal vez por ello, como pudimos comprobar, la mayoría de los senderistas optan por subir y bajar por el mismo camino utilizando esta ruta.

  La montaña pasiega posee unos rasgos de gran dureza que hacen intuir unas difíciles condiciones para los cada vez menos habitantes de esta hermosa región que permanece prácticamente inalterada y virgen en muchos casos. Rudeza del terreno que se refleja en sus gentes y que la defiende de las agresiones medioambientales tan de moda actualmente y que esperemos, siga así por muchos años.

Para ver el álbum completo pinchar en el enlace.
Album

Track y datos de la ruta.

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Buciero - Peña Ganzo (Descenso por sendero)

   Aun a riesgo de pecar de repetitivo, publico esta entrada de una pequeña excursión por el Buciero y que comparte recorrido con la realizada a primeros del pasado mes de Abril.

   Entonces, Diego y un servidor subíamos a Peña Ganzo en un día de niebla cerrada y lluvias abundantes con la idea de descender de la misma por una senda que, bien porque no pudimos o por que no pusimos mucho empeño en ello, finalmente no encontramos, y atravesando la maraña de vegetación y el espeso bosque de encinas que cubre este pequeño monte conseguimos llegar al camino blanco.

   Esta vez volvía yo solo a realizar el recorrido en condiciones bien distintas, una calurosa tarde de un domingo de Junio. Otras obligaciones me impidieron salir de ruta, así que aproveché el momento que quedaba libre antes de terminar el fin de semana para hacer una corta escapada al Buciero. Por un lado para simplemente relajarme paseando por sus senderos, y por otro, para conocer la senda que desciende de Peña Ganzo y poco a poco ir descifrando la enredada maraña de senderos y entresijos escondidos en  este monte.

Señal comienzo de ruta.
   Como ya lo hiciéramos ese día, comencé a subir por las escaleras que me llevaron al Salticón atravesando los estrechos callejones y cobrando altura rápidamente. Si bien las vistas son nulas, es la forma más rápida de ganar altura y subir directamente a la cima del Buciero.

Sendero del Salticón.
   Tras los primeros escalones, afrontaba las duras rampas y rocas que forman este sendero. Cubierto por la espesura ofrecía una sombra de agradecer.

Sendero del Salticon.
   Al final del mismo alcanzaba la calzada empedrada  proveniente del fuerte del Mazo, y bajo un aplastante sol abrasador de primeras horas de la tarde me dirigí a la ladera sur del Buciero.

Ladera del Buciero.
   Escarpada y empinada, se asciende directamente por la misma hasta la cruz. Un estrecho sendero pedregoso serpentea por la ladera tras dejar un pequeño núcleo de cabañas atrás.

Aproximación a la ladera del Buciero
   La corta ascensión deja a las espaldas del caminante unas vistas impresionantes de la bahía de Santoña y Laredo, así como de la desembocadura de la ría de Colindres, sobre todo si se tiene la suerte de disfrutar de un día despejado y soleado como el que me acompañaba. En los últimos metros, el sendero discurre entre rocas hasta llegar a la cruz tras una corta y fácil trepada por un estrecho pasillo.

Cima del Buciero.
   Desde este lugar las vistas, como ya he dicho en varias ocasiones, merecen de un alto en el camino para disfrutar de la panorámica de las marismas y las montañas más altas de la Cantabria oriental.

Descenso hacia peña Ganzo.
   Continuando el sendero desdibujado por una zona de lapiaz bastante intuitiva descendí discretamente hasta el cruce de caminos, por un lado, el que accede a la cruz desde las minas, y el que me llevaría a Peña Ganzo por el otro.  El sendero a la misma quedaba en sus metros iniciales oculto por la maleza que florecía con fuerza alimentada por las lluvias y los días de sol y calor que empezaban a hacer acto de presencia.
Acceso a Peña Ganzo.
   Tras unos 500mt, se encuentra el último repecho a la boca del estrecho pasillo de roca que nos deja en Peña Ganzo. Entre las paredes entramos en un callejón sin salida en el que se trepa por la pared derecha y se accede a la pequeña plataforma rocosa que forma esta cumbre marcada con un vértice Geodésico.

Peña Ganzo.
   Deshaciendo lo andado, bajé del pequeño macizo rocoso y retrocedí hasta la entrada del canal. Si en la ruta anterior, bordeamos la cumbre por el lado derecho, el sendero “correcto” se encuentra en el lado opuesto de la cima, en su cara norte, al que se accede por un camino que continúa por la izquierda, en contra de las indicaciones del  PR marcado en la roca que da el trazado como incorrecto.

