Camino Lebaniego Btt. Etapa-3 (Cades - Santo Toribio.)

   Por fin la claridad del día comenzaba a iluminar la estancia y  se notaba movimiento.
   No queríamos molestar a nadie, pero ya no aguantábamos más tirados en el suelo.
   Daban las 6 de la mañana cuando nos poníamos en pié tras una noche sin pegar ojo, recogíamos e íbamos al comedor a desayunar. Para la mayoría todavía quedaban dos jornadas de viaje a pié, para nosotros  era el último día de esta aventura. Amanecía un día claro, el sol ganaba terreno a las nubes por momentos y todo hacía presagiar calor.

"Amanece en las montañas."
   Estábamos a las puertas de los picos de Europa y por delante quedaba ganar altura para descender por la “pared” del desfiladero de la Hermida y volver a subir de frente para perder altura de nuevo hacia Potes, visto así parecía bastante fácil.

"Vistas."
   Sin entretenernos demasiado nos despedimos de los compañeros de albergue que todavía no habían iniciado la marcha y comenzamos la ruta para aprovechar las horas más frescas de la mañana.

   Recorrimos los 100 mt que nos separaban de la carretera y pasando junto a la Ferrería de Cades tomamos a la derecha paralelos al río Nansa.  La carretera cobraba altura mostrándonos en el fondo del cañón el embalse de Palombera.

"Embalse de Palombera."
   A medida que avanzábamos dábamos alcance a los “caminantes” que salieron de Cades antes que nosotros e iban quedando desperdigados por el camino que se internaba en las entrañas del cañón del río Lamasón avanzando con dirección a Sobrelapeña.

"Río Lamasón."
   Las montañas, que amanecían entre la niebla, poco a poco quedaban despejadas mostrando sus cumbres iluminadas en tonos ocres. El río Lamasón, decenas de metros por debajo de nosotros marcaba el recorrido a seguir serpenteando entre las dos paredes verticales rocosas que le encauzaban montaña abajo vertiendo sus aguas en el embalse.

"Subiendo a Sobrelapeña."

   Tras siete kilómetros de suave subida nos encontrábamos con el cruce que nos desvió hacia Sobrelapeña. Un conjunto de casas a pie de carretera por la que ganábamos altura con la vista de la Iglesia de Santa María de Lamasón vigilante en lo alto de la Peña a la entrada del pueblo.

"Santa María de Lamasón."
   Paramos para quitarnos algo de ropa, necesaria al comienzo de la ruta, y reanudamos la marcha hacia Lafuente.

   Ya con el sol calentando nuestras espaldas cruzábamos este pequeño municipio de Lamasón, desierto y sumido en un ambiente resacoso por las fiestas celebradas la noche anterior.

"Iglesia de Santa Juliana, Lafuente."

"Collado de la Hoz desde Lafuente."
   Entre las casas, dejamos al margen de la carretera la iglesia de Santa Juliana, declarada bien de interés cultural.  Desde este punto parte el PR-S.4, sendero de pequeño recorrido conocido como el “Camino de Pasanéu” que atravesando el collado con el mismo nombre continúa hacia Liebana terminando en Santo Toribio tras 33km y medio. 

   Apto para hacer a pié pero por alguna razón desestimado en el recorrido del camino Lebaniego, que toma por ruta la pista asfaltada que pasando por Burió sube al Collado de la Hoz.


"Subiendo el Collado de la Hoz."

"Subiendo Collado de la Hoz."
"Día soleado."
   Nosotros, ni una ni otra, por la serpenteante carretera continuamos subiendo el puerto coronando tras 15,5 km de constante y llevadera subida desde que abandonáramos Cades.
A pesar del sol radiante, una fina neblina todavía aparecía en los altos, obligando a ponerse algo de ropa antes de comenzar el descenso.

"Subiendo Collado de la Hoz."

"Collado de la Hoz."
   A escasos 100 mt del collado, ya perdiendo altura, nos topamos con una pista aparentemente en buen estado que se desgajaba de la carretera a la izquierda y señalizada como camino Lebaniego. Tras un momento dubitativo decidimos omitir la carretera para bajar a Cicera y hacerlo por este sendero sin saber muy bien su estado, recorríamos la Cuesta de las Navas.

"Cuesta de las Navas."
   El buen estado de la misma se perdía en algunos puntos obligando a bajar cortos tramos empujando la bicicleta, más por el miedo a romper la mecánica que por el sendero en sí.

