Peña Lusa - Collados del Asón.


Han sido varias las rutas este año por la zona de los collados del Asón, y aunque pueda parecer repetitivo, es una parte de Cantabria que bien merece varias entradas en el blog…
En todas y cada una de las incursiones que he realizado en los collados, bien sea mientras ascendía por la carretera de la Gándara de Soba, o ya en faena caminando por el pequeño valle de Hondojón, mi vista siempre se ha desviado de mi objetivo hacia la imponente Peña Lusa, no en vano Peña Lusa es uno de los puntos culminantes del macizo del Alto Asón, tan solo superada por el Picón del Fraile con 1.632m, pero este, está vedado al paso civil desde la construcción del radar y la base militar situada en la cumbre, de modo que para los montañeros, Peña Lusa es la principal cumbre de la zona con 1.575m.

Collados del Asón.
Como en todas  las montañas de la zona, no existen senderos demasiado definidos para el montañero debido a que la forma de vida tradicional pasiega se desarrolla en torno a la explotación del terreno como pastos para el ganado, y es este quien traza los caminos y aunque recientemente se intenta fomentar el turismo de aventura en la zona con varias rutas y recuperando los PR con balizas, da respeto meterse en solitario en aventuras de esta envergadura, especialmente teniendo en cuenta que esta zona es propensa a cubrirse de niebla de forma habitual y Peña Lusa ya ha dado lugar a accidentes, algunos de fatal desenlace por esta causa.
De modo que esperé para contar con alguien más para compartir esta ruta. Por fin, Diego y José Mari, se animaron a acompañarme, y el sábado 18 de julio quedamos en Colindres a las 7:30 de la mañana para salir dirección al Ason.

Tras una hora de viaje, a las 8:30 ya estábamos calzándonos las botas, no sin antes parar a comprar el pan recién horneado de Arredondo. La climatología, a esa hora de la mañana, no prometía nada bueno así que en la mochila no faltaba ropa de abrigo y chubasquero.

Esta ruta, puede denominarse de circular, pero comparte el recorrido en su parte inicial y final, es decir, el primer tramo de subida es el último paso de bajada al finalizar, pero lo cierto es que no afecta lo más mínimo a la calidad de la ruta puesto que las vistas y el sendero son impresionantes en ambos sentidos y parecen caminos completamente diferentes. Como es obligatorio en el Asón, aparcamos el coche en el aparcamiento situado a escasos 100 mt del alto del puerto comenzando a descender hacia la Gándara, a una cota de altura de 690 mt. sobre el nivel del mar, y como ya lo hiciera en la ruta de la cabaña “el Pozo”, comenzamos el ascenso hacia la senda de Hondojón desviándonos de la pista principal de grijo a la izquierda. Este primer tramo se hace bastante duro, puesto que es una subida con bastante inclinación recién iniciada la ruta, así que pilla bastante en “frio”, poco a poco fuimos tomando altura hasta entrar en el hayedo que pasa bajo los “campanarios”.

Pasamos de largo el desvío de la fuente de “La Regada”, puesto que llevábamos un buen suministro, y dejamos la visita a la misma para el camino de regreso. No tardamos en llegar a las cabañas de Ojón caminando por el sedero delimitado por sus rústicos muros de piedra, contemplando el paisaje pero sin pausa.
Alcanzamos el alto donde se encuentra el desvío hacia la senda de Busturejo, a la entrada del valle glaciar de Hondojón sobre el km3 de ruta.

Senda de Busturejo.
Al contrario que en otras rutas realizadas, dejamos a la derecha el valle y continuamos por la pista ancha que continúa de frente bordeándolo, a la vez que ascendíamos hacia los hayedos de “Sierra Helguera”.  En un principio la pista no tenía atractivo alguno, hasta que alcanzamos su parte alta y se abrió el paisaje con el picón del Fraile justo de frente, las imponentes paredes de naturaleza calcárea a mano izquierda, hacia las que nos dirigíamos, y a mano derecha, los campanarios que poco a poco quedaban a nuestra altura.