Sendero de descenso de Peña Ganzo.
   Haciendo caso omiso de dicha marca, comencé el descenso por el sendero que bien pisado se adentra en la espesura. Con precaución de no perder el camino, lo cual no es difícil, fui dejando atrás Peña Ganzo. 
Bajando de Peña Ganzo.
    Es fácil despistarse en esta zona, ya que hay senderos abiertos a lo largo de la bajada sin continuidad ni salida, recomiendo antes de tomar desvío alguno fijarse alrededor ya que hay hitos que marcan la dirección correcta.

   Poco a poco el descenso perdió inclinación y accedí a un sendero más amplio y fácil de caminar, el camino blanco, donde tomé hacia la derecha y  a pocos metros  de nuevo girando por la senda de la derecha en un cruce de caminos más amplio y señalizado. Aquí se cruzan el camino blanco y el camino rojo, que atraviesan el monte, y el desvío hacia la Atalaya.

   La senda elegida me dejó tras unos 4km. de ruta en la senda principal que bordea el Buciero.
Vistas desde el Buciero.
   Remontando altura levemente continué hacia la peña del Fraile, para descender por el ancho camino empedrado hacia el fuerte San Martín y de nuevo a Santoña, donde di por finalizado este corto paseo por el monte con algo menos de 7,5km.

Bahía de Santoña.

   Estos cortos paseos muestran que el monte Buciero es mucho más que la transitada ruta que lo bordea y nos muestra los faros y acantilados, este monte esconde innumerables senderos que ascienden y bajan de las pequeñas cumbres que lo componen prácticamente desconocidos y de extraordinaria belleza, los cuales merece mucho la pena recorrer.

Track y datos de la ruta.

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Galizano - Somo - Galizano. Btt por los acantilados

   A toda velocidad, incluso a veces de forma  descontrolada va pasando la semana, procuro en la medida de lo posible no caer en la monotonía pero es tan difícil… hay días que llega a ser imposible.

   Sin darnos cuenta chasqueamos los dedos y como por arte de magia nos plantamos de nuevo en el fin de semana. Buscar ese momento para salir de ruta y perdernos unas horas es como frenar en seco.

   Parece que el tiempo se detiene recorriendo senderos, sin prisa, sin más que hacer que disfrutar del paisaje, del momento y la charla de la compañía. El único problema es el de escoger… ¿playa?, ¿montaña?,  si de verdad te apetece salir a disfrutar de la naturaleza  valoras hasta el más simple paseo, cuanto más si el recorrido te lleva por interminables senderos  al borde de sinuosos acantilados bordeando pequeñas calas  y abruptos  paisajes rocosos…  

   En las trail de Isla y Ajo, los recorridos se aproximan al recortado borde de la costa cantábrica, como las rutas a pié por los montes de Buciero y sierra Mijedo. Esta vez damos un paso más en dirección a la bahía de Santander. Buscando una ruta tranquila, cómoda y poco exigente físicamente, decidimos continuar con la línea costera entre las localidades de Somo y Galizano.

   Diego, ya recuperado se animaba a acompañarme en este paseo que resultó ser una ruta entretenida acompañada de paisajes impresionantes.

   Le recogía a las 9 de la mañana en Colindres, llegando al aparcamiento del campo de fútbol de Galizano aproximadamente media hora más tarde. Diez minutos después comenzábamos a dar pedales tranquilamente por el entramado de estrechas carreteras  que enlazan Galizano con otras localidades del municipio de Ribamontán al Mar al que pertenece.

"Ribamontán al Mar."

   Una buena forma de ir entrando en calor. Las pistas completamente llanas y sin dificultad alguna permitían recorrer sin esfuerzo la distancia hasta Carriazo, capital municipal de Ribamontan al Mar. Las vistas de la llanura mostraban kilómetros de terreno prácticamente llano dedicado a la agricultura  y la ganadería, sector de importancia en el municipio, quedando latente por la presencia de grandes estabulaciones con numerosas cabezas de ganado, pasando junto a la mayor de ellas en Suesa  en el kilómetro  5.5 de ruta.

   Un pequeño y cuidado parque a pie de carretera nos dejaba en el cruce con el rio Miera serpenteando paralelo a la carretera. Continuamos cruzando hacia el monasterio de las monjas Trinitarias.