"Llegando a Cicera."
   Con precaución descendimos los 2 km y cruzamos la bonita y rustica localidad de Cicera hasta toparnos con el bar donde almorzamos de forma consistente.

   Esta localidad descolgada de las faldas del  Pico de Sobrepeña, en pleno Valle de Peñarrubia, de laberínticas, estrechas  y empinadas calles empedradas disfruta de impresionantes vistas de los picos de Europa. A simple vista se adivinan las duras condiciones de vida durante el invierno, y se entiende, en cierta manera, la despoblación que estos pueblos van sufriendo con el paso de los años. Una larga conversación con el joven, dueño del bar, nos dio otra perspectiva de lo que ocurre y el porqué de la desbandada de la juventud de estos lugares.

   Tras la larga charla y habiendo recuperado fuerzas reanudamos la ruta. Las flechas rojas nos llevaban hacia la carretera, ruta actual del camino Lebaniego que recorre la canal de Francos, mientras que nosotros buscábamos dando vueltas entre las casas el sendero PR-S3  para subir a Collado Arcedón. Finalmente, con la ayuda de unos ambles vecinos, encontramos el acceso entre las últimas casas del pueblo a dicho sendero con las antiguas marcas del trazado hacia Liébana.

"Abandonando Cicera."
   La pista fácil y practicable de hormigón pronto nos mostró su cara menos amable con las primeras y duras rampas. Animado por la señal que nos indicaba el collado a escasos 3,5 kilómetros me atreví  a intentar dando pedales este primer tramo mientras Diego lo tenía bien claro desde el principio y prefería empujar la bicicleta.

"Primeras rampas."
   Mientras algunos árboles ofrecían buena sombra, las temperaturas subían estrepitosamente bajo un sol abrasador.

"A la sombra."
   El primer kilómetro de subida nos dejaba junto a los invernales de Juntalón.  A partir de este punto las rampas se volvieron implacables y el firme de grijo suelto. La fuerte pendiente y el terreno terminaron por tirarme a la cuneta de la pista, así que continué caminando con Diego. Aun así las interminables rampas, arrastrando el notable peso del equipaje hacían de este un trabajo arduo y costoso.

"Invernales de Juntalón"
   La subida parecía eterna.

   A falta de dos kilómetros para alcanzar el collado nos quedamos sin agua en una zona demasiado lejos de todo.

   En una de las horquillas que dibujaba el camino un hilo de agua brotaba de la montaña, por suerte no pasando desapercibida. Fría y cristalina nos devolvió los ánimos para continuar.

"Fuente."

"Fuente."
   Llevábamos más de una hora subiendo y todavía no teníamos el final a la vista, decidimos tomárnoslo con calma parando a descansar en todas las sombras encontradas en el camino.

"Descansando."
   Por fin, en el kilómetro 20 de ruta, el grijo se convertía de nuevo en hormigón en los últimos metros de subida accediendo al Collado Arcedón.  Poco duró la alegría… en uno de los descansos Diego olvidó las gafas, teniendo que retroceder aproximadamente medio kilómetro para recuperarlas.

"Collado Arcedón."

"Vistas desde Collado Arcedón."
"Vistas desde Collado Arcedón."
    Salvado el contratiempo continuamos pedaleando entre cabezas de ganado y desconfiados caballos atravesando  el pastizal donde se alzaba un viejo poste con las señales indicadoras a Santo Toribio. Cruzamos la alambrada de cierre por un paso abierto y buscamos la entrada al sendero que nos llevaría perdiendo altura por la pared del desfiladero que se abría ante nosotros. Por fin, escondido entre escajos y helechos aparecía el estrecho camino que se descolgaba por la loma desde Collado Arcedón.

   Teníamos por delante 6 kilómetros y medio de interminable bajada hasta Lebeña, y rápidamente nos dimos cuenta de que el descenso tampoco iba a ser fácil. El sendero, apenas dejaba paso para una persona, el firme se mostraba cubierto de grandes piedras y se sucedían zonas comprometidas de  escalones rocosos de altura considerable.  La densa vegetación escondía una fuerte caída al borde del sendero y  el voluminoso equipaje no ayudaba en la tarea de bajar por el camino, con cierta desilusión y desdén comenzamos el descenso a pié.

"Bajando Collado Arcedón."