Valle de Hondojón.
Compartiendo la pradera con el ganado,  nos adentrábamos en el bosque por la parte inferior de la sierra y lo cruzamos siguiendo el sendero marcado que asciende, en algunos puntos, bruscamente pasando bajo las paredes que nos separaban de la gran peña hasta su parte más alta, hacia el “Portillo de las escalerucas”. El sendero, con caída importante hacia la derecha, estaba cortado en algunos puntos por árboles que no soportaron el invierno debido a la poca profundidad de sus raíces en un terreno tan abrupto y algún que otro desprendimiento formando pedregales. 

Entramos en el bosque.
Al salir del bosque, tras una corta trepada, alcanzamos una zona más despejada por la cual continuamos buscando el sendero, hasta por fin llegar al collado de Bustarejo que recorrimos durante menos de 1km ya por encima del hayedo y habiendo rebasado la cota de los 1300mt y los 6km de ruta. 






Nos encontrábamos ya en la línea de cumbres que separa el circo glaciar de Lunada (Burgos) y el valle del Asón (Cantabria), y podíamos disfrutar de las magníficas vistas del Castro Valnera y su macizo que se alzan sobre el circo de Lunada, las instalaciones de la estación de esquí, el picón del fraile y todo el collado que se haya a sus pies, el cielo se despejaba de nubes poco a poco dejando paso al sol y las temperaturas comenzaban a subir poco a poco.



Pr -66

Sobre nosotros, se alzaba por fin la mole cimera de Peña Lusa. A partir de aquí, las marcas de pintura roja y blanca serían una referencia a no perder en este abrupto lapiaz, escasas, como para ser la única referencia a seguir en esta ruta, así que nos tocó fiarnos de las indicaciones del GPS para encontrar el paso correcto.

Sendero

Continuamos bordeando por la derecha la ladera de la Brena, caminando por un estrecho sendero que recorre un balcón natural que bordea la cumbre a media altura hasta toparnos de frente con una gran peña que cerraba nuestro paso,  ayudados en algunos tramos por las manos, remontamos varias pedrizas hasta llegar al tramo final de la ascensión sobre un terreno abrupto de naturaleza calcárea ( karst ) dominado por lapiaces, depresiones embudiformes o dolinas y grietas por las cuales remontamos unas decenas de metros hasta llegar a la cumbre bajo la atenta mirada de los rebaños de cabras que habitan en la zona, ya en el km 7,5 y la mitad de la ruta completada.
Diego terminando de trepar.

La cima, con vértice geodésico y buzón es un perfecto mirador de la comarca desde el cual se descubre la alargada  y abrupta fisonomía de la sierra, de hecho, el topónimo Peña Lusa parece provenir de la voz "Luze" que en Euskera significaría alargado.
Cumbre de Peña Lusa.
A los pies podíamos observar los pastizales conectados por un entramado de pequeñas veredas de ganado las cuales habíamos pasado hacía escasa una hora, las casas del carrascal y la Bernía, apenas quedaban reducidas a pequeñas manchas desperdigadas por las laderas de las infinitas montañas de las cuales teníamos perspectiva desde el alto, estas hermosas vistas tan solo quedan desvirtuadas por la instalación de un gran parque eólico que llega hasta La Rasa.
Jose Mari en Peña Lusa.
Peña Lusa ( 1.575 m ) es una cumbre muy accesible, siempre con precaución, y la ascensión se puede acometer por cualquiera de los dos valles laterales o siguiendo el cordal cimero desde el portillo de La Sía.
Picon del fraile al fondo
Junto a la cima, hay una plataforma rocosa protegida del viento, la cual aprovechamos para almorzar y descansar largo rato, mientras intentabamos situarnos y adivinar el nombre de los picos que nos rodeaban.

Cabras en peña Lusa
Diego llegando a la cumbre.
El sol comenzaba a calentar, así que decidimos iniciar el descenso con la incertidumbre de saber cómo bajaríamos de la peña. Si bien accedimos a la cumbre bordeándola por su lateral derecho, descendimos por el izquierdo por una fuerte pendiente, pero por un sendero bien marcado que zigzagueaba por la ladera perdiendo altura hasta que llegamos a una gran grieta cubierta de grandes rocas fruto de antiguos desprendimientos y de difícil acceso. En este punto, decidimos evitar dicho paso y buscamos un sendero alternativo que lo bordeaba con algún tramo complicado pero más viable.