   La pista asfaltada se internaba en zonas más arboladas y menos pobladas afrontando un corto repecho hacia la calle muelle del Rey, tomando rumbo a Somo pasando junto a la urbanización Somo-Boo  de carácter completamente privado y exclusivo compuesta por impresionantes mansiones alejadas del resto de viviendas.

   Desde el alto, las vistas se amplían hasta la capital, Santander, con el palacio de la Magdalena en primer plano y bajo nosotros la localidad de Somo. El rio Miera, convertido ya en la ría de Cubas se deshace en el estuario desembocando en la bahía de Santander.
   Tras contemplar el paisaje, continuamos por la carretera descendiendo al núcleo urbano de Somo, en esta época del año todavía tranquilo, pero que en verano se convierte en un hervidero de aficionados al surf y la playa.

   Una parada a desayunar en una de las muchas cafeterías recién abiertas y continuamos la marcha por el paseo junto a las dunas de la playa de Somo. El día, a pesar de la amenazadora llovizna al comienzo de la ruta nos respetaba y poco a poco el cielo se despejaba y la temperatura se volvía agradable.

   Nos desviamos de la primera línea de costa pasando junto a la escuela cántabra de surf, por la calle de las Quebrantas y sin llegar a abandonar el núcleo urbano, nos desviamos a la izquierda remontando hacia el pinar de Arna.

"Pinar de Arna."

  
"Pinar de Arna."
     Por el estrecho sendero ascendimos por el pinar con dirección Loredo no sin antes parar a contemplar las hermosas vistas de Somo y su playa desde el alto y compartiendo camino con varios senderistas y corredores.

   Tras 1,5 km de sendero, accedimos a la carretera que nos dejaría en Latas y en la rotonda, pasando junto a la iglesia, nos desviamos hacia la playa.

"Senda."

   Finalizado el tramo asfaltado, sin salirnos de la senda balizada, atravesamos las dunas para acceder a las pasarelas peatonales de madera de poco más de 1km de longitud, impresionante mirador de las playas y la bahía de Santander.

"Pasarelas."

"Vistas."
   Pasando sobre el rio de Castanedo, accedimos al Camping Derby de Loredo, bordeando su muro y accediendo al final del mismo a las estrechas pistas de asfalto que recorren la urbanización del bosque.  Una serie de parcelas con viviendas unifamiliares en un entorno natural privilegiado, rodeadas de bosque y a escasos metros de la línea de costa. Otro claro ejemplo del maltrato que ha sufrido la costa cantábrica durante años atrás.

   El final de esta carretera nos deja en la cala del bosque, junto al sendero que recorre la línea de acantilados y que ya no abandonaríamos hasta llegar prácticamente a Galizano.

"Bahía de Santander."

   La primera sorpresa fue encontrarse con la isla de Santa Marina o Isla de los Jorganes.

   La mayor isla de toda la costa Cantábrica y en la que reposan los restos de un antiguo monasterio  abandonado.


   Continuamos por el borde los acantilados con impresionantes desprendimientos de roca que se acumulan al borde del mar en un caótico paisaje, parando de nuevo junto a las pozas de Langre, una rasa litoral repleta de pozas aprovechadas para la práctica de la pesca submarina.

"Costa."

   Avanzamos por el estrecho sendero cruzándonos continuamente con excursionistas y peregrinos de camino de Santiago de viaje por el camino del norte, y llegamos al cabo de Galizano, borde de la ensenada de Galizano o playa de Langre, y como de costumbre, llena de surfistas.

   En el otro extremo punta Rodico, hacia donde nos llevaba la senda una vez atravesamos el aparcamiento de la playa y a donde llegábamos con 5km de continuo y divertido sendero y unos 20km de ruta.

"Playa de Langre."

"Punta Rodico."
   En este punto retomamos las pistas de asfalto y hormigón, pasando junto a la pequeña cala de Galizano formada por la desembocadura del río Herrera y el arroyo procedente del Barranco de la Colina.

"Arroyo de Aguas Rondas."
   Por estrechas parcelarias asfaltadas cruzamos desde los acantilados hasta la carretera general CA-141 que une Ajo con Somo, y por ella regresamos donde habíamos aparcado el coche casi 3 horas antes con una ruta de poco más de 25 kilómetros y medio.

"Junto a la cala de Galizano."
   No es una gran ruta si la medimos en kilómetros o altura acumulada, pero si lo es si buscamos tranquilidad, buenas vistas y disfrutar sin castigarse  físicamente, lo que viene siendo, disfrutar de las pequeñas cosas.

Datos y track de la ruta:


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