"Sendero."
   Poco a poco los ánimos se fueron recuperando llegando incluso a disfrutar del paseo bajo la sombra del espeso bosque y las vistas que ofrecía el recorrido. Tras 1 kilómetro esquivando y golpeando las bicicletas contra las piedras, conectamos con una senda más amplia y limpia, se trataba del ramal del sendero PR-S3 proveniente de la canal de Francos, que traía a los peregrinos de Cicera por otra ruta, y que por fin nos permitía montarnos en la bicicleta.

   Más relajados fuimos perdiendo altura tranquilamente parando de forma regular para enfriar los frenos.  Dejábamos atrás el bosque y podíamos disfrutar de las vistas del desfiladero cada vez más cerca.

"Bajada a Lebeña."
   En plena bajada nos encontramos con el cruce del Pando. Haciendo un brusco giro a la derecha accedimos al tramo final de pedregosa pista que enlazando varias horquillas encaraba el último trecho de descenso pasando junto a los invernales de Lebeña y “El Valle”.

Invernales de Lebeña."
"Vistas."
   Entre las primeras casas aparecía la fuente y abrevadero de Lebeña, que aprovechamos para cargar agua y refrescarnos. Entre las apretadas casas, las señales del “Lebaniego” nos llevaban hacia la pequeña Iglesia de Santa María.  Datada del año 924, el conjunto de iglesia y torre fueron declarados monumento de interés, y es uno de los edificios prerrománicos mejor conservados a nivel nacional.

"Torre de Santa María."

"Iglesia de Santa María, Lebeña."
   Para los peregrinos, haber llegado hasta aquí significa el principio del fin del camino.
Las posibilidades en Lebeña abarcan desde continuar por el sendero PR-S3, que paralelo a la carretera  recorre el desfiladero a cierta altura por la pared del mismo hasta Cillórigo, continuar por la propia carretera con el peligro que entraña a causa de su estrechez y abundante tráfico, o continuar por el camino Lebaniego, la más larga y exigente de las opciones…

   Alcanzábamos el medio día, y el mercurio rondaba los 35°. Es en ese momento cuando viajar en bici se convierte en pura testarudez.

   Sin pensarlo, tomamos las bicicletas y salimos a la carretera  en el cruce de Peña Ventosa, en pleno desfiladero de la Hermida, girando a la derecha y cruzando sobre el puente. A escasos 200 mt un cruce a la izquierda nos desviaba hacia Allende afrontando una dura subida de apenas 1 km hasta la entrada del pueblo por ancha carretera en buen estado.

"Dejando Lebeña atrás."
   Entre las casas, las estrechas calles de apenas metro y medio de ancho, con firme de hormigón rayado y todas ellas en pronunciada pendiente formaban un inclinado laberinto que recorríamos buscando la salida del pueblo. El firme de hormigón desaparecía junto a una estrecha senda que se alejaba del pueblo  trepando por la loma del rocoso pico de la Prada.

   Un primer tramo de apenas 200 mt nos permitió montar sobre la bicicleta, el resto de la subida se convertía en una secuencia de duras rampas en línea recta separadas por curvas que apenas ofrecían descanso y que se repetía a lo largo de dos infernales kilómetros.

"Subiendo a Cabañes."
   El resbaladizo suelo de piedra suelta calentaba la planta de los pies que resbalaban en cada paso, y la alta temperatura volvía el aire irrespirable. Aprovechando las sombras para descansar lentamente remontamos los casi 300 mt de desnivel con una pendiente continua cercana al 18% alcanzando el Collado final en el kilómetro 30 de ruta.

"Collado."
   De nuevo faltos de agua continuamos hacia Cabañes perdiendo altura brevemente por la estrecha pista de hormigón para afrontar un último y duro repecho que nos dejaba a la entrada del pueblo, junto al albergue de esta localidad. De carácter privado, este es sin duda el mejor albergue que encontramos en todo el recorrido.

   Un largo y merecido descanso, con bebidas frías y buena sombra nos ayudó a recuperar fuerzas de cara al último tramo.

   Atravesamos Cabañes, bonito pueblo enclavado en los picos de Europa, bajo el imponente pico del Cochizo, a cuya sombra se resguarda collado pelea. Tomamos la carretera que pasando junto a Pendes nos llevaría en continua bajada hacia el Valle de Cillórigo.