Tras atravesar otra zona de pastos, de nuevo afrontamos otro pasillo o grieta mucho más fácil que el anterior pero que otorga a la ruta de sentido aventurero y entretenimiento.

Aproximadamente en el km 9,5, habíamos descendido ya de la peña y de nuevo recorríamos la espesura del bosque, agradecíamos la sombra de los árboles que nos acompañó hasta los despejados pastizales, los cruzamos en sentido inverso y tomamos la pista pasando de nuevo por la boca de entrada al glaciar de Hondojón. 

Tras pasar frente a las cabañas de Ojón, tomamos el desvío a la derecha hacia la fuente, (Fuente de la Regada),  para reabastecernos de agua y tras un breve descanso retomamos la ruta para afrontar el descenso final  hasta el aparcamiento por el mismo sendero de la ida con el Mortillano y Peña Rocías al fondo invitándonos a futuras rutas.
Nos cambiamos de ropa y calzado y bajamos al pueblo de Asón para tomar unas cervezas en el bar antes de iniciar el camino de regreso a casa con casi 15km y poco menos de 2.000mt de desnivel acumulado.

Siempre es un placer compartir la ruta con amigos, pero lo es aún mayor si la ruta cuenta con las vistas, el terreno y el buen tiempo como el que pudimos disfrutar este día. Peña Lusa, sin duda nos ha sorprendido por la belleza de las vistas de las que está rodeada, pero aparte, la ruta en sí, muestra una gran variedad de terrenos, zonas de paso y dificultades técnicas que hacen de esta una montaña única para disfrutar de la naturaleza.


Perfil y datos de la ruta.

Barcena de Ebro - Pico Bigüenzo Btt. Qdd Bicicantabria.

Todavía resacoso de la Quedada organizada por el grupo de bici-Cantabria el pasado mes de Junio y ya teníamos aquí la siguiente… le llegaba el turno a Miguel (sherpa) y Santiago, grandes conocedores de la zona de los cañones del Ebro, y por ello es, que sus rutas nunca defraudan.

Como no podía ser de otra forma, mi intención era la de acudir el domingo 5 de Julio a la localidad de Bárcena de Ebro para disfrutar con ellos de la ruta. La hora acordada para tomar la salida era a las 9:30, así que me tocaba de nuevo madrugar. Me desperté a las 6:45 de la mañana habiendo dejado todo listo la noche anterior y tras casi 1h30´ de viaje llegaba a esta pequeña localidad del municipio de Valderredible. Bárcena de Ebro se encuentra dividida en dos barrios, separados por un meandro formado por la unión de dos ríos que nutren el caudal del Ebro, el rio Polla y el río Ronero. 




Iglesia de San Cristóbal
Segun llegabamos, ibamos aparcando los coches al lado de la carretera, junto a un puente en desuso al lado de la iglesia parroquial de San Cristóbal en la margen izquierda del pueblo, la zona de la antigua cantina. Tras preparar los bártulos, a las nueve y media de la mañana, ya estábamos listos para tomar la salida.

Como suele pasar cuando hacemos rutas por esta zona, al salir de casa estaba lloviendo, pero el tiempo aquí era bueno, no hacía sol, pero mejor para disfrutar de la ruta y las temperaturas eran agradables.
Comenzamos cruzando la carretera (CA-272), pasando el puente sobre el rio Ebro y atravesando el Pueblo de Bárcena de Ebro tomando el primer desvío a la derecha que se encuentra entre las cuidadas casonas que forman el núcleo urbano con dirección a Otero del monte. No tardamos en salirnos del camino asfaltado y comenzar la primera de las subidas por un sendero de grijo, que poco a poco tomaba inclinación. Una corta pero dura subida nos hizo rápidamente entrar en calor alternándose a continuación tramos más técnicos con alguno de pista más ancha y ciclable durante varios kilometros.


Al terminar del sendero accedimos  a una pista grijera más ancha y marcada, pista forestal,  por la que rodamos pasando sobre Otero del monte, situado en el centro del valle de Valderredible, y continuamos con dirección a Quinatanas Olmo atravesando bosques de abetos, pinos y robles, sin desviarnos de la pista principal , localidad a la que llegamos en el kilómetro 7 aproximadamente, ascendiendo durante casi todo el trayecto, exceptuando una corta bajada de menos de 1km hasta la entrada del pueblo.
En este punto, algunos bajaron entre las casas a la fuente para reponer agua, mientras otros, esperábamos contemplando el paisaje y fantaseando con las muchas posibilidades que ofrece la zona. Como curiosidad, este pueblo, ahora rehabilitado, contaba en 2012 con tan solo 1 habitante censado.



Una vez reagrupados, retrocedimos lo andado subiendo algo menos de 500mt en dirección contraria, saliéndonos de la pista principal, y tomando un estrecho sendero que se desgaja de esta a la izquierda, (a la derecha según bajas), internándose en un pinar. El sendero era bastante técnico en algunas zonas, con algunos pasos complicados debido a la gran cantidad de árboles caídos, pero esto hizo mas entretenida la parte final de la subida, aunque la dureza de algunas rampas obligaba a echar pie a tierra. Al finalizar el tramo de pinar, continuamos rodando los metros finales de ascensión  por una pista más ancha que moría en un cruce con la SV-6145, una “carretera” de uso rural de tipo parcelaria de las muchas que recorren estas tierras poco habitadas.
En este punto cruzamos de frente pasando la valla que limita la pista en linea recta dirección Bustillo del monte, mientras los guias, siempre atentos, se encargaban de abrir y cerrar los pasos que nos ibamos encontrando a lo largo de la ruta. Habíamos llegado al primero de los “altos” casi en el kilómetro 9 de ruta y aprovechamos la parada para reagruparnos, descansar y comer algo para recuperar fuerzas.
Tras el corto descanso, Santiago tomó la delantera del grupo advirtiéndonos de la dificultad técnica de la siguiente bajada y nos guió por un estrecho sendero en fila de a uno durante aproximadamente unos 300mt, tomando un desvío a la izquierda del sendero e internándonos en un espeso bosque cerrándose más aún el camino por la vegetación, quedando ocultas las piedras, las ramas y raíces. Con precaución continuamos serpenteando entre los inmensos robles milenarios custodiados por las hayas que formaban una especie de laberinto natural por el que disfrutar curveando con las bicicletas. Haciendo varias paradas para disfrutar de las vistas y tras reunirnos para hacer la foto de grupo nos acercabamos al final de la bajada. El más antiguo de los robles, conocido como "el abuelo" tiene de perimetro en la parte inferior del tronco mas de 6mt, un especimen único que incomprensiblemente ha sufrido varios intentos de incendio en los ultimos años, da pena ver el poco respeto que se demuestra en algunos casos por la naturaleza.


En el tramo final pudimos contemplar otro capricho de la naturaleza, una zona completamente cubierta de grandes y erosionadas rocas, algunas de ellas tapadas por un espeso manto de musgo, esparcidas de forma caótica por la ladera como si se hubiese producido una avalancha, algo curioso teniendo en cuenta la poca altura y escasa inclinación del terreno para producir tal fenomeno.


Continuamos descendiendo por el zigzagueante sendero hasta salir del bosque a una zona más escarpada, el sol pegaba fuerte ya a esa hora y el calor comenzaba a apretar.
 La ruta continuó subiendo dirección a Bustillo del monte por estrechos senderos resguardados del sol por los frondosos árboles, lo cual se agradecía al afrontar los duros repechos.

Al llegar al pueblo paramos en la plaza para reponer agua en la fuente, justo frente al "Chigri", un edificio que actualmente cumple la función de sede social, pero colegio mayor del clero en la antiguedad. De nuevo aprovechamos para tomarnos un corto descanso, continuando sin mucha demora ascendiendo durante más de 8 km rodando por pista ancha de grijo suelto hasta que coronamos en el pico Bigüenzo, a casi 1300 mt de altitud. Una subida, que más que dura se hizo pesada y un tanto aburrida por la monotonía del terreno y porque los kilómetros empezaban a pesar en las piernas, pero como en todo, las rutas tienen partes buenas y otras no tanto para enlazar los tramos divertidos.
Entre charlas y disfrutando del paisaje  fueron cayendo los kilometros. por fin en el alto, aprovechamos para comer y recuperar fuerzas durante largo rato.

Reanudamos la marcha retrocediendo unos 800mt por la pista de subida, y tras este primer tramo de rápido  descenso llegamos a un cruce desviándonos a la izquierda y continuando la bajada bosque a través para reaparecer en la misma pista unos kilómetros más abajo.

De nuevo tocaba remontar altura durante apenas 200mt coronando en una braña despejada que nos regalaba unas vistas espectaculares de la ladera de la montaña con la hierba que parecía una alfombra prácticamente perfecta y nos invitaba a soltar frenos y disfrutar del descenso haciendo cabriolas con los continuos sube-bajas del terreno durante los 2km de bajada. Este corto tramo transcurría  paralelo a la pista principal, pero todo un acierto por parte de los organizadores ya que en estos pequeños detalles se marcan  las grandes diferencias de hacer la ruta de una forma u otra.



Retomamos de nuevo la pista y comenzamos el descenso “neutralizados” por los guias para evitar despistes, lo cual no implicaba bajar despacio, el terreno y la pendiente favorecían alcanzar velocidades bastante altas con alguna sorpresa en forma de ramas o espinosos rosales atravesando el camino, en algunos casos en zonas bastante peligrosas, lo cual derivó en algún que otro susto y profundos arañazos y marcas de guerra.
Durante 2 kilómetros y medio continuamos descendiendo por la pista dirección a Loma Somera tomando un desvío de 180 grados antes de llegar al pueblo para continuar bajando por las faldas del Bigüenzo. No tardamos en salirnos de la pista para continuar bajando  campo a través entre los arboles intentado seguir el sendero marcado por el paso del ganado ligeramente predecible en algún punto por los escajos a ambos lados de este. Más o menos todos fuimos llegando abajo por el mismo camino, y de nuevo nos tenían preparada una sorpresa, la ruta se detuvo frente al vallado paralelo al camino a media ladera junto al rio Ebro unas decenas de metros por encima de este, tras sortear los alambres de espino, los guías nos llevaron hacia el GR-99 que discurre a la altura del rio atajando en línea recta entre los arboles y bajando por la fuerte pendiente en un tramo muy técnico y ratonero donde casi todos echamos pié a tierra en algún momento.
Ya en el sendero continuamos hasta el Molino de la Renegada donde nos detuvimos para reagruparnos y reparar algún pinchazo.

Continuamos  por el Gr-99 que serpentea a la orilla del caudaloso rio, esquivando los árboles y en continuos sube bajas con algún escalón de piedra y otros pasos complicados, aternandose con zonas más rápidas y ciclables y pequeños bancos de arena que rompían la marcha durante unos metros, un tramo muy divertido donde el grupo se fué estirando y rompiendo durante varios kilometros.
Al salir del sendero cruzamos el puente a la derecha dirección al pueblo de Aroco donde tomamos dirección a Bárcena de Ebro continuando el Gr-99, el terreno llano en su mayor parte exceptuando un repecho final de menos de 1km pero suficiente para hacerse notar en las piernas tras las horas de ruta que llevábamos. Un último reagrupamiento en el alto y afrontabamos ya el descenso final, un estrecho sendero cubierto de hierba seca en su primera parte pasando a ser una calzada de roca descubierta y cantos rodados en su último tramo.
Rio Ebro
Tras unas 4h y 40´ de ruta, llegábamos a Bárcena de Ebro con poco menos de 32km y con la satisfacción de haber disfrutado de una gran ruta bien planificada por unos guías de lujo.

Siempre es un placer acudir a este tipo de rutas, donde los organizadores se encargan de escoger los mejores sitios de paso para que otros simplemente disfrutemos de ello, por eso, desde aquí agradecer a Miguel y a Santiago el trabajo y las molestias tomadas para que otros pasemos una buena mañana dando pedales y sobre todo, por mostrarnos parajes que quitan importancia a la palabra bicicleta dando todo el protagonismo a la palabra montaña… Nos vemos en la próxima.




Perfil y Mapa del recorrido