"Iglesia de San Juan Bautista, Cabañes."
"Bajando a Pendes."
   Enlazando con la CA-884, procedente de Colio, finalizamos el largo pero tendido descenso en la localidad de Tama.

"Bajando a Tama."
   Tomando la polvorienta senda paralela al río Deva rodamos los 3 kilómetros que nos separaban de Potes, afrontando los cortos repechos con las fuerzas ya melladas y bocanadas de aire caliente recorriendo el Valle.

"Llegando a Potes."

"Llegando a Potes."
   Rondaban las 3 de la tarde cuando llegábamos al centro de Potes, con la puerta del perdón cerrada de 1 de la tarde hasta las 4:30, decidimos parar a comer en el pueblo y descansar antes de dar por terminada la ruta en Santo Toribio.

   3 kilómetros de subida por carretera nos separaban del monasterio. Aproximadamente a las 5 de la tarde montábamos de nuevo sobre las bicicletas y tomábamos la salida de Potes hacia Fuente Dé para desviarnos 1 kilómetro después a la izquierda y comenzar a remontar altura. Al calor se sumaban las rampas en contra  endureciendo esta última parte del recorrido  hasta convertirla en una auténtica penitencia… 6 paradas a descansar bajo los árboles necesitamos antes de alcanzar la tan ansiada plaza frente al monasterio de Santo Toribio.

   Personalmente, más por finalizar como se merece la experiencia que por devoción, cruzamos bajo el apuntado arco de la puerta del perdón, solo abierta durante el año Jubilar Lebaniego (Aquel en que el 16 de Abril es domingo).

"Fin del Camino. Santo Toribio."
   Finalizada la ceremonia religiosa intentamos fallidamente pasar a ver el “Lingnum Crucis” de “teórico” acceso para el peregrino, de ello se encargó un portero trajeado que con soberbia cerró la verja. Solo nos quedaba ir a sellar la credencial y recoger nuestra “Lebaniega”.

   En la oficina de atención al peregrino, nos sellaron por última vez la credencial y nos firmaron la acreditación de peregrinos. Conversamos largo y tendido con la mujer  encargada del trámite y compartimos conclusiones de la experiencia… salimos del lugar habiendo recibido la enhorabuena, un trato amable y una visión objetiva de un camino Lebaniego que precisa de muchos cambios sobre todo en cuanto a infraestructura y servicios se refiere.

   Cansados y con la tez tostada por el sol descendimos los tres kilómetros de subida a Santo Toribio y nos dirigimos a Turieno, pueblo vecino de Potes, para pasar la noche en el camping “La Isla”.


"Camping la Isla."
   Tras montar la tienda, por fin pudimos disfrutar de una buena ducha y un merecido descanso en el remanso de paz que ofrece la terraza del bar a la vera del río Deva, recuperando fuerzas con una buena cena para celebrar el exitoso final del “camino”.

"Camping La isla, Turieno."
"Merecido descanso."
   Tres días de ruta en los que rodamos 203.5 km, (algo más si contamos las confusiones y desplazamientos fuera de ruta), más de 4.200 metros de desnivel positivo acumulados, casi la mitad en la última etapa, recorrer toda la costa cantábrica por primera línea de acantilados descubriendo rincones impresionantes, pasando por pueblos del interior que a duras penas podría señalar en un mapa y carreteras con impresionantes paisajes completamente nuevos, conocer y conversar con la gente, lugareños, peregrinos y todo ello acompañado por un amigo, Diego… solo espero que no sea una experiencia ni única ni irrepetible, pues todavía queda mucho por recorrer.


   Esta o cualquier otra travesía que implique varios días, hacen de una ruta una aventura en que lo imprevisible es la norma. Una experiencia personal impresionante y totalmente recomendable.

Para ver todas las fotos del camino Lebaniego pinchar en el enlace:

Track y datos de la ruta:


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3 comentarios:

  1. Enhorabuena titanes, objetivo conseguido y encima descrito y fotografiado de maravilla.

    Salu2

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  2. Gracias Guiller, aunque no hubiésemos llegado solo la aventura ya mereció la pena.

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  3. Buenas, estoy leyendo este blog y me estoy animando a hacer la ruta de la semana que viene desde Comillas. El entorno parece precioso pero el tiempo empleado en las rutas me alerta acerca de la dureza y sobre todo de la dificultad técnica. Yo iré sin alforjas. Algún consejo?